Los únicos tres argentinos que viven en el desierto de Mauritania: “Se disfruta la tranquilidad”

Los únicos tres argentinos que viven en el desierto de Mauritania: “Se disfruta la tranquilidad”


“Nos llaman a mi esposa y a mí porque somos los únicos argentinos que vivimos en Mauritania. No hay más, había un puñadito pero se terminó yendo hace años. Ahora quedamos Gabriela, mi mujer rosarina, mi hijo Abdías y yo, que soy mendocino”, cuenta, con una sonrisa gigante, Daniel Cabrillana (40).

Nacido en Mar del Plata y criado en Las Heras, Mendoza, comenta cómo es la vida una nación que tiene el 90 por ciento de su territorio en el desierto del Sahara: “Para nosotros hoy es un día de fiesta, digo para el país y también para mí, porque esto a Mauritania lo posiciona, aparece en los diarios al menos y representa un salto de calidad en todo concepto. Y yo me siento parte de este país amigable, anfitrión y bondadoso”.

Daniel dice que a veces los nativos lo confunden con una persona libanesa o marroquí por su barba y corte de cara. “¿Podés creer que mi abuelo era alemán…? Sé que no lo vas a creer”, señala Daniel, quien trabaja en una prisión para menores donde entrena un equipo de fútbol.

“Me gusta mucho esa labor social, me siento útil, veo que los muchachos lo disfrutan y aprenden, los veo que han mejorado mucho, es increíble como el deporte los vuelve mansos, solidarios y compañeros. El fútbol es mágico en ese aspecto, curador, democrático e iguala todo, no hay clases sociales”, analiza.

Desde hace una semana Mauritania se convirtió en trending topic a partir del partido amistoso que disputará este jueves por la noche en la Bombonera. “Mucha gente no sabe qué es Mauritania, dónde queda, cuál es su capital y es lógico, es uno de los países de África que fueron muy pobres y ahora su economía está emergiendo”, hace saber el mendocino, que también trabaja en una clínica que pertenece a una ONG y se encarga de tareas administrativas. “Allí trabaja Gabriela, que es asistencia social y realiza masajes para pacientes con problemas motrices”, añade.

Quiso la casualidad que Daniel y Gabriela se conocieran y la primera gran coincidencia fue que ambos, por distintos motivos, habían estado en Mauritania. “Fue el primer flechazo”, dice Daniel, que se casó en 2014. “Prácticamente vivimos en el desierto de Sahara, esta ciudad, Nuakchot, está construida sobre la arena y yo vivo a tres kilómetros de las dunas. Hace mucho calor, son los primeros días de la primavera y se hace difícil estar en la calle. Cuando se puede, tratamos de estar bajo techo”, describe.

Daniel junto a su hijo Abdías, en pleno desierto. "Vivo a tres kilómetros de las dunas", dice el hombre.

Hincha de Independiente Rivadavia de Mendoza, Daniel cuenta que sigue mucho el fútbol argentino: “Me encantan cómo juega la Lepra y me viene el recuerdo cuando lo iba a ver en el ascenso, cuando atajaba (Jorge) Vivaldo y la manija la tenía (Ariel) ´el Burrito´ Ortega. Increíble cómo creció el equipo y ahora va primero en la tabla anual, con un técnico como Alfredo Berti que me encanta”.

El mendocino recuerda que él curso de técnico en 2018. “Yo aquí dirigí un equipo de la segunda división, tal vez algún día me dedique de lleno a la dirección técnica. La experiencia que tuve en el Widad Arafat fue fascinante”, dice.

País musulmán, Daniel remarca que vive tranquilo, que puede vestirse como quiera: “Pero yo trato de ser uno más y respetar las costumbres locales. Uso pantalón largo cuando es necesario y mi mujer lo mismo, túnicas, velo y pelo tapado cuando lo cree puntual… Y lo hacemos por un tema de respeto a la tradición mauritana”.

Asoma Gabriela, que se encuentra en la casa y se suma a la conversación. “Aquí nadie nos dice nada, la gente es muy bondadosa, pacífica y generosa. A pesar de que es un país con pobreza, nadie muere de hambre, porque donde hay comida se convida, es algo natural de aquí, una costumbre compartir la comida. Lo mismo que en materia de seguridad, no tiene nada que ver con Las Heras o el conurbano bonaerense”, sonríe.

“Hay robos, arrebatos de bolsos o celulares, pero estamos contentos por vivir en una ciudad segura, más allá de que una toma sus recaudos, pero no tiene nada que ver con la violencia que a veces vemos en la Argentina. Antes vivíamos en un barrio popular y era un poco más inseguro y yo no salía de noche con mi hijo, pero nunca nos pasó nada en estos cuatro años que llevamos gracias a Dios”, explica Gabriela.

La mujer remarca una costumbre particular que tiene que ver con la sociedad y su trabajo: “Acá la vida transcurre en el piso. Para casi todo los ciudadanos están en el piso, ya sea para comer, para charlar, para dormir. Hay mesas, sillas, pero no abundan… Es una cuestión muy local, con lo cual muchos padecen dolores posturales, musculares y contracturas, con lo cual tengo mucho trabajo como masajista”.

La charla vuelve al partido de este viernes y describen la algarabía que se está viviendo en las calles desde hace una semana, cuando fue confirmada la visitada de Mauritania a Buenos Aires. “Al principio acá pensaban que se trataba de una broma, creían que eran unos memes de las redes sociales, pero cuando con el correr de las horas se confirmó, la gente empezó a salir a las calles a festejar como si se hubieran clasificado al Mundial”, describe Daniel.

“Será el partido más importante de la selección de Mauritania en la historia. Y el equipo viene en alza en los últimos años, llegando a clasificar a octavos de final en la Copa de Africa. Y te digo que si bien la Argentina va a ganar tranquila, no será un paseo ni una goleada memorable… El equipo que conduce el español Aritz López Garai tiene algunos jugadores que juegan en la segunda división de Europa, pero tienen buen pie y un juego vistoso”, señala el mendocino.

Una imagen de la canchita del correccional de menores, donde Daniel dirige a un equipo de fútbol.

Gabriela, que es fanática de Newell’s, opina que “lo de esta noche será una prueba inmejorable para Mauritania” y destaca: “No creo que desaproveche la oportunidad para ser vista por millones de espectadores en todo el mundo. La gente en acá en la capital y en todo el país está muy manija con el partido y hoy se para todo para verlo y el equipo sabe que tiene un país detrás. Acá ya avisaron que pondrán varias pantallas gigantes para que nadie se lo pierda”.

El matrimonio cuenta que “se disfruta la tranquilidad, el no estar corriendo para ir de aquí para allá” y que si bien no les “sobra la plata”, pueden “vivir tranquilos, trabajando muchas horas” y que les alcanza,

“Pagamos un alquiler del equivalente a 300 dólares y no necesitamos mucho más. A nuestro hijo lo vemos bien, instalado, aprendiendo el idioma local, él nos enseña -sonríen- y lo mandamos a una escuelita de fútbol. ¿Volver a la Argentina? Estamos bien acá, instalados, tranquilos, por ahora no lo pensamos”.