El Partido Socialdemócrata de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha ganado holgadamente las elecciones parlamentarias de este martes. Con el 99% del voto escrutado, suma el 21,9% de los sufragios. A mucha distancia se sitúan la Izquierda Verde (11,6%) y el Partido Liberal (10,1%). Aun así, la mandataria, en el cargo desde 2019, obtiene un mal resultado y encara arduas negociaciones para poder seguir al frente del Gobierno.
Frederiksen, de 48 años, decidió en febrero adelantar las elecciones, previstas inicialmente para el próximo otoño, en un claro intento de capitalizar el repunte de su popularidad tras su firme respuesta ante las amenazas de Donald Trump de hacerse con el control de Groenlandia, la mayor isla del planeta, perteneciente al Reino de Dinamarca.
A pesar de la clara victoria, el Partido Socialdemócrata —que en los comicios de 2022 obtuvo el 27,5% de los apoyos— pierde 12 de sus 50 escaños, en el que es su peor resultado desde 1903. Frederiksen, una de las figuras más influyentes de la socialdemocracia europea, gobernó en minoría durante su primer mandato con el respaldo de los partidos del llamado bloque rojo. Tras las elecciones de hace cuatro años, la primera ministra optó por romper con el sistema tradicional que durante décadas dividió a los partidos entre izquierda y derecha y apostó por una fórmula inédita en la política danesa al sellar una coalición de gobierno con el Partido Liberal y Los Moderados, una formación de centro que concurría por primera vez a unos comicios.
Los partidos del bloque rojo suman 84 escaños, frente a los 77 del azul. Los 14 diputados que obtienen Los Moderados, que no se encuadran ni en la izquierda ni en la derecha, resultarán decisivos para la futura formación de Gobierno. Su líder, Lars Lokke Rasmussen, ex primer ministro y actual titular de Exteriores, ha insistido durante las últimas semanas en su intención de conversar con todos los partidos con representación parlamentaria para analizar qué combinaciones podrían alcanzar una mayoría. “No soy candidato a primer ministro, pero ya he dicho que con mucho gusto me pondré al frente para negociar cómo puede constituirse un futuro Gobierno”, ha declarado Rasmussen tras votar este martes.
Durante la campaña electoral, Frederiksen ha evitado pronunciarse con claridad sobre qué partidos podrían convertirse en sus socios minoritarios en una futura coalición de gobierno. Aun así, la líder socialdemócrata ha reiterado que sería un error regresar al sistema tradicional de bloques. “La política danesa no puede simplificarse entre rojos y azules”, subrayó en un mitin el pasado domingo.
A finales del año pasado, las opciones de Frederiksen de lograr un tercer mandato parecían muy escasas. Las encuestas apenas le concedían un 17% de los apoyos y, en las elecciones municipales de noviembre, su partido había sufrido un revés histórico al perder la alcaldía de Copenhague por primera vez en más de un siglo. La crisis provocada por Trump el pasado enero, con sus amenazas de anexionar Groenlandia a Estados Unidos —sin descartar incluso el uso de la fuerza militar— permitió a Frederiksen recuperar parte de la popularidad perdida en los últimos años. Si la líder socialdemócrata logra finalmente los apoyos necesarios para un tercer mandato consecutivo, se convertirá en la dirigente que ha gobernado más años en el país escandinavo desde la II Guerra Mundial.
La líder socialdemócrata, profundamente europeísta y firme defensora de la causa ucrania, ha mantenido durante sus siete años al frente del Ejecutivo una línea muy dura en materia de inmigración, muy criticada por algunos de los partidos de izquierda.
División en la derecha
La división en los partidos del bloque de la derecha limita las posibilidades de que puedan desbancar a Frederiksen del Gobierno. El Partido Liberal, encabezado por el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, que a finales del año pasado se perfilaba como uno de los principales rivales de la primera ministra —a pesar de formar parte de la actual coalición de gobierno— ha obtenido solo el 10,1% de los apoyos (un 3,2% menos que en 2022), el peor resultado en sus más de 150 años de historia.
Aun así, el partido liderado por el ministro de Defensa se sitúa como primera fuerza de la derecha. A muy poca distancia ha quedado Alianza Liberal, que ha centrado su mensaje en una drástica reducción de los impuestos y en la apuesta por la energía nuclear, y ha cosechado el 9,4% de los votos, con los que sumará dos escaños a los 14 con los que ya contaba. Su líder, Alex Vanopslagh, de 34 años, muy popular entre los jóvenes, sacudió la recta final de la contienda al reconocer la semana pasada que había consumido cocaína —“una o dos veces, como mucho”— desde que está al frente del partido. Sin embargo, su confesión no parece haberle pasado factura, ya que la formación obtendrá un resultado muy similar al que anticipaban las encuestas.
El Partido Popular Danés, uno de los primeros partidos de ultraderecha que superó la barrera del 10% de los votos en unas elecciones parlamentarias en Europa —lo logró en 2001—, recupera peso en la política del país nórdico con el 9,1% de los apoyos, más del triple que hace cuatro años, cuando cosechó un resultado pésimo que parecía abocarlo a la irrelevancia. Con 16 escaños, 11 más de los que tiene actualmente, se convertirá —junto a Alianza Liberal— en la cuarta fuerza parlamentaria en el Folketing (el Parlamento danés).
Hasta 12 fuerzas políticas superarán la barrera mínima del 2% y tendrán representación parlamentaria, el mismo número que en la legislatura actual.
Los cuatro diputados —de un total de 179— que se reparten a partes iguales Groenlandia e Islas Feroe, los dos territorios autónomos del Reino de Dinamarca, también pueden resultar determinantes para decidir quién gobernará los próximos cuatro años en el país escandinavo, de seis millones de habitantes.
A pesar de que en enero la crisis de Groenlandia dominaba la agenda política danesa, la campaña electoral ha girado en torno a un impuesto sobre el patrimonio —que afectaría a las 20.000 personas más ricas del país y que Frederiksen se ha comprometido a introducir para aumentar la financiación de la educación, la sanidad y los servicios sociales—, la reforma de las pensiones, la inmigración y las ayudas estatales destinadas a amortiguar el impacto de la guerra en Irán.








