Un centenar de personas son suficientes para bloquear pacíficamente “la Bioceánica”, la flamante carretera que, a falta de un puente entre Brasil y Paraguay, pronto unirá el océano Atlántico y el Pacífico. Así lo ha hecho durante dos días un grupo del pueblo indígena ayoreo en Paraguay, cuya capital recibe al mismo tiempo a delegaciones de todo el continente para la Asamblea del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Mientras el Gobierno de Santiago Peña corteja a inversores extranjeros y pide que el sector privado lidere el desarrollo del país, los líderes del pueblo ayoreo denuncian que están ante una “situación de abandono desesperante” por parte del Estado paraguayo.
La nueva carretera que atraviesa el corazón del Gran Chaco, el segundo bosque más extenso de América después de la Amazonía, ya es un ir y venir de camiones de ganado, y vendrán muchos más. Pero antes, este gigantesco ecosistema repartido entre Argentina, Brasil, Paraguay y Bolivia, era tan difícil de atravesar para los colonizadores europeos, por sus humedales llenos de yacarés o por sus árboles espinosos con pumas y yaguaretés, que la mayoría de los nativos pudieron esquivar el contacto con ellos hasta bien entrado el siglo XX.
Tan grande es el Gran Chaco que algunos aún logran esquivar a todos y permanecer en aislamiento voluntario dentro del bosque, viviendo de forma autosuficiente, casi igual que vivían sus antepasados antes de 1492.
Los líderes ayoreo que bloqueaban la carretera este miércoles y jueves son sus familiares, y ellos mismos fueron contactados a la fuerza entre 1979 y 2004 por misiones evangélicas. Estas comunidades de cientos de personas forzadas a salir de sus bosques son los que hoy cuidan del bosque más virgen que queda en el Chaco. Y así protegen a sus familiares que aún siguen en aislamiento dentro del bosque, el único caso documentado en toda América, fuera de la Cuenca Amazónica.
“El bloqueo viene porque el Estado paraguayo ha abandonado las negociaciones con los ayoreo. Incumple una medida cautelar de la Comisión Interamericana, lo que se traduce en que no garantiza la titulación de tierras, ni el suministro de agua potable ni construye el camino público que necesitamos. Ni hablar de las promesas de viviendas y otras inversiones básicas que debe hacer hace años”, explica a EL PAÍS Tagüide Picanerai, abogado ayoreo dedicado a defender y representar a su pueblo en las oficinas de las autoridades paraguayas de la capital.
Los ayoreo son como los galos de Asterix y Obelix, habitan su bosque, pero rodeados del avance aparentemente imparable de la deforestación que provocan los terratenientes ganaderos de la región.
“Tras el contacto forzado, nuestro Gobierno nos ha abandonado: ignora nuestros derechos mientras permite que grandes empresas destruyan nuestro bosque. Nuestros familiares dependen del bosque. Nosotros también dependemos del bosque. Pero lo están destruyendo con maquinaria e incendios. Otros se enriquecen con nuestro bosque mientras nosotros nos quedamos sin nada, y nuestras necesidades y derechos son ignorados”, dijo durante la protesta Porai Picanerai, padre de Tagüide, y líder de los ayoreo totobieogosode, el subgrupo que más recientemente fue sacado del bosque a punta de pistola hace no tanto.
Expulsados del bosque en las últimas décadas, los ayoreo totobiegosode contactados viven hoy en dos comunidades en el límite exterior de su territorio.
“Su bosque está siendo robado, talado y ocupado por empresas agroganaderas, que lo destruyen a uno de los ritmos más rápidos del mundo, mientras sus legítimos propietarios indígenas tienen que hacer frente a sequías y hambruna”, denuncia en un comunicado la ONG inglesa Survival, dedicada a la defensa global de los pueblos indígenas en aislamiento.
Las imágenes satelitales del noroeste de Paraguay muestran un escenario desolador: lo que hace solo unas décadas era una vasta zona de bosque virgen, es ahora una región devastada. Como una alfombra llena de parches. Donde antes había bosque, hoy hay pasto para las vacas. Los ayoreo en aislamiento están atrapados en una isla que se reduce día a día por la tala ilegal.
“Ayer mismo estábamos documentando una nueva entrada a nuestro territorio. Entran con bulldozers, tractores, cadenas y sierras eléctricas. Esta vez destruyeron 600 hectáreas de territorio ancestral”, detalla Tagüide Picanerai.
La invasión de sus tierras es tan común que Pasubio, uno de los principales fabricantes de cuero de Europa, anunció en 2023 que se dejaba de comprar cuero de proveedores cuyas actividades amenacen directa o indirectamente los bosques habitados por los ayoreo. La decisión de Pasubio llegó tras una denuncia formal de Survival por vulnerar las directrices de la OCDE para empresas multinacionales.
Para Caroline Pearce, directora de Survival International “toda esta destrucción es ilegal: este es el hogar de los ayoreo, un territorio que debería haber sido reconocido y titulado a su nombre hace décadas. Los ayoreo expulsados del bosque están profundamente preocupados por sus familiares en aislamiento, que de algún modo logran sobrevivir, pero probablemente huyen de un rincón a otro. ¿Darán finalmente un paso al frente las autoridades de Paraguay, expulsando a los ganaderos y defendiendo los derechos territoriales del Pueblo Ayoreo?”.







