Desde primera hora de este domingo la participación en las elecciones legislativas de Hungría marcó récords comparada con la de comicios recientes. El primer dato difundido por las autoridades electorales, a las 7.00, casi duplicaba la participación de las elecciones de 2022, con un 3,4% esta mañana frente al 1,8% de hace cuatro años. A las 17.00 se batió el máximo histórico y a las 18.30, media hora antes del cierre de las urnas había votado ya el 77,8% de los 7,5 millones de electores registrados. La máxima movilización tras la caída del comunismo se registró en 2002, con un 70,53%. Fuentes de Tisza, el partido del opositor Péter Magyar, sostienen que sus modelos apuntan a una victoria de dos tercios. Si se confirma sería una derrota histórica para el actual primer ministro, el ultranacionalista y prorruso Viktor Orbán.
Con el escrutinio al 29,2%, Orbán obtiene 59 escaños de frente a 132 que lograría Magyar. La Cámara tiene 199 y se completaría con diputados del partido de extrema derecha Mi Hazánk (nuestra patria). Todavía falta mucho por contar y los primeros resultados que llegarán serán de las zonas rurales, habitualmente favorables a Orbán.
El candidato de Tisza se ha mostrado “cautelosamente optimista” ante los datos que han arrojado las últimas encuestas hechas antes de la jornada electoral, que le dan la victoria. Pasadas las 19.00, Gergely Gulyás, jefe de gabinete de Orbán, ha confiado en su victoria y ha asegurado que la alta participación es por la movilización de Fidesz.
Los candidatos votaron a primera hora de la mañana en Budapest. Orbán se enfrentó ayer a sus elecciones más difíciles tras cuatro mandatos consecutivos y con las encuestas en contra. Su mitin de cierre de campaña, el sábado, tenía un aire modesto en tamaño, participantes y euforia. Magyar, en cambio, cerró a lo grande, con un acto multitudinario y un público rebosante de esperanza.
En un mensaje en redes sociales por la mañana, el primer ministro ultraconservador siguió haciendo campaña para asegurarse los tres millones de apoyos que necesita. “Hungría ha demostrado que hay otro camino: podemos detener la inmigración ilegal. Podemos defender a las familias y nuestra forma de vida. “Podemos elegir la paz en lugar de la guerra”, escribió en redes sociales. “No pueden arrebatarnos nuestra soberanía. Moldearemos nuestro propio futuro”, añadió.
Magyar hizo lo mismo y animó a la participación. “¿Este u oeste? ¿Más atraso y un Estado desintegrándose o un país que funcione y sea humano? ¿Corrupción o vida pública limpia?”, preguntó a los húngaros, entre otras cuestiones.
Los nervios estaban a flor de piel. En Tisza había miedo a algún movimiento de última hora del entorno de Fidesz, el partido de Orbán. Magyar —que formó parte de esa formación hasta que rompió con el primer ministro en 2024— lo advirtió en su último discurso: dijo que tenía acceso a información de que los fieles al Gobierno podrían estar planeando una serie de operaciones conocidas como de falsa bandera, es decir, algún tipo de ataque u acción disruptiva que se intente atribuir al rival. Este domingo fuentes cercanas a la formación lo volvieron a advertir: “Fidesz eleva el tono del caos y del relato de las ‘elecciones robadas”.
El entorno del primer ministro, por su parte, azuzó el miedo a que los votantes de Tisza no aceptasen el resultado y marchasen desde su sede electoral hasta la oficina del primer ministro, si el escrutinio no les era favorable.
Las especulaciones añadieron tensión a una jornada cargada de expectativas. Szilvia Tivadari, directora de proyectos, de 33 años, expresaba esa “ansiedad y tensión” que recorría a muchos tras depositar su voto para Tisza en el colegio electoral de la calle Dob de Budapest, en el antiguo barrio judío. “De verdad, necesitamos ya un cambio, y esto es lo más cerca que hemos conseguido estar en los últimos años”, decía, esperanzada.
En Polymarket, el mercado de predicción basado en blockchain, sobre las 14.00 el 87% de los usuarios apostaba por Magyar como próximo primer ministro húngaro, frente al 14% que elegía a Orbán.
En nivel de movilización está siendo “inusualmente alto” y el escenario electoral es “de gran tensión”, afirmaba un resumen de la situación enviado por Tisza a las 13.00. Las encuestas previas a la votación auguraron sistemáticamente una victoria del partido de Magyar, que se fue ensanchando a medida que se acercaba este domingo.
Hungría elegía ayer 199 diputados. De ellos, 106 se deciden en circunscripciones unipersonales por mayoría simple, y 93, a través de listas nacionales de partido. Unos 35 distritos en las zonas rurales podía decidir el resultado de las elecciones. En el campo, el clientelismo y las presiones de Fidesz alcanzan una naturaleza casi feudal, según describen los analistas.
Las presiones para votar al partido de Orbán, e incluso la compra de votos son prácticas documentadas desde hace tiempo y que también emplearon en el pasado otras formaciones. Ayer, los interventores de Tisza y organizaciones de la sociedad civil identificaron algunas de las prácticas ilegales habituales, como organizar la llegada de autobuses hasta los centros de votación.
Impacto internacional
El resultado de las urnas será crucial también para la UE y otros actores internacionales. Rusia y China se jugaban tener un emisario capaz de utilizar el derecho de veto en la mesa del Consejo Europeo, sacrificando los intereses de sus socios por los de sus aliados del Este. Estados Unidos ha apostado por Orbán como su mejor recluta para avanzar en el objetivo declarado en la Estrategia de Seguridad Nacional de diciembre pasado de reforzar los movimientos ultraconservadores y nacionalpopulistas frente a lo que considera el declive civilizacional de la UE.
A su vez, el sistema iliberal construido por Orbán, ejemplo para estos movimientos de extrema derecha, se sometía a un test de estrés definitivo. La internacional liberal tiene en Hungría no solo un líder simbólico, también una fuente de sustento económico e intelectual.
Para la Unión Europea la victoria o derrota de Orbán pone a prueba la arquitectura institucional y grandes valores democráticos liberales sobre los que se sustenta. Pero además, es un examen a su resistencia frente a actores externos revisionistas. La unidad que Europa necesita más que nunca para construir una voz sólida y relevante en un panorama geopolítico inestable de poderes duros depende de lo que decida Hungría.
Ucrania se juega también el apoyo que necesita para seguir defendiéndose de la invasión rusa a gran escala. Orbán volvió a emplear en esta campaña la estrategia de infundir miedo en la población y en esta ocasión elegió como principal amenaza y enemigo a Ucrania. Gran saboteador de la ayuda a Kiev, el primer ministro prorruso ha empleado con frecuencia su derecho a veto. El caso más reciente y crítico fue el bloqueo del crédito de 90.000 euros para salvar a Ucrania de la bancarrota.
Las denuncias de injerencia de Moscú en los comicios han sido permanentes. Los medios controlados por Orbán y los ejércitos de bots en las redes sociales han difundido la habitual propaganda rusa para generar desinformación, miedo y división entre los votantes. Informaciones procedentes de servicios de inteligencia extranjeros advertían además de la presencia de operativos rusos en Budapest dispuestos a ir más allá del espectro cognitivo, con operaciones de falsa bandera.
La Administración estadounidense de Donald Trump ha hecho todo lo posible también para mantener en el poder a su mayor aliado en la UE. El presidente publicó varios mensajes de apoyo, vinculó su respaldo económico a Hungría con la victoria de Orbán, y envió a su número dos a Budapest, el vicepresidente J. D. Vance.
Magyar, que no concita simpatías personales entre muchos de sus seguidores, en su gran mayoría opuestos a él ideológicamente, insufló la esperanza de un cambio. El sistema electoral favorece a Fidesz, especialmente en las zonas rurales, pero por unos días, en el último tramo de la campaña, parecía que podría sortearlo.








