Los peligros de Artemis II: todo lo que podría salir mal en la misión lunar de la NASA

Los peligros de Artemis II: todo lo que podría salir mal en la misión lunar de la NASA


La misión Artemis II marca el primer viaje tripulado hacia la Luna en más de 50 años y representa un punto de inflexión para el programa espacial de la NASA. El lanzamiento se realizó según lo previsto, con Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen despegando alrededor de las 19.00 a bordo de la cápsula Orion.

Desde el punto de vista operativo, Artemis II no es una misión rutinaria. Se trata de un vuelo de prueba con humanos en una nave que solo fue utilizada una vez, sin tripulación, durante Artemis I. Esa condición convierte cada fase del viaje en un examen real de sistemas que nunca antes funcionaron en conjunto con personas a bordo en espacio profundo.

Las primeras horas ya dejaron una señal de alerta cuando el único inodoro de la cápsula sufrió una avería y quedó fuera de servicio durante seis horas. El episodio no comprometió la misión, pero expuso el hecho de que en el espacio incluso los problemas más básicos pueden transformarse en un factor de estrés operativo.

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A medida que la nave se aleja de la órbita terrestre baja, las posibilidades de respuesta se reducen de manera drástica. No hay estaciones cercanas, no existen misiones de rescate rápidas y cada decisión depende de sistemas automáticos y de la capacidad de la tripulación para resolver emergencias en aislamiento total.

Fallo de sistemas críticos: el mayor riesgo lejos de la Tierra

Parte de lo que hace que Artemis II sea más riesgosa que otras misiones es que pone a prueba tecnología relativamente nueva con astronautas a bordo. A diferencia de naves como Crew Dragon, utilizadas decenas de veces, Orion solo voló una vez, sin tripulación, durante Artemis I.

Chris Bosquillon, copresidente del grupo de trabajo de la Asociación de la Aldea Lunar sobre Tecnología Disruptiva y Gobernanza Lunar, fue contundente al evaluar ese punto. “Los sistemas de soporte vital y de exploración del espacio profundo de Orion nunca antes habían volado con una tripulación”, explicó.

Esto implica el riesgo de que uno de los sistemas críticos falle una vez que la nave haya abandonado la atmósfera terrestre. Durante el primer día, mientras Orion aún se encuentra en órbita baja, existe la posibilidad de encender los motores y regresar antes de lo previsto.

El recorrido de la misión Artemis II durante los diez días.

La situación cambia de forma radical cuando comienza el viaje a la Luna. Si una parte de los motores o del sistema de soporte vital fallara en ese tramo, las opciones se reducen de manera drástica y la tripulación quedaría limitada a los recursos disponibles a bordo.

El peor escenario contempla el fallo de múltiples sistemas, incluido el de propulsión, lo que dejaría a Orion incapaz de modificar su rumbo. Bosquillon lo resumió con claridad al afirmar que “durante el sobrevuelo lunar, Artemis II depende de los sistemas a bordo; a diferencia de las estaciones espaciales orbitales, no existe la opción de un rescate rápido de la tripulación”.

Para reducir ese riesgo, la NASA diseñó una trayectoria de retorno libre. En la práctica, la nave orbitará la Luna y regresará a la Tierra impulsada por la gravedad lunar, incluso sin encender los motores. “Esta es la solución que proporciona una línea de base de retorno segura integrada en caso de que falle el sistema de propulsión principal”, señaló Bosquillon.

Además, Orion transporta más alimentos, agua y aire de los necesarios para los diez días previstos, junto con sistemas redundantes que permitirían mantener con vida a la tripulación hasta el regreso, siempre que no se produzca una cadena de fallas simultáneas.

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Emergencias médicas: cuando la distancia vuelve crítico cualquier síntoma

El antecedente más cercano encendió las alarmas dentro de la comunidad científica. A principios de este año, la NASA se vio obligada a realizar la primera evacuación de la Estación Espacial Internacional tras una emergencia médica sufrida por un miembro de la tripulación.

Ese episodio demostró la rapidez con la que un problema de salud puede convertirse en una crisis en el espacio. En Artemis II, el desafío es mayor porque la tripulación estará mucho más lejos de la Tierra y sin posibilidad de evacuación.

Vivir fuera de la gravedad terrestre puede provocar náuseas prolongadas, atrofia muscular y ósea, además de problemas cardiovasculares. Sin embargo, el factor decisivo es la distancia. Si algo sale mal, los astronautas estarán a días del hospital más cercano.

El doctor Myles Harris, experto en riesgos para la salud en entornos remotos de la Universidad de Londres y fundador de Space Health Research, lo explicó así que “el espacio es un entorno remoto extremo” y los astronautas reaccionan de manera diferente a los factores estresantes de los vuelos espaciales.

ARTEMIS II
Los astronautas de Artemis II: Jeremy Hansen, Victor Glover, Reid Wiseman y Christina Koch.

“Por consiguiente, muchos de los retos de la atención sanitaria en el espacio son similares a los retos de proporcionar atención sanitaria en entornos remotos y rurales de la Tierra”, agregó. Con equipamiento limitado y acceso poco fiable a la opinión de expertos, pequeños problemas pueden volverse críticos en cuestión de horas.

Fallo del escudo térmico: el peligro concentrado en la reentrada

Uno de los mayores temores de los especialistas está puesto en el escudo térmico de Orion, que deberá soportar el calor extremo durante la reentrada en la atmósfera terrestre. El momento más peligroso de la misión llegará cuando la cápsula regrese a la Tierra.

Durante Artemis I, el revestimiento del escudo térmico, diseñado para quemarse de forma controlada, se desconchó y deterioró mucho más de lo esperado. El profesor Ed Macaulay, de la Universidad Queen Mary de Londres, advirtió que se perdieron grandes trozos de material.

Si algo similar ocurriera en Artemis II, la tripulación podría quedar expuesta a temperaturas peligrosamente altas. “Durante la fase final de la misión Artemis II, no hay refuerzos, ni planes de contingencia, ni posibilidad de escape”, explicó Macaulay en un artículo para The Conversation.

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“Los cuatro astronautas a bordo dependerán de unos pocos centímetros de sílice recubierta de resina para protegerse de temperaturas que se aproximan a la mitad de la temperatura de la superficie del Sol”, añadió.

El material Avcoat mostró un comportamiento inesperado durante la prueba no tripulada de 2022. “En lugar de quemarse de manera uniforme en toda la superficie, partes del escudo térmico de Artemis I se perdieron inesperadamente en trozos desiguales”, detalló Macaulay. Según las investigaciones, la capa no era lo suficientemente permeable, lo que permitió que los gases se acumularan y desprendieran fragmentos enteros.

Tras la misión, el ex astronauta Danny Olivas fue categórico al evaluar el resultado: “No cabe duda: este no es el escudo térmico que la NASA querría proporcionar a sus astronautas”.

Pese a ello, la agencia decidió no modificar el escudo para Artemis II. En su lugar, cambió el perfil de reentrada y optó por un modelo más directo, con mayor desaceleración. “Esto también significa que la tripulación estará sometida a una mayor desaceleración durante la reentrada”, advirtió Macaulay.

Misión Artemis II
La misión Artemis II tendrá una trayectoria de retorno libre que les permitirá impulsarse con la gravedad lunar.

Problemas de salud tras el regreso: secuelas incluso en misiones cortas

Aunque Artemis II es una misión de corta duración, los astronautas no están exentos de enfrentar consecuencias físicas al volver a la Tierra. La exposición a la radiación puede provocar náuseas y malestar general, incluso en vuelos de apenas diez días.

La doctora Irene DiGiulio, de la Universidad pública de Londres, señaló que los riesgos a largo plazo se reducen en comparación con quienes pasan meses en la EEI, pero no desaparecen. “También se puede experimentar mareo espacial, ya que el cuerpo necesita unos días para adaptarse”, explicó.

El desplazamiento brusco de fluidos hacia la cabeza puede causar hinchazón, dolores de cabeza y molestias persistentes. A eso se suman los trastornos del sueño derivados de los cambios en el ciclo de luz y oscuridad y el uso constante de iluminación artificial.

“Además, el estrés mental y el aislamiento, especialmente dadas las exigencias de la misión y el hecho de vivir en un entorno cerrado, pueden afectar al rendimiento”, advirtió DiGiulio. Imágenes recientes del antes y el después de astronautas que pasaron meses en el espacio muestran pérdida de peso, atrofia muscular y un envejecimiento acelerado.