En medio de un escenario complejo para los jóvenes que se quieren insertar en el mundo laboral, con empleos más precarios y peor pagos que hace diez años, en los últimos meses comenzó a repetirse una excusa tan atractiva como tranquilizadora: ¡la Inteligencia Artificial les está sacando oportunidades!
Pero un análisis más atento revela lo que hay detrás del chivo expiatorio perfecto.
Se supone que la Generación Z, integrada por aquellos que nacieron en este siglo, es la mejor preparada para convivir con la digitalidad, ya que creció en un mundo que ya estaba repleto de pantallas, algoritmos e interfaces táctiles.
Este presente a los que otros deben adaptarse siempre fue su realidad.
Sin embargo, lo cierto es que hoy a cambio de sus habilidades para manejarse en entornos virtuales, dominar herramientas futuristas y adaptarse a plataformas que están en constante evolución les ofrecemos trayectorias educativas desalineadas con las demandas reales, trabajos mal pagos y una transición a la adultez cada vez más incierta.
La Inteligencia Artificial funciona como un chivo expiatorio ideal, que permite dar cuenta de recortes y despidos.
En ese marco, la Inteligencia Artificial funciona como un chivo expiatorio ideal que permite dar cuenta de falta de oportunidades, recortes y despidos en las compañías con un argumento supuestamente sofisticado que evita preguntas incómodas.
Después de todo, ¿no suena lógico que un poderoso algoritmo haga las tareas de una posición junior?
Sin embargo, es cuestionable que ya contemos con tecnología que por sí sola haga mejor el trabajo de cualquier humano sino que lo que emergen son sistemas en donde una misma persona toma distintos roles ayudada por plataformas.
Pero esa persona en algún momento fue novata y usó sus primeros trabajos para ganar experiencia y confianza.
¿Qué sucederá cuando se reduzcan tanto las oportunidades de esos primeros trabajos que se dificultará su reemplazo? ¿Y cuando haya menos espacios de aprendizaje real dentro de las organizaciones? ¿O cuando los que ya son expertos deban reconvertirse? De forma paulatina queda clara la contradicción de quienes exigen experiencia sin ofrecer formación
Al trasladar la responsabilidad desde decisiones humanas hacia una entidad difusa como la IA, el impacto no es sólo técnico, sino psicológico.
Así, el problema laboral de los más jóvenes no se trata tanto de una generación desplazada por máquinas sino una generación que llega a un mundo y un sistema en crisis.
Pero es más fácil decir “es culpa de la Inteligencia Artificial” que reconocer un modelo laboral que dejó de invertir en sus propias futuras generaciones.
Al trasladar la responsabilidad desde decisiones humanas concretas hacia una entidad difusa y amenazante (que es presentada como un fenómeno inevitable porque ¿quién puede imaginar que la revolución tecnológica se pueda parar?), el impacto no es técnico, sino también psicológico y estratégico.
Si damos por válido que el problema laboral de los más jóvenes es tecnológico, estamos aceptando que los humanos nos hemos vuelto obsoletos, y en vez de un sistema que no los integra, fuimos superados por una creación que nos excede.
Pero lo cierto es que lo que estamos haciendo es encontrar una gran excusa para no mirar de frente una crisis que nos interpela mucho más profundamente que cualquier algoritmo.








