Lucia Orlando Settembrini, sentada en un despacho del hospital en el que trabaja, es tajante: “Sin ellos no podríamos mantener abierto el servicio de Urgencias. No podría seguir existiendo”. “Ellos” son los 12 médicos cubanos que la doctora, jefa de unidad, tiene a su cargo y que, desde hace tres años, permiten que el servicio de Urgencias del hospital Juan Pablo II de Lamezia Terme, en Calabria, en el sur de Italia, pueda funcionar. Forman parte de un contingente que llegó en 2022 a esta región, una de las más pobres de Europa, que ha recurrido a la contratación excepcional de médicos desde Cuba para tapar una carencia crónica de médicos que abocaba al cierre de enteras unidades hospitalarias. “Yo pienso que sí hemos contribuido a aligerar el trabajo en Urgencias, ya que los ingresos son millares. Los calabreses se parecen mucho a los latinos. Con los colegas italianos nos hemos podido compenetrar en un trabajo que no es fácil”, comenta Miladis Hernández Velázquez, quien por unos minutos vuelve a su idioma natal y deja el italiano que ha aprendido a hablar con soltura.
Calabria no es su primer destino en el extranjero. Antes pasó dos años en Venezuela, en una de aquellas misiones internacionales que durante décadas han sido para Cuba una fuente de divisas y de soft power y que, con la escalada de presiones de Estados Unidos para aumentar la asfixia económica de la isla, han vuelto a entrar en el punto de mira de la Administración de Donald Trump. Hasta el punto de que el encargado de negocios estadounidense en Cuba, Mike Hammer, se desplazó el pasado lunes hasta Calabria para tratar la cuestión con el presidente de la región, Roberto Occhiuto, en una visita adelantada días antes por la agencia Bloomberg y que ha causado cierto revuelo.
Occhiuto, dirigente destacado de Forza Italia, el partido fundado por Silvio Berlusconi, tomó la decisión de contratar a los médicos cubanos, ante la escasa respuesta a las convocatorias para captar profesionales. La situación era ya límite: el sistema sanitario de la región lleva 15 años intervenido por el Gobierno central por su desastrosa situación contable. Para paliar la emergencia y recordando cómo, en la pandemia de covid, médicos cubanos habían sido empleados en el norte de Italia, el presidente tuvo una intuición o, como dice un portavoz de su administración, “optó por un movimiento a la desesperada”: introducir nuevas fuerzas vitales a través de un acuerdo con la Comercializadora de Servicios de Médicos Cubanos, sociedad controlada por el Gobierno de La Habana. El acuerdo se firmó en agosto de 2022 y los primeros 51 médicos llegaron el 28 de diciembre del mismo año. “Los calabreses serán felices de acogeros porque conocen vuestras calidades profesionales y la calidad del servicio médico cubano”, dijo aquel día Occhiuto recibiendo a los recién llegados entre aplausos.
Calabria tenía previsto llegar a mil médicos cubanos a lo largo de 2026. Sin embargo, el Ejecutivo regional lanzó en enero una nueva convocatoria para reclutar profesionales de países de la UE y terceros. Desde la Región niegan que la convocatoria se deba a presiones estadounidenses y la atribuyen al empeoramiento de la situación en Cuba, que puede comprometer nuevas llegadas. “Es inapropiado hablar de la presión de EE UU sobre Calabria para que ponga fin a su colaboración con los médicos cubanos. La administración estadounidense, incluso durante la presidencia de Joe Biden, nunca ha ocultado su falta de entusiasmo por esta iniciativa, pero no puede considerarse injerencia ni imposición”, declara Occhiuto en respuesta a este periódico.
Sobre su encuentro con Hammer, añade: “Le expliqué con franqueza que los médicos cubanos presentes hoy son indispensables para mantener operativos hospitales y urgencias. Aclaré que nuestro sistema de salud está abierto a profesionales de todas las nacionalidades”. Subraya que “el Departamento de Estado de EE UU ha expresado su disposición a brindar asistencia concreta en el proceso de contratación de médicos”. No se ha precisado en qué consistirá este apoyo. Pero los 400 médicos que ya han llegado se quedarán al menos hasta 2027. Sin ellos, dicen desde la Región, “tendrían que cerrar todos los hospitales”.
“En una región que aún no cuenta con la escuela de especialización en medicina de urgencias, poder disponer de médicos formados representa un recurso difícilmente sustituible”, comenta el general Antonio Battistini, exjefe de Sanidad del ejército italiano y, desde hace tres años, comisario extraordinario para la sanidad en la provincia de Catanzaro, a la que pertenece el hospital de Lamezia, donde ahora trabajan unos 20 médicos cubanos. En total, en toda la provincia han llegado 48 y quedan 45 tras la salida de tres de ellos del programa. Inicialmente, el acuerdo preveía que del salario de 4.700 euros brutos, unos 1.200 fueran directamente a los médicos y el resto a la agencia dependiente del Gobierno cubano. Pero se cambió dos meses después y el importe se transfiere en un pago único a los médicos, que luego envían una parte a la isla.
Battistini se encargó de la selección de los profesionales, cuya contratación, sin homologar los títulos académicos, ha sido posible gracias a la prórroga de una norma que se adoptó durante la pandemia para permitir la llegada de personal extranjero. “He evaluado los currículos, las experiencias profesionales y también he estudiado el sistema sanitario cubano, que es muy similar al nuestro”, comenta el general, quien destaca la “competencia clínica” de los médicos cubanos.
“Yo era escéptico al principio porque el sistema es muy complejo. Sin embargo, tras un periodo de adaptación fisiológico, su contribución se ha notado no solo desde el punto de vista cuantitativo, sino cualitativo”, reconoce el jefe de Medicina Interna del hospital de Lamezia Terme, Gerardo Mancuso. En este nosocomio no quieren ni imaginar su posible salida. “No faltan nunca, no piden vacaciones o días por enfermedad. Son un ejemplo de dedicación y capacidad de trabajo. Si no estuvieran, primero echaríamos de menos a las personas. Luego, como profesionales, tendríamos más problemas”, añade Roberto Ceravolo, jefe de Cardiología. A su cargo está el doctor José Adrián Fernández, que antes de ejercer en Calabria, estuvo durante la pandemia en Panamá. “Definitivamente significa un aporte importante desde el punto de vista personal, pero obviamente la parte más importante, al menos para mí, es profesional, siempre con el objetivo de una ayuda extra a un sistema de salud que en este país necesitaba de la ayuda médica”, dice Fernández, en la sala donde realiza los ecocardiogramas. Cuando se le pregunta por la situación en Cuba, comenta: “La situación en Cuba es compleja por lo que está sucediendo internacionalmente. La vida en el mundo es compleja”.
A los profesionales les incomoda la atención que han recibido en las últimas semanas. “Yo creo que algo lindo hemos hecho acá. La política no es importante para nosotros. Si llamamos la atención, que sea por cosas buenas”, dice la doctora Hernández Velázquez. Battistini reconoce que ha habido “preocupación” entre los médicos cubanos de no poder continuar este trabajo. Las presiones ejercidas por Washington —el secretario de Estado, Marco Rubio, anunció ya en febrero del año pasado la restricción de visados para funcionarios de gobiernos extranjeros implicados en lo que EE UU define como “trabajo forzoso”— ya han tenido efectos: Honduras acaba de anunciar que cerrará el programa, como ya habían hecho países como Guatemala, Paraguay y Bahamas.






