La presentación de la programación de la red de museos porteños tuvo lugar en la Casa Fernández Blanco, en el barrio de Monserrat, un exponente del siglo XIX con un patrimonio bello y valioso. Y, precisamente, porque el acervo artístico de cada museo es uno de los ejes rescatados por la ministra de Cultura de la Ciudad, Gabriela Ricardes, la escenografía resultó apropiada. Colecciones de mates de plata, muñecas espectaculares del 1800, juegos de té en miniatura, un salón comedor reluciente, instrumentos musicales, un patrimonio muy relevante.
Como ya anticipó Clarín, la red de museos de la Ciudad crece este año al incorporar dos nuevas instituciones en los barrios de Montserrat y La Boca: el Museo del Humor y el Museo Benito Quinquela Martín. Habrá 35 exposiciones temporarias en los once museos de la red, con excepción de los nuevos, que se anunciarán más adelante.
Este año, los museos de la Ciudad –con excepción del Museo Moderno, que no está integrado a la red– proyectan consolidarse y expandirse con el ojo puesto en la internacionalización. La red reafirma el rol de los museos públicos como actores centrales de la vida cultural porteña.
Exposiciones más destacadas
Entre algunas exposiciones más destacadas, durante la presentación, que consistió en un recorrido “turístico” imaginario que la gerenta operativa de la red de museos, Helena Ferronato, propuso a los asistentes, están El otro Perotta, en el Museo Ciudad; Gardel, lo real, lo simbólico, lo imaginario, en el Museo Gardel; La palabra, un territorio en común: La cultura escrita del siglo XIX a la actualidad, en el Museo Saavedra, junto con el Museo de las Escuelas del Ministerio de Educación; y Retour 2025, de Jorge Macchi, en el Museo Sívori, dirigido por la activa Teresa Riccardi, que montó el año pasado una extraordinaria muestra del artista Andrés Paredes, muy visitada.
Antes de compartir datos duros, avancemos sobre la historia de la Casa Fernández Blanco.
Isaac Fernández Blanco (1862-1928) tenía pasión por el coleccionismo y llenó de objetos su casa de la calle Hipólito Yrigoyen 1422. Vivió rodeado de piezas de arte, muñecas antiguas, miniaturas, etc., hasta que su familia se mudó. La Casa Fernández Blanco fue el primer museo privado de la Ciudad, donado –casa y colección de arte e historia– por su propietario en 1922 al Estado porteño. En los últimos años se realizaron trabajos de restauración y puesta en valor, hasta que el inmueble volvió a brillar con el fulgor de otro tiempo.
En 1936, el arquitecto Martín Noel vendió su palacio ubicado en la calle Suipacha 1422 a la Ciudad, por un precio simbólico, y cedió la mayor parte de su colección de arte hispanoamericano. Una década después, ambas donaciones confluyeron en dos sedes: el Museo Fernández Blanco y la Casa Fernández Blanco.
La ministra de Cultura de la Ciudad, Gabriela Ricardes, encabezó la presentación de la programación de la red de museos porteños en la Casa Fernández Blanco, en el barrio de Monserrat. Foto: gentileza.Entre los datos duros exhibidos en una pantalla detrás de los funcionarios expositores se leía que, en el período 2024-2025, la red de museos porteños tuvo 1,2 millones de visitantes, 70 mil de los cuales fueron educativos, es decir, con instituciones escolares.
Además, se realizaron 8200 actividades y hubo más de 60 exposiciones temporarias. Las alianzas institucionales de la red fueron más de 45, algo esencial para el intercambio de programaciones.
Para todos los gustos
Durante el evento, en el que estuvo presente Mariano de Paco Serrano, consejero de Cultura, Turismo y Deportes de la Comunidad de Madrid, que conduce Isabel Ayuso, hablaron la ministra Ricardes y Helena Ferronato. Estuvo también Pedro Aparicio, director general de Patrimonio, Museos y Cascos Históricos. En la sala había directores de museos, funcionarios, equipos e invitados.
Aparicio no habló en la presentación, pero posteriormente señaló un hito en relación con el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken: la puesta en funcionamiento de la Reserva Técnica de Nitratos de ese museo, situado a la vuelta de la Usina del Arte, y la celebración de los setenta años del Premio Manuel Belgrano a las Artes Visuales.
Comenzamos por los recién llegados. El Museo del Humor tuvo que esperar varios años inactivo hasta que se despejaron diversos obstáculos. El primero fue que, cuando se hicieron excavaciones para el apuntalamiento de la sede, hubo que suspenderlas por hallazgos arqueológicos. Justo al lado se encuentra la casa Blaquier, una de las tantas propiedades felizmente recuperadas por el Gobierno porteño, ya libre de intrusos. Ahora la Casa Blaquier se unirá al museo, ubicado en el ala oeste de la casa Altos de Elorriaga (Alsina 423).
La nueva etapa del Museo del Humor recibirá la historia del humor gráfico, la historieta y el cómic, expresiones muy auténticas de la argentinidad. Los más reconocidos talentos del humor estarán representados. Pero para la programación hay que esperar un poco, según dijo la ministra Ricardes.
El Museo Benito Quinquela Martín (Av. Pedro de Mendoza 1835), tan querido e integrado en La Boca, acaba de pasar de la órbita nacional a la Ciudad de Buenos Aires. El traspaso es muy trascendente para la comunidad porteña. En verdad, no se entiende por qué permaneció tan aislado durante años, cuando el espíritu del museo está fuertemente conectado al barrio porteño de La Boca.
Donado a la Nación por el artista que da nombre a la institución para convertirse en una escuela, tiene un valioso patrimonio muy conectado a La Boca y al puerto, donde el propio Quinquela trabajó y que devolvió generosamente a su vecindario en forma de arte.
Ricardes dijo algo que los habitantes de Buenos Aires sienten en relación con sus museos: “Representan mucho más que un lugar para ver muestras de arte, son parte esencial de nuestro ADN y de nuestra cultura, son nuestro acervo y también nuestro futuro”. Lo interesante de la reflexión es que solo con ir a ver el acervo permanente expuesto de un museo y volver en otra oportunidad se pueden comparar percepciones que nunca se parecen.
Helena Ferronato expresó, por su parte, que “los museos son territorios sensibles donde el tiempo no se ordena, sino que respira. Cada exposición es una forma de volver a mirar: los materiales, las memorias, las huellas que nos constituyen. En esta programación, junto a las exposiciones, los programas públicos y las actividades, nos propusimos activar esas capas, a veces visibles y a veces latentes, e invitar a los públicos a recorrer experiencias”.
Más destacados del menú
Otros destacados de la programación son Vanguardia y barroco. Borges, Cortázar, Girondo, en el Museo Fernández Blanco, a 40 años del fallecimiento de Jorge Luis Borges; y la colección de vestuarios de las películas de María Luisa Bemberg, en el Museo del Cine.
La ministra de Cultura de la Ciudad, Gabriela Ricardes, encabezó la presentación de la programación de la red de museos porteños en la Casa Fernández Blanco, en el barrio de Monserrat. Foto: gentileza.En el Museo Larreta, que dirige Delfina Helguera, habrá una gran muestra dedicada a la inolvidable Silvina Ocampo, no ya como escritora, sino como pintora. Con el título La imagen descifrada. Silvina Ocampo pintora, su albacea, Ernesto Montequi, presentará una selección de 50 obras entre pinturas, dibujos y bocetos, que agrupa piezas creadas entre 1920 y 1940, junto con otros trabajos tardíos y material documental inédito.
El Museo de Arte Popular José Hernández (MAP), a cargo de Felicitas Luna, presentará la exhibición La alasita, la feria de los deseos. Con la participación de la comunidad boliviana de Villa Soldati y a partir de la colección Ruth Corcuera, la muestra –curada por Javier Corcuera– aborda la tradición de las alasitas (ferias de miniaturas y deseos) y su figura central: el ekeko. La alasita ha sido declarada Patrimonio Inmaterial por la Unesco.
Allí están también el Museo Perlotti y el de MIJU (Museo de la Imaginación y el Juego) para niños, con sus programaciones previstas para este arranque. Pero dejamos que los vecinos de la Ciudad elijan su propio menú y recorrido para disfrutar.
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