El punto inicial de la caminata que realizó la noche del miércoles el presidente José Antonio Kast para ingresar a La Moneda por primera vez como mandatario fue la escultura del político conservador Diego Portales (1793-1837). Minutos después lo mencionó en su primer discurso, afirmando que dejó una enseñanza que sigue vigente sobre cómo debe gobernarse una nación: “Con carácter y el carácter no es arbitrariedad. Es estar dispuesto a hacer lo que hay que hacer aunque sea incómodo, impopular. Y la autoridad tiene que ser fuerte, porque nuestro país, en esta hora, así lo demanda”. Ante la ciudadanía habló de que el Gobierno de emergencia que prometió no era un eslogan. “Es lo que vamos a vivir. Es orden donde hay caos”, apuntó. Al día siguiente, en la inauguración de la cátedra Sebastián Piñera en la Universidad del Desarrollo (UDD), en honor al expresidente de centroderecha (2010-2014 y 2018-2022), le dijo a los presentes, la mayoría moderados de su sector: “Los veo y veo historia y una buena continuidad de lo que nos toca hoy día”. Sus palabras desvelan las posibles dos brújulas de lo que será su mandato en los próximos cuatro años: entre el estilo portaliano y el piñerismo.
Es común que los presidentes tengan un político al que le profesen su admiración. Cuando Gabriel Boric asumió la presidencia el 11 de marzo de 2022, rompió el protocolo al llegar al palacio presidencial para rendir homenaje a la estatua de Salvador Allende, en la Plaza de la Constitución, donde también se encuentra la obra de Portales. Piñera profesaba su admiración por el demócratacristiano Patricio Aylwin, el primer presidente democráticamente electo tras la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). El historiador y periodista Alfredo Sepúlveda, que recientemente publicó Piñera, un lugar en la historia, plantea que “como Kast no puede mirar a Pinochet porque es políticamente imposible hoy, pero lo hacía cuando era diputado, mira a quien miraba Pinochet: Portales”. Apunta que el nuevo mandatario “cree sinceramente” que Portales es “una máquina de orden y de leyes, pero no fue así históricamente”. “Portales era el orden por sobre la ley para navegar en esta República”, añade sobre la figura clave en la política chilena tras la Guerra Civil de 1929-1930, y que durante la independencia instauró el orden portaliano, caracterizado por un fuerte autoritarismo.
“Tenemos la oportunidad, si lo hacemos bien y lo hacemos juntos, de comenzar una nueva era para Chile. Una era de orden, libertad y justicia”, dijo el presidente en su primer discurso. Kast llegó a La Moneda tras divorciarse hace unos años de la derecha tradicional, donde militó durante dos décadas convencido de que se estaban desviando de los principios morales del proyecto original de Jaime Guzmán, fundador de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido más doctrinario del sector. En marzo de 2020, en plena crisis social e irrupción de la pandemia, Kast se declaró opositor al segundo Gobierno de Piñera (2018-2022), principalmente por haber apoyado un cambio de la Constitución como salida institucional al malestar ciudadano que tuvo a la Administración de centroderecha contra las cuerdas. En junio de 2021 escribió en Twitter que el Gobierno de Piñera no tendría ningún legado: “El presidente Piñera pasará a la historia como el peor presidente de los últimos 30 años porque ha faltado a su palabra una y otra vez”.
Inevitablemente durante la campaña de segunda vuelta, el fundador del Partido Republicano se acercó al piñerismo, que lo apoyó sin condiciones. Nombró a ministros de Chile Vamos, la coalición de la derecha tradicional, en cargos claves para el manejo político y este jueves, en la inauguración de la cátedra Sebastián Piñera en la UDD, le dijo a los presentes que los une el deseo de que Chile “no extravíe el rumbo del orden, el crecimiento y la estabilidad”. “Mi presencia aquí no es un mero acto protocolario, sino un testimonio profundo de respeto hacia quien siempre puso a Chile por delante de cualquier otro interés”, afirmó. Reconoció, si, que hubo “diferencias” durante el estallido social. “Pero todo pasa por algo. Quizá fue necesaria esa situación dura para tener la oportunidad de reconstruir una nueva era. Recuperar el desarrollo y crecimiento que sembró Piñera”, añadió, en otro guiño a la continuidad.
Sepúlveda sostiene que el proyecto político de Piñera era la legitimación del mercado a través de la democracia y que Kast cuando era diputado no estaba en ese ámbito de ideas. “Viene de la discusión de los valores, de la estricta diferenciación entre izquierda y derecha. Tiene una cosa ahí que está flotando y que es el piñerismo”, afirma. Si toma el mercado como una de las bases de la democracia, el académico sostiene que sería interesante “porque si lo hace, habría un proyecto compartido con la centroderecha y la que representa Kast”. Además, Sepúlveda es de la idea de que mantener el relato del Gobierno de emergencia durante los cuatro años de mandato es demasiado largo y, solucione o no los problemas, va a tener que tomar otro tipo de decisiones y el mundo político le va a preguntar ‘¿y ahora qué?’. “Si tiene razón de la emergencia y es exitoso en solucionarla, ¿qué va a pasar después?, ¿cuál va a ser su proyecto político? Porque eso es lo que se votó y ahí Piñera le sirve porque ya lo tiene hecho”.
Qué tipo de presidente ser
Durante la campaña presidencial, Kast, que en sus intentos anteriores por llegar a La Moneda llegó a decir que si Pinochet estuviera vivo votaría por él, se alejó de la figura del dictador y se concentró en medidas de seguridad, economía y migración. También fue muy duro con la Administración de Boric, al que tildó en reiteradas ocasiones de “un Gobierno fracasado”. Cuando resultó electo el pasado 14 de diciembre, sin embargo, ofreció un discurso en un tono conciliador y convocante, el que mantuvo en líneas gruesas hasta que estalló el caso del cable submarino chino y acusó al entonces Gobierno de Boric de no entregar la información completa ni transparentar las cifras de distintos ministerios. Incluso, siendo aún presidente electo, abandonó una reunión con el izquierdista y suspendió las reuniones para el traspaso de mando, anunciado una auditoría completa al aparato gubernamental. El episodio se interpretó como que el Kast candidato había vuelto.
En una reciente entrevista a La Tercera, el académico y analista político Daniel Mansuy planteó que Kast aún no sabe qué tipo de presidente quiere ser. “Toda la pregunta es si José Antonio Kast va a saber adaptar su personaje a su nueva función. Al diputado Kast, un diputado combativo de la UDI, yo creo que no le incomoda en nada. La pregunta es si es un buen registro para el presidente Kast y si quiere o está dispuesto a cambiar completamente el personaje o no. Y ahí es donde da la impresión, con los últimos sucesos [el abandono de la reunión con Boric y la suspensión del traspaso de mando], de que todavía no escoge qué presidente quiere ser. Porque son figuras completamente distintas”, afirmó el investigador.
En sus primeros días en el cargo, a la duda de si será el mandatario espejo de cómo fue de candidato, se suma si será uno portaliano o piñerista. La pregunta sobre cuál de las dos almas va a primar recuerda un debate que acompañó a Boric durante gran parte de su Gobierno. El izquierdista se debatía entre los planteamientos más radicales de Apruebo Dignidad (el Partido Comunista y el Frente Amplio) o el Socialismo Democrático, que pareció vencer. Ambos líderes comparten el haber encabezado un proyecto que desplazó al que tradicionalmente representaban sus respectivos sectores, y llegaron a la presidencia con la promesa de un cambio radical. Mientras Boric hablaba de refundar, Kast apela a la reconstrucción. El estilo con que lo hará el nuevo jefe de Estado es la historia que está por escribirse.






