Más de 7,9 millones de bolivianos están llamados a votar este domingo para elegir a los gobernadores de los nueve departamentos del país y a los alcaldes de las ciudades que los componen. Con más de 32.000 postulantes —incluyendo los aspirantes a asambleístas departamentales y a concejales municipales— se rompe un récord histórico de candidaturas. Es el síntoma de la atomización en el campo político que dejó la caída, después de 20 años en el poder, del Movimiento al Socialismo (MAS) en los comicios presidenciales de agosto pasado. La izquierda intenta recomponerse en esta contienda regional sin haber podido unir en un solo frente los fragmentos que quedaron tras su implosión. Pero tampoco el oficialismo del presidente de centroderecha, Rodrigo Paz, ha conseguido articular en un único partido sus apuestas regionales.
El magíster en Filosofía Política y docente investigador de la Universidad Privada Boliviana (UPB), Óscar Gracia, asegura que es “lógico” tener una proliferación de candidatos cuando se ingresa a una nueva era política y los ejes de poder se están reconfigurando. “Durante casi 20 años la política, tanto en su nivel central como departamental y local, estaba formada por la antinomia masismo–antimasismo. Ese código polarizado ha dejado de ser válido y múltiples opciones han aparecido para llenar ese vacío en una época que es de transición”, explica.
La dispersión de fuerzas ha sido tal que, en la mayoría de las localidades, las encuestas prevén que se desarrollará una segunda vuelta, prevista inicialmente para el 20 de abril, ya que es necesario que el ganador obtenga más del 50% de los votos o al menos el 40% con una diferencia de 10 puntos respecto al segundo. Sin embargo, ya se sabrá la conformación de las nueve asambleas departamentales y de los concejos municipales de los alrededor de 340 municipios que conforman Bolivia. Su gestión comenzará en mayo y finalizará en 2031.
Lo abierto de la contienda se prueba en las regiones más importantes del país. Por ejemplo, en La Paz, sede de Gobierno, a nivel departamental el candidato del partido del presidente Paz (Alianza Patria), el exalcalde de la ciudad capital, Luis Revilla, tiene menos de siete puntos de ventaja sobre el exgobernador, sociólogo aimara y masista disidente, Félix Patzi, representante y fundador del Movimiento Tercer Sistema (MTS).
A pesar de que fue el Partido Demócrata Cristiano (PDC) el que llevó a Paz al Palacio Quemado, la organización se apartó del jefe de Estado, quien decidió crear su propia alianza. Existe una tercera escisión en el oficialismo a causa del quiebre del vicepresidente, Edmand Lara, quien apoya a sus propios candidatos de partidos locales, con el mandatario.
Los sondeos de opinión también prevén una segunda vuelta en Santa Cruz de la Sierra, capital económica del país y del departamento más poblado. La disputa por la gobernación parece concentrarse entre quien fue uno de los principales artífices del derrocamiento de Evo Morales en 2019, Luis Fernando Camacho (Creemos) —y que busca la reelección apoyado por Paz—, y quien fue compañero de fórmula del derechista conservador Jorge Tuto Quiroga en la votación del año pasado, Juan Pablo Velasco (Libre). El llamado eje central de Bolivia se completa con el departamento de Cochabamba, que acoge la región cocalera del Chapare y feudo político de Morales. La mano derecha del expresidente indígena, el exsenador Leonardo Loza, es el favorito a gobernar ese territorio.
La socióloga y analista política Luciana Jauregui resume que a nivel nacional se juegan dos escenarios. “Uno es cuánto poder territorial logrará tener el Gobierno de Paz a través de sus alianzas. En el otro, está la oportunidad del evismo de recuperar Cochabamba y, desde ella, tener una plataforma para rearticular las organizaciones campesinas indígenas. Pero estos grupos sociales no son homogéneos, no se puede hablar de un sujeto campesino que votará colectivamente, porque los propios sectores indígena originarios se han ido fragmentando”, explica.
Jauregui advierte, en ese sentido, que es incorrecto hacer una radiografía del actual momento político boliviano desde la clásica perspectiva de izquierda y derecha: “Si hay una lógica que prima es la del pragmatismo, de la heterogeneidad y la fragmentación”. Los candidatos, en sus propuestas y discursos, se han concentrado en plantear soluciones para problemas puntuales de cada región. Para lanzarse a la carrera han optado por pactar con las organizaciones políticas que tengan mayor capacidad de movilización ciudadana, antes que por afinidad ideológica.
Así, algunas alianzas políticas presentan profundas incoherencias ideológicas entre sus candidatos. Es el caso de Nueva Generación Patriótica en Cochabamba, donde tienen como candidato a gobernador al abogado defensor de Morales, John Rioja, y como alcalde para la ciudad capital al derechista y católico fundamentalista José Carlos Sánchez. “En este nuevo campo posideológico se valoran los perfiles tecnocráticos, el pragmatismo y la experiencia en gestiones. Las estructuras de partido se han consolidado alrededor de las figuras, creando liderazgos personalistas”, asegura Jauregui.
Esas características son las que justamente definen a los candidatos, al menos en el eje central, que las encuestas vaticinan que triunfarán en primera vuelta. Uno es Carlos Mamen Saavedra (VOS), postulante a la Alcaldía de Santa Cruz de la Sierra. Desde que asumió como concejal municipal en 2021, el ascenso de su popularidad como enemigo de la corrupción ha sido meteórico, gracias a las denuncias que registraba en videos para redes sociales sobre extorsiones de autoridades públicas u obras fraudulentas, encantando tanto a la élite cruceña como a los sectores marginales.
El candidato para una sexta gestión en la Alcaldía de la ciudad capital de Cochabamba, Manfred Reyes Villa, es otro de los aspirantes de los que se espera obtenga una contundente victoria. Ha labrado su carrera política en partidos conservadores y, cuando fue candidato presidencial en los comicios del año pasado, cargó un fuerte discurso antimasista. No obstante, es conocida su capacidad de diálogo con sectores organizados como el sindicato de transporte público.
Lo que sí ha sido homogéneo y constante entre todos los candidatos es la demanda de desarrollo autonómico de las regiones. En los debates prometieron, sin excepción, “hacer cumplir” el pacto 50/50 de Rodrigo Paz, una de sus promesas de campaña que buscaba una redistribución equitativa de los recursos que genera el Estado: 50% para el gobierno central y la otra mitad transferida a gobernaciones y municipios. En uno de los foros de los candidatos para la gobernación cruceña se llegó a oír: “El cáncer de este país se llama el centralismo”.








