Silvina Ocampo, la menor de las hermanas Ocampo, forjó una carrera literaria marcada por el misterio y la crueldad sutil, eclipsada durante décadas por su hermana Victoria y también por su círculo de amigos geniales, entre los que estaba nada menos que Jorge Luis Borges y su marido, Adolfo Bioy Casares.
Nacida en el seno de la aristocracia porteña, su obra explora lo inquietante de la infancia y lo fantástico en lo cotidiano, su figura fue ganando reconocimiento póstumo como una de las voces más originales del siglo XX en la literatura argentina.
Silvina Inocencia Ocampo nació el 28 de julio de 1903 en Buenos Aires, en una familia de alta burguesía terrateniente con raíces en la colonia: un antepasado suyo fue gobernador de Cuzco y otros ancestros como Manuel José de Ocampo fueron figuras políticas clave de esos años.
Hija menor de Manuel Silvio Ocampo, arquitecto conservador, y Ramona Aguirre, recibió educación trilingüe, con institutrices francesas e inglesas, lo que influyó en su prosa precisa y culta; pasaba los veranos junto a su familia en Mar del Plata, en Villa Ocampo, hoy sitio cultural de la UNESCO.
Su infancia solitaria, marcada por la pérdida de su niñera adorada ante el matrimonio de Victoria y la muerte de su hermana Clara, sembró desde entonces las semillas de sus relatos sobre los conflictos de la infancia y las complejas relaciones familiares.
Antes de hacerlo en la literatura, Silvina brilló en las artes visuales: en 1920 viajó a París, donde estudió dibujo con Giorgio de Chirico y Fernand Léger, maestros del surrealismo, y expuso con Norah Borges y Xul Solar al volver a Buenos Aires.
En 1931 se unió al grupo fundador de la revista Sur de Victoria, vinculándose a intelectuales como Borges.
Su primer libro, Viaje olvidado (1937), cuentos breves con toques autobiográficos y ecos de Lewis Carroll, fue reseñado por Victoria, pero criticado por “distorsionar” recuerdos familiares que la involucraban.
Ahí ya asomaba su estilo mordaz y desprejuiciado con rupturas fantásticas con lo cotidiano.
En 1933, vía Borges, conoció a Adolfo Bioy Casares, once años menor; pese a la oposición familiar y sus infidelidades notorias, se casaron en 1940, con Borges como testigo, y criaron a Marta, hija extramatrimonial de Bioy nacida en 1954.
Junto a su marido coescribieron la novela policial Los que aman, odian (1946). Ocampo también tradujo poetas como Emily Dickinson, enriqueciendo así su sensibilidad poética.
Su narrativa fusiona surrealismo, humor negro y oxímoros, con niños monstruosos, metamorfosis y dobles en caserones porteños, una mágica recorrida que puede seguirse a través de su obra: Autobiografía de Irene (1948), La furia (1959), Las invitadas (1961) y Los días de la noche (1970); en poesía, Enumeración de la patria (1942), Los nombres (1953) y Amarillo celeste (1972).
Escribió también obras infantiles como El cofre volante (1974).
Silvina Ocampo acumuló numerosos premios a lo largo de su vida: Municipal de Poesía (1942, 1945), Nacional de Poesía (1962), Gran Nacional de Literatura (dos veces), Konex 1984, Honor SADE 1992 y Ciudadana Ilustre.
Su recepción en el público fue lenta -eclipsada por las figuras de Borges y de Victoria-, pero en los años 80 comenzó a ser rescatada y valorada por su originalidad y calidad literaria.
Murió el 14 de diciembre de 1993 a los 90 años, postrada por la enfermedad de Alzheimer.







