La izquierda contuvo el aliento y respiró aliviada con las primeras proyecciones de la segunda vuelta de las elecciones municipales de Francia de este domingo. Las tres grandes ciudades del país permanecerán en manos de la izquierda con resultados netamente ganadores. París será para la candidatura del socialista Emmanuel Grégoire, continuista de Anne Hidalgo; Marsella logra contener el arrollador auge de la ultraderecha del Reagrupamiento Nacional (RN) con su coalición de partidos progresistas, y Lyon mantendrá al mismo alcalde, el ecologista Grégory Doucet, que decidió pactar con el partido izquierdista de La Francia Insumisa para hacer frente a la derecha.
Francia buscaba señales de cara a las presidenciales del próximo año. En 2020 el mensaje fue un país verde. Ahora se trataba de encontrar instrucciones para las presidenciales de 2027. Y las conclusiones no son malas para las fuerzas progresistas. Pero el mapa es mucho más complejo de descifrar y arroja también un dato de participación preocupante: 57%. Más bajo que en 2024 (en 2020 fue inferior, pero se votó en plena pandemia). Más allá de los nombres que gobernarán los principales municipios de Francia, era fundamental comprobar cómo respondían los ciudadanos a las alianzas entre las distintas corrientes de izquierda. Pero también ante el acercamiento de la derecha tradicional al Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, que no ha logrado el objetivo que ambicionaba en las grandes ciudades. También si uno de los grandes candidatos a las presidenciales de 2027, el moderado Édouard Philippe, revalidaría la alcaldía y podría mantener sus ambiciones nacionales intactas, como así ha sido.
La izquierda seguirá gobernando París seis años más. Pedaleando en bicicleta, si hace falta, tal y como hizo el futuro alcalde justo después de conocer los resultados en una imagen con sabor a victoria histórica. Los socialistas gobiernan de forma ininterrumpida desde 2001, cuando la alcaldía quedó en manos de Bertrand Delanoë. En 2014 tomó el relevo Anne Hidalgo en el Hôtel de Ville, y durante los siguientes 12 años acometió una de las mayores transformaciones de la ciudad en los últimos tiempos, coronada con los Juegos Olímpicos de 2024. París es hoy una ciudad verde que favorece a los ciclistas y a los peatones frente a los automóviles. “París seguirá siendo el corazón de la resistencia a esa idea de la unión de derechas que amenaza lo más frágil que tenemos: la felicidad de vivir juntos”, lanzó Grégoire en su primer discurso tras conocerse el resultado de las proyecciones.
La exministra de Cultura y candidata conservadora Rachida Dati logró una fusión de última hora con la candidatura de centro. Y, además, se benefició del paso al lado que dio Sarah Knafo, del ultraderechista ¡Reconquista! Tenía todos los elementos a favor para la victoria. “No he logrado convencer. También quiero decirle al equipo saliente que no podrá ignorar las expectativas”, dijo. “También quiero decirle a ese equipo que deberá responder a las familias sobre el escándalo de las agresiones sexuales en el ámbito extraescolar”, continuó, en una mención a un caso de abusos que, presuntamente, habría sido ignorado por el Ayuntamiento, uno de los grandes temas de la campaña electoral.
El socialista Grégoire, que dio sus primeras entrevistas tras la victoria pedaleando en una bicicleta del servicio municipal en plena noche por las calles de París, arriesgó con éxito en la segunda vuelta. No aceptó unir fuerzas con la candidata de La Francia Insumisa (LFI), Sophie Chikirou. Esta es una estrategia que divide todavía al Partido Socialista de cara a las elecciones presidenciales de 2027, donde la pregunta clave será si debe reeditarse el Nuevo Frente Popular, la unión de toda la izquierda (incluido LFI) que tan buenos resultados dio en las legislativas para frenar a la ultraderecha en las urnas.
El PS dio libertad a los candidatos para decidir si querían realizar alianzas técnicas con LFI. Esta era una forma también de poner a prueba el rechazo o la aprobación de los votantes socialistas. Las otras dos grandes ciudades francesas siguieron estrategias distintas al respecto, con resultados parecidos. Hubo pactos en Lyon, Toulouse y Limoges. No los hubo en Burdeos, París, Marsella ni Lille, donde el candidato socialista ganó al del partido de Jean-Luc Mélenchon en un mano a mano de la izquierda. LFI, sin embargo, venció en ciudades importantes como Roubaix, en Alta Francia (98.000 habitantes).
Marsella era la otra gran incógnita de la noche. Nunca la ultraderecha había estado tan cerca de tocar poder. Frank Allisio, viejo asesor del expresidente conservador Nicolas Sarkozy, realizó una campaña agresiva en cuestiones de seguridad, azuzando el problema del narcotráfico. Pero el alcalde actual, Benoît Payan, supo aguantar y no necesitó pactar con LFI para mantener el puesto.
Payan gobernará acompañado de Amine Kessaci, una de las estrellas de la campaña, el joven activista antinarco cuyo hermano fue asesinado hace pocos meses por oponerse al crimen organizado. Kessaci es hoy un símbolo de la ciudad que pasea con chaleco antibalas debido a las amenazas que todavía sufre a diario. La consigna “Marsella, contra la extrema derecha” se materializó en unos resultados claros.
Lyon ha asistido a uno de los raros éxitos —aunque muy ajustado— de la alianza de toda la izquierda. El actual alcalde, el ecologista Grégory Doucet, que partía como perdedor en las encuestas, decidió tender la mano al partido de Mélenchon. Su alianza y la mala campaña de Jean-Michel Aulas, expresidente del club de fútbol Olympique de Lyon, le permitirán culminar la transformación verde de la ciudad que ha desarrollado en los últimos seis años.
En Toulon, la candidata del RN Laure Lavalette salió derrotada del mano a mano contra la alcaldesa Josée Massi, perteneciente a la coalición de derechas moderada DVD. La derrota de la portavoz del partido de Le Pen es un golpe a la ultraderecha en su maniobra para lograr alcaldías del litoral mediterráneo después de haber logrado revalidar la semana pasada Perpiñán. Su poder se amplía en pequeñas ciudades y sus objetivos han quedado muy lejos de ser cumplidos. Pero, sobre todo, hablan también de la necesidad de buscar alianzas si el partido de Le Pen quiere imponerse en una hipotética segunda vuelta de las presidenciales de 2027.
La idea de la alianza entre derecha y ultraderecha, de hecho, se reforzó netamente con la victoria de Éric Ciotti en Niza. El exlíder de Los Republicanos abandonó el partido hace dos años y fundó su propia formación tras ver cómo se rechazaba su propuesta de crear una sociedad electoral con el RN. Hoy es el mejor socio de Marine Le Pen, pero también el nuevo alcalde de la importante ciudad mediterránea, desde donde se difundirá esta idea cada vez más extendida, también en las filas de Los Republicanos, el viejo partido conservador de Francia.
El candidato del RN en Nîmes, Julien Sanchez, que iba en cabeza en la primera vuelta, ha sido derrotado por la lista de unión de la izquierda (sin LFI) liderada por Vincent Bouget. Para gran disgusto del diputado de RN Jean-Philippe Tanguy, quien volvió sobre la misma idea que planea por todo el mapa electoral francés. “La negativa de LR a fusionarse ha permitido a los comunistas ganar un cierto número de ciudades, y habrá otras noches como esta”, señaló antes de que se conocieran definitivamente todos los resultados.







