la historia de una misión que prometía llegar a la Luna antes que la NASA

la historia de una misión que prometía llegar a la Luna antes que la NASA


La verdad es más extraña que la ficción. Es una frase hecha, pero aun con esa advertencia, y a más de seis décadas de los acontecimientos, el caso del Programa Espacial de Zambia es capaz de confundir y dejar con la boca abierta tanto a crédulos como al más escéptico.

A mediados de los años 60, la carrera espacial entre la Unión Soviética y los Estados Unidos era un terreno crucial en el que se desarrollaba la Guerra Fría. Todavía faltaban nueve años para que el hombre pusiera un pie en la Luna, y era imposible predecir si el evento histórico estaría a cargo de un astronauta estadounidense o de un cosmonauta soviético.

En esa carrera de dos competidores, de pronto surgió un imprevisto tercero en discordia: Zambia. En el corazón del África subsahariana, Edward Mukuka Nkoloso, director de la Academia Nacional de Ciencias, Investigación Espacial y Filosofía de Zambia, aseguraba que su país sería el primero en llegar a la Luna… e incluso a Marte.

“Los zambianos no son inferiores a nadie en tecnología científica. Mis planes espaciales seguramente tendrán éxito”, reveló en un artículo de octubre de 1964.

El director de la Academia Nacional de Ciencias, Investigación Espacial y Filosofía, aseguraba que Zambia sería el primero en llegar a la Luna… y a Marte.

Con señales de ligera inquietud, el periodismo de Gran Bretaña y los Estados Unidos envió a sus corresponsales en busca de información.

¿Se trataba de un proyecto serio? ¿Acaso estaban involucrados los soviéticos? ¿Podría una región tan rústica en un continente no desarrollado esconder secretos de semejante magnitud?

Mala broma

Un indudable alivio debe haber embargado a los periodistas cuando vieron que el campo de entrenamiento espacial no era más que una granja abandonada, y que los ejercicios “de avanzada” incluían rodar unos metros colina abajo dentro de un barril de petróleo vacío, para aclimatarse a las velocidades y turbulencias de una nave escapando de la fuerza de gravedad.

El supuesto cohete, en tanto, era otro tanque, de cobre y aluminio, sin ningún mecanismo de propulsión visible.

La prensa internacional determinó que todo ello ni siquiera podía denominarse proyecto, y que todo provenía de las ideas retorcidas de un personaje con el juicio dañado. Una mala broma, en suma.

Cuanta más información se obtenía sobre el programa espacial, más ridículo parecía todo. Nkoloso afirmaba que su país se hallaba “seis o siete años por delante” de las potencias que buscaban poner un pie en la Luna; decía que había estudiado el suelo marciano con sus telescopios y que tenía datos certeros de que había nativos primitivos en el planeta rojo.

La tripulación del primer vuelo (afronautas, como él los llamaba) incluía una mujer astronauta, un misionero (para instruir en la fe a los habitantes) y dos gatitos, que debían ser lanzados desde la cápsula al llegar al suelo marciano, para constatar que el descenso para los humanos fuera seguro.

Respecto del lanzamiento del cohete, declaró: “Estamos utilizando mi propio sistema de disparo, derivado de la catapulta”.

Era todo tan absurdo que parecía una fake news antes de las fake news. Pero no. Aunque fuera disparatado e inviable, la iniciativa existió. El misterio, sin embargo, permanece al día de hoy: ¿por qué un hombre se tomaría todo ese trabajo, con el riesgo de dejar en ridículo a todo un país?

La postura de la prensa oscilaba entre considerar el asunto la obra de un lunático o una burla muy elaborada. Sin embargo, las apariencias no suelen mostrar toda la verdad, y para comprender mejor el fenómeno, es necesario bucear un poco en el contexto histórico.

Por supuesto, las distintas hipótesis que buscan explicarlo no se excluyen entre sí (no todas, al menos), y aunque no se halle una respuesta definitiva, repasarlas es definitivamente enriquecedor.

El sueño de un maestro

Edward Mukuka Nkoloso era un maestro de escuela, que ya en 1960 había fundado su academia espacial. El país, conocido en ese entonces como Rodesia del Norte, todavía era una colonia de Gran Bretaña, pero para comienzos de 1964 se había acordado la independencia con la Corona británica.

En enero de ese año se celebraron elecciones, y fue elegido como primer ministro Kenneth Kaunda, quien se convertiría en el primer presidente del país el 24 de octubre de 1964, fecha que quedaría como el día de la independencia de la novísima República de Zambia.

Nkoloso creyó conveniente anunciar para esa fecha el despegue de su cohete con su particular tripulación, desde el Estadio de la Independencia, donde tendrían lugar los festejos por el nacimiento de la república.

Sin embargo, las autoridades nunca lo aprobaron. Al ver la repercusión negativa en el exterior, el gobierno (con urgentes necesidades de inversores internacionales) se apuró a distanciarse de Nkoloso, remarcando que su academia no era parte de un organismo oficial, sino una iniciativa privada.

Nkoloso continuó con sus esfuerzos, sin desanimarse, pero el proyecto fue decayendo lentamente por falta de inversores (una carta a la UNESCO, pidiendo 7 millones de libras, nunca obtuvo respuesta).

El golpe de gracia llegó el 20 de julio de 1969, cuando la misión estadounidense Apolo 11 puso pie en la Luna.

Luchar por la independencia

Los investigadores que se han dedicado a examinar este curioso episodio observan que considerar el proyecto espacial de Nkoloso como “obra de un lunático o de un débil mental” representa una actitud condescendiente, que refuerza el prejuicio hacia el “incivilizado”.

Hay, sin embargo, otros elementos en la historia de Nkoloso que hacen más complejo el panorama.

Nkoloso declaró alguna vez que su inspiración para el programa espacial provino de su primer (y, presumiblemente, único) viaje en avión. Pero no se trató de un viaje de placer, ni de negocios.

Fue un vuelo como recluta del Imperio Británico para combatir en la Segunda Guerra Mundial. Los súbditos de la Corona fueron tentados a participar bajo la promesa de que, luego de acabado el conflicto, se otorgaría la independencia al país.

Esas promesas, naturalmente, incumplidas, llevaron a Nkoloso a participar en los movimientos de resistencia, liderados por el futuro primer presidente de Zambia, Kenneth Kaunda, su amigo personal.

Una primera hipótesis afirma que el supuesto programa espacial enmascaraba el entrenamiento de reclutas para la resistencia.

Uno de los cohetes que imaginaron en Zambia. Foto: Archivo de Clarin.

La hipótesis parece cobrar fuerza, tiempo después, cuando el presidente Kaunda lo asignó al Centro Africano de Liberación, una organización que buscaba colaborar en la independencia de los países cercanos a Zambia.

Trastornos provocados

Incluso considerando un trastorno mental como causa, no hay que pensar en la idea romántica del loco lindo. La realidad podría ser más oscura.

Nkoloso era maestro, y llegó a fundar una escuela, aunque lo hizo sin permiso de las autoridades británicas, por lo cual se la clausuró, y él fue enviado a su pueblo natal, en arresto domiciliario.

Allí se vio envuelto en la organización de reclamos y huelgas contra el poder colonial, lo que llevó a arrestos en 1956 y 1957.

La escritora de Zambia Namwali Serpell, que investigó profundamente su vida, encontró testimonios de época del propio Nkoloso, en los que afirma haber sido torturado en esas detenciones. Compañeros de ese período de su vida afirman que después de ese trágico momento nunca fue el mismo.

La idea parece sólida, pero hay que tener en cuenta que, ya con más de 50 años, Nkoloso se decidió a estudiar leyes, y llegó a graduarse en 1983, de modo que, si tuvo algún tipo de estrés postraumático, no le impidió seguir una carrera universitaria.

Después de las ideas insólitas de NKoloso, hoy África ha ingresado de lleno en la investigación espacial. Se crearon 8 agencias espaciales nacionales en el continente.

Otra explicación señala que el programa espacial era una forma de llamar la atención y de “poner en el mapa” a la Zambia independiente ante el mundo. Como ya vimos, el gobierno no pareció comulgar con la idea de que no hay publicidad mala, y muy pronto le soltó la mano a Nkoloso.

La hipótesis del doble mensaje

El resto de las hipótesis que se manejan apuntan a una doble intención de Nkoloso, en donde el personaje se aleja de la inocencia de un ingenuo pueblerino y se acerca más a la astucia de un cerebro maquiavélico.

Una primera explicación apuesta a que todo se trató de una gran broma, pero no involuntaria, sino maliciosamente intencionada.

Hacia el final de su vida, el expresidente Kaunda se refirió al programa espacial en una entrevista: “No era algo serio, mucha gente se divertía con lo que Nkoloso contaba… Era más por diversión que otra cosa”.

Si fue como Kaunda afirma, se trató de la broma pesada más larga jamás realizada, porque Nkoloso continuó con su “academia” durante varios años y hasta el fin de su vida defendió su sueño espacial.

En 1989, meses antes de su muerte, declaró a un periodista: “No he abandonado el proyecto. Sigo teniendo la visión del futuro de la humanidad. Sigo creyendo que el hombre podrá desplazarse libremente de un planeta a otro”.

Esta gran tomadura de pelo no se habría hecho porque sí. Adquiere, en cambio, una dimensión simbólica, convirtiéndola en un mensaje satírico. Según esta perspectiva, Nkoloso era muy consciente de lo que estaba haciendo, y sus actividades y declaraciones eran una toma de posición ante los poderes centrales (los blancos) que dominan el mundo y someten a los pueblos africanos.

De este modo pueden entenderse declaraciones como: “Llevaremos un misionero a Marte, pero le he advertido que no debe forzar el cristianismo en los marcianos si ellos no quieren”.

Era, también, una forma de criticar las prioridades de las políticas de Estado, que prefieren gastar fortunas inconmensurables cuando buena parte de la población mundial padece desnutrición.

Orgullo nacional

Al mismo tiempo, se trataba de una forma de impulsar el orgullo nacional de un país que recién surgía. El artista de Zambia Aaron Samuel Mulenga creó en 2020 la muestra digital Afronautas. Según él, Nkoloso “ayudó a la gente de nuestro país a imaginar una vida más allá de sus límites y, literalmente, nos animó a alcanzar las estrellas”.

El gran soñador Edward Mukuka Nkoloso. Foto: Archivo Clarin.

Otra artista inspirada en el proyecto es la española Cristina de Middel, quien en 2013 realizó una muestra fotográfica en Nueva York sobre el tema: “La historia se basa en la idea de que nadie cree que África llegará jamás a la Luna. Oculta una crítica muy sutil a nuestra postura respecto de todo el continente y a nuestros prejuicios”.

En un artículo de 2017 para The New Yorker, Serpell hace una aguda reflexión: “Quizás la cuestión no sea si el programa espacial zambiano fue satírico, sino por qué tan pocos han imaginado que pudiera serlo”.

Era más fácil concluir que se trataba de conductas a lo sumo infantiles por parte de “un pueblo primitivo y atrasado”.

Hoy, África ha ingresado de lleno en la investigación espacial. En los últimos diez años se han creado ocho agencias espaciales nacionales en el continente, a las cuales se suma la Agencia Espacial Africana, establecida en 2023.

En 2025 se instaló un radiotelescopio TART (Transient Array Radio Telescope) en Zambia, mientras que el proyecto Africa2Moon busca depositar cuatro radiotelescopios de baja frecuencia en la Luna para 2028.

No es descabellado pensar que parte de este impulso se debe al sueño alocado de un maestro de escuela de los años 60.

El hijo de Nkoloso, que era uno de los afronautas, comentó en una entrevista que su padre les decía: “Si los pájaros pueden volar, ¿por qué ustedes no? Tienen cerebros, pueden hacerlo”.