De Villa Constitución al corazón de Rosario, con una pelota como brújula. A una cuadra y media del Club Atlético Porvenir Talleres, el más popular del barrio, nació y creció Daniel Omar Edgardo Teglia. Era la década del 60 y jugaba en los equipos de barrio hasta que, de a poco, empezó a escalar. San Nicolás, Rosario Central. Tenía apenas 13 años cuando su cuñado —fanático canalla— lo llevó a probar suerte. El club venía de ser campeón y él, con un par de botines, se entrenaba solo los fines de semana. Hasta que en el 75 se mudó a Rosario y ahí arrancó su carrera. En 1980 logró salir campeón con su querido Central y sus compañeros de inferiores como Bauza, Ferrero, Craiyacich, Gaitán y Ghielmetti, entre otros.
Su trayectoria como futbolista está marcada por clubes como Junior, América de Cali, el River de Pedernera, Independiente de Santa Fe. Lo recibieron estadios llenos, camisetas históricas hasta dijo presente en el debut de Maradona en el Napoli. Se retiró joven, a los 29. La rodilla le jugó una mala pasada y no hubo regreso posible. Pero el fútbol no lo soltó. Edgardo Bauza, amigo y cómplice, fue quien lo tentó más de una vez para que se sumara a sus equipos. Estuvo con él en Rosario Central, en Colón y en Arabia Saudita.
Más tarde, Teglia decidió armar su propio camino. Empezó desde abajo, en silencio. Logró ascensos y, con el tiempo, se ganó su lugar. Hoy dirige a Central Córdoba de Rosario, un equipo que sigue dando que hablar en la Copa Argentina tras eliminar a dos clubes de Primera: Sarmiento y Gimnasia Esgrima de La Plata. Si algo distingue a Teglia es su mirada al jugador del Ascenso; “En este país, merece todo el respeto y apoyo de los clubes”, sostiene con firmeza. En una charla con Clarín, el técnico del matagigantes repasa su historia y el presente de un equipo que no deja de sorprender.
-¿Qué significó formar parte del plantel campeón de Rosario Central en 1980?
-El equipo era prácticamente integrado por todos chicos del club; el Oso Ferrero, que venía de Las Varillas de Córdoba. Ghielmetti que era de Rosario, el Patón Bauza de Baigorria, al chiquilín García, Oscar Craiyacich de Chaco, José Luis Gaitán, que era de Rosario. Ese año llegó Marchetti de afuera, pero la mayoría éramos chicos que habíamos jugado en inferiores. Yo era el más joven de ese grupo y nos tocó tener el privilegio de estar muchos años en inferiores y después terminar saliendo campeón. Se disfruta diferente porque éramos hinchas, habíamos adquirido ese amor, esa pasión, la que se ve en la cancha de Central, la que la gente tiene en las tribunas. Nosotros las llevábamos dentro de la cancha y ese plus no lo tiene cualquier equipo. Este es un club que te marca a todo nivel, como persona y como jugador. Es tremendo, muy loco, profundo y al que uno no puede renunciar nunca.
-¿Cómo fue compartir momentos con Mario Alberto Kempes?
-Increíble. Hubo una época en la que me tocó entrenar con Mario Alberto Kempes en una selección juvenil donde también estaba Diego Maradona en el año 76. Ver jugar en el mismo año a Diego y a Mario, jugadores que marcaron esa década. Me acuerdo de que había un torneo donde Kempes en cuatro partidos hizo tres goles. Imagínate la dimensión de un jugador de ese nivel. Acá en el país hacía una diferencia enorme. Nosotros éramos pibitos y lo íbamos a ver. Vivíamos en hoteles y pensiones y entrabamos a la cancha gratis y después la limpiábamos, barríamos la tribuna y hacíamos todo el simulacro del partido del día anterior, ahí dentro de la cancha. Todo ese sueño lo trasladábamos a un juego de chicos, que nos enseñó a seguir profundizando la identidad y el amor por el club. Después me tocó jugar con Enzo Francescoli, Beto Alonso. Grandísimos jugadores, y más siendo un pibito de 16 años. En ese momento, no me daba cuenta, pero había tanto buenos jugadores que uno lo asumía como algo natural.
Su breve paso por River: “La mayor cantidad de decisiones que tomé en mi vida fueron con el corazón y no con la cabeza”
Era 1984 y Daniel Teglia aterrizó en Buenos Aires con la ilusión intacta, River lo esperaba. Se vivían momentos de reconstrucción en Nuñez, y el entrenador Luis Cubilla intentaba armar una base sólida. Aquel equipo de 1984 era agresivo, ofensivo, con jugadores de buen pie. Lograron llegar a la final del torneo Nacional, pero cayeron por goleada contra Ferro en la final.
Tras esa derrota, comenzaron los cuestionamientos al proyecto de Cubilla. En medio de esa confusión, el plantel partió de gira por Europa. Entre amistosos y hoteles, un partido quedó grabado en la memoria para siempre: el debut de Diego Armando Maradona con la camiseta del Napoli. Teglia fue parte de aquel equipo que se enfrentó al conjunto italiano en agosto de 1984. Esa misma gira sirvió para cerrar la llegada de Héctor “Bambino” Veira, quien tomaría el mando del plantel millonario y lo llevaría a conquistar títulos inolvidables poco tiempo después.
Sin embargo, Teglia no sería parte de ese proceso. El torneo de 1985 no arrancaba, había conflictos, parates, incertidumbre. Y del otro lado del mapa, Colombia ofrecía continuidad, estabilidad y un paisaje paradisiaco. Recién casado, el santafesino eligió Santa Marta y se fue junto a su mujer Claudia a empezar de nuevo.
Hoy, con el diario del lunes, admite que tal vez no hubiera tomado esa decisión. “River es un universo incomparable”, reflexiona. “La mayor cantidad de decisiones que tomé en mi vida fueron con el corazón y no con la cabeza”, explica. Aun así, atesora aquel año como una experiencia inolvidable: no solo por lo deportivo, sino también por las personas que conoció. Entre ellas, Adolfo Pedernera, prócer del club, con quien compartió almuerzos, charlas y enseñanzas que lo marcaron para siempre. “No me daba cuenta en ese momento de la dimensión de la gente con la que estaba compartiendo. Hoy lo celebro muchísimo”.
“La decisión de dejar el fútbol la tomé después de mucha angustia”, cuenta el técnico de 66 años.“La decisión de dejar el fútbol la tomé después de mucha angustia”
Hay decisiones que uno no toma: lo empujan. A veces, el fútbol tiene otros planes. A Daniel Teglia una lesión le marcó un final sin despedida y lo dejó frente a una nueva etapa: incierta, dolorosa, pero también marcada por una convicción firme: seguir en el juego, como sea. Lo que vino después fue un proceso que muchos callan: lo que pasa cuando la carrera se corta antes de tiempo, cuando hay que reinventarse, pedir ayuda y volver a empezar. Acompañado por su familia, encontró en la dirección técnica un nuevo modo de estar adentro de la cancha, de pertenecer y reconstruirse.
-Pasaste por clubes importantes y te retiraste muy joven; ¿Por qué?
-A mediados del 86, tuve una lesión muy grave cuando estaba en Independiente de Santa Fe, después de tres cirugías no me pude recuperar. Fue una ruptura completa de rodilla, de toda la articulación, ligamento cruzado, menisco, cápsula. Si bien me operé con médicos de primer nivel en Colombia, fueron tres operaciones. Una larguísima recuperación. Recién a mediados del 88 empecé a tener algún tipo de actividad en el campo. No tenía fuerza, no tenía estabilidad, la rodilla se me iba, se me hinchaba. Y bueno, hasta que con menos de 30 años dejé de jugar. Me puse a hacer el curso de entrenador y rápidamente empecé a dirigir en Inferiores de Central. Otra vez el club de mi adolescencia, el club del corazón de los amigos.
-¿Qué sentíste en ese momento?
Podía correr linealmente, apenas trataba de desequilibrar con un amago se me iba la rodilla. Se separaba el fémur de la tibia con la rótula en el medio. Me quedaba la rodilla inestable por cuatro, cinco días y mucha inflamación. Cada vez que pasaba eso, era la rodilla vuelta un globo lleno de dolor y no podía pisar. En algún momento tuve que tomar esa decisión. Así no podía seguir. No decidí dejar de jugar, sino que fue una decisión del cuerpo, de la rodilla en general. El juego me expulsó y no me pude despedir del fútbol.
-¿Cómo afrontaste el retiro prematuro del fútbol?
-Entre los 27 y los 30 tuve que tomar esa decisión, hablando muchísimo con mi esposa. Después con psicólogos empecé a hablar y tratar de encontrar una reinserción. No tenés ninguna actividad que te llene de esa forma. Muchos exjugadores dicen que necesitas pedir ayuda. Si bien los jugadores, mientras somos jugadores, nos creemos autosuficientes y creemos que esa es la coraza y nuestro superpoder, pero no es así. Hay cosas que no podemos resolver solos. A esta decisión, la tuve que tomar después de mucha angustia, de muchos años de elegir qué hacer. Las cosas que había leído, escrito y armado me sirvieron para entender que mi lugar seguía siendo dentro de la cancha y que podía ofrecer cosas para transmitir. Y así empezó la carrera de entrenador, una vocación que fui construyendo para superar la angustia y me convertí, como muchos otros entrenadores, en un militante de la resiliencia para muchos jóvenes que gracias al fútbol se pueden conectar con la vida y con los demás.
-¿En qué momento hiciste el curso de DT?
-Mientras terminaba los tratamientos de la rodilla, salía del gimnasio y empezaba el curso. El Flaco Menotti dijo alguna vez con mucho acierto que él era entrenador para seguir formando parte del juego. Yo creo que todos hacemos lo mismo. No puedo correr ni patear, pero puedo participar, pertenecer a ese ambiente de fantasía te mantiene vivo, entusiasmado y te hace sentir útil. Por eso, es muy feo cuando hay entrenadores que menosprecian o subestiman a muchos chicos y desperdician su potencial o lo expulsan. Porque lo que quiere cualquiera es formar parte de algo, sentir que sirve, que es útil y que puede realizarse en eso.
-¿Sentís que tu experiencia como jugador te ayudó a construir un estilo diferente de entrenador?
-Claro, uno que empatiza con el jugador, si no no tenés forma de entenderlo, de comunicarte. Saber que vos sentís lo que él está sintiendo ahora y estar a la altura de saber que decir, de poder decírselo sin lastimar para que entre todos se puedan tomar las mejores decisiones. Pero, en definitiva, terminé agradeciendo a toda esa vida, a todo lo que me pasó, porque pude sacar cosas de provecho que me sirvieron para ayudar a los demás y ayudarme a mí mismo.
“Estuve los años 92 y 93 prácticamente sin cobrar”, revela Daniel Teglia. “Ser entrenador de divisiones inferiores es una actividad menospreciada”
A comienzos de los 90, ser técnico de inferiores era más una aventura que una profesión. No había estructura ni presupuesto ni proyectos a largo plazo. Todo se hacía a pulmón, con mucho amor y pocas certezas. En ese contexto, Teglia volvió a Rosario Central en 1992. Todavía estaba terminando el curso de técnico cuando Roberto Luis Settecase, un viejo compañero de inferiores, lo invitó a sumarse. Arrancó con las categorías más chicas, sin cobrar un peso, aprendiendo en el día a día hasta llegar a la Primera División, de la mano del Patón Bauza. El club que lo había formado como jugador, ahora lo abrazaba desde otro rol, pero con la misma camiseta.
-¿Cuándo pudiste vivir de tu sueldo de entrenador?
-Ningún entrenador de divisiones inferiores creo que pueda vivir de eso. Ni ahora ni antes. Es una actividad menospreciada, es donde deberían estar los mejores maestros, los tipos mejores pagos, porque son los que realmente fortalecen los cimientos de los clubes tanto para jugadores como para jóvenes entrenadores. Pero los directivos no toman eso en serio y creen que es una actividad al pasar y los cambian. Y, sin embargo, están formando personas que después terminan influyendo en nuestra vida social. Yo estuve los años 92 y 93 prácticamente sin cobrar. En el 94, me incluye dentro de una nómina y desde ahí ya empiezo a tener unos mangos, un sueldo. El año en que el Patón Bauza empezó a ser el coordinador, se cambió un poco la estructura y el diseño de planificación. Ahí pudimos fichar muchos jugadores que años después fueron quienes le dejaron al club réditos deportivos y económicos.
-¿Ahí te llegó la oportunidad de dirigir Primera División?
-Desde el 98 hasta el 2001 trabajamos en Primera División con el Patón Bauza. Un ciclo importante que no se pudo coronar: subcampeón de la Copa Conmebol, subcampeón del torneo 99, muchos jugadores de inferiores, muchísimas ventas. Se va el Patón y sigo siendo coordinador. Después llega J.J. López, que lo termino remplazando a fines de 2001 y principios de 2002. Viene el Flaco Menotti, me reemplaza y vuelvo a mi función de coordinador. Todo lo que habíamos construido en mucho tiempo, con Bauza, cambió radicalmente. No estaba a gusto con todo eso, y me fui de un día para otro. Me voy a Tiro, decisiones que son difíciles de entender. Pero voy a ordenar el club, pero a los dos meses termino dirigiendo. Armamos un equipo, salimos campeones del Federal A y ascendimos al Nacional B en el 2003. Después, me contrata Racing de Córdoba, me toca también lograr un ascenso consecutivo 2003 2004 y ahí dirigí casi todo un año.
-¿Por qué no te quedaste con Menotti?
-Decidí irme porque no era el que tomaba decisiones. Muchos entrenadores a veces les cuestan tomar esa decisión porque necesitas la guita en el bolsillo para poder mantener a tu familia. Pero yo prefiero la cabeza limpia, la conciencia tranquila, con menos plata de bolsillo, pero poder tener libertad de decisión.
-Cada vez que al Patón Bauza le surgía algo, pegaba el llamado…
-El Patón es un amigo. Lo conozco desde que teníamos 15 años en las inferiores, él tiene un año más que yo. Pasamos mil dificultades. Lo defino como alguien con quien iría a pelear contra cualquiera. Al lado el Patón no hay guerra imposible, no hay enemigo, no hay adversario. Es un tipo que empuja. Tiene una luz diferente a la de los demás. Es una de las mejores personas que me ha tocado conocer en el fútbol. Siempre había ofertas para estar juntos.
-¿Seguís en contacto con la familia por su estado de salud?
-A través de José Daniel Di Leo, un gran amigo mío. Yo a la esposa de Edgardo casi no la conozco. La traté muy poco cuando estuvimos en Arabia, al hijo un poco más. Con él convivimos el año pasado acá en Central Córdoba, él estaba acá, un pibe bárbaro, muy querible.
Desde el año pasado, Daniel Teglia conduce al primer equipo de Central Córdoba de Rosario. “Sampaoli empezó a dirigir en O’Higgins de la mano de mi academia”
Un día de mucho frío, en pleno entrenamiento, Teglia sufrió un pico de presión. Un susto que lo obligó a frenar. Indicaciones médicas mediante, decidió buscar un tipo de trabajo con menos exposición y menos estrés. A partir de ahí, se volcó a otra experiencia: lo contrataron para conducir una academia durante varios años en la zona de Rosario. El proyecto se llamó ‘Rosario Sport’ y se dedicaba a reclutar futbolistas y entrenadores. Entre ellos, descubrieron a Jorge Sampaoli, que con el tiempo se transformaría en un nombre clave del fútbol sudamericano y mundial.
-¿Cuándo te agarra el problema de salud?
-Estando en Douglas. Estábamos bajo la lluvia y hacía frío. Me sentí mal y fuimos a la clínica con Diego Osella, mi ayudante. Tuve un pico de presión y me recomendaron hacer reposo hasta que otra vez te pica el bicho. Claro, no podía hacer ese laburo y en 2006 empezamos a armar una academia que se dedicó a la captación de jugadores; “Rosario Sport”. Dentro de los jugadores que reclutamos y entrenadores hay muchos que todavía están en Primera División. Algunos tuvieron más suerte que otro nivel de equipo profesional como Diego Osella, Jorge Sampaoli o Fabio Pereyra, el dos de Huracán. A Fabio lo trajimos de Entre Ríos y hoy sigue brillando hoy en el fútbol argentino.
-¿Se puede decir que descubriste a Jorge Sampaoli?
-Sampaoli venía de dirigir en Perú y estaba buscando club, tenía su grupo con Beccacece y Jorge Desio. Yo era el que seleccionaba a los jugadores y entrenadores. Sampaoli empezó a dirigir en O’Higgins en 2009, llevado de la mano por esta academia. Tuvo un año bastante bueno y se va a Emelec y de ahí se va a la U. De Chile que ya con un equipazo sale campeón de la Sudamericana, luego selección chilena, toda la carrera que hizo Jorge por el mundo. Pero nosotros solo participamos en esa primera etapa, llevarlo de Rosario a Club Deportivo O’Higgins.
“Recién el año pasado, en abril, nos hicimos cargo de Central Córdoba de Rosario con Diego Acoglanis, que es el otro técnico, somos una dupla”, dijo Daniel Teglia.El matagigantes de la Copa Argentina
Central Córdoba de Rosario escribe una página inédita en la historia de la Copa Argentina. Por primera vez, un equipo de la Primera C se mete entre los dieciseis mejores del torneo. Y no fue casualidad: logró eliminar a dos rivales de la Liga Profesional. Primero, sorprendió a Sarmiento de Junín y en San Nicolás, volvió a dar el golpe al dejar en el camino a Gimnasia y Esgrima La Plata, tras una emocionante definición por penales.
Desde el año pasado, Daniel Teglia conduce al primer equipo. “Nuestro principal objetivo es el ascenso a la B Metro e insertar a muchos jóvenes y talentosos jugadores que los había rechazado el ambiente del fútbol”, dice el entrenador de 66 años.
-¿Cómo te llegó la posibilidad de dirigir a Central Córdoba de Rosario?
-Por el presidente Carlos Lancelotti. Desde la época en la que yo estaba en Central intentamos armar buenos equipos desde afuera. Después fui a trabajar al club como una especie de director deportivo. Recién el año pasado, en abril, nos hicimos cargo con Diego Acoglanis, que es el otro técnico, porque somos una dupla. Armamos un equipo que hoy se transformó en el único invicto del fútbol argentino (N. de la R: luego de la entrevista perdió dos encuentros, pero sigue líder en su categoría). Por ahí, es la sensación porque nos ha tocado ganar contra dos equipos de Primera y me extraña mucho que la gente lo vea como algo excepcional. Son dos equipos que se enfrentan en la cancha, 11 contra 11, y te puede tocar ganar, si estás con el trabajo y la mentalidad lo suficientemente preparada para eso. Nuestro principal objetivo es el ascenso a la B Metro e insertar a muchos jóvenes y talentosos jugadores que los había rechazado el ambiente del fútbol. Vamos muy bien, pero tenemos los pies en la tierra.
-Si bien son 11 contra 11, las condiciones de los jugadores de la C con los de Primera no son las mismas…
-Incomparable la cantidad de herramientas con la que cuenta. Me gustaría que se hable de las dificultades que tiene un pibe de la Primera C, de la B Metro. Cualquier persona ve un partido y quiere que su equipo gane y al otro no lo tiene en cuenta y el único que sabe lo pesada que es la mochila que lleva en la espalda es el jugador de ascenso, que tiene que mantener una familia, discutir con la mujer, mandar los hijos a la escuela, que la guita no le alcance. Sin embargo, se comporta igual que uno que tiene todo servido. Acá los pibes se matan, se rompen el alma y tienen un deseo de progresar y unas ganas de jugar que es conmovedor. Por eso, el jugador de ascenso en este país merece todo el respeto y todo el apoyo que los clubes. Pero a los jugadores, a ese tipo de jugadores, se los menosprecia. Y tienen un alma y un corazón que me rindo ante ellos.
-¿Viste muchos jugadores que se quedaron en el camino?
-Muchísimos, y duele cuando se quedan en el camino, porque la frustración viene de un tipo que le dice que no sirven para esto con una soberbia. Lo único que hace es hablar de la limitación de esa persona en vez de prepararse, de saber cómo llegarle a otra persona, lo agreden, lo dañan. Por eso, yo me saco el sombrero ante todo eso que siguen peleando y que creen y tienen fe en sí mismo y la familia que los apoya y todos los que tienen alrededor que hacen posible que vaya todos los días a entrenar cobrando 2,50. Si al fútbol argentino no lo deciden gente que quiera eso, estamos jodidos.
-¿Tus jugadores están con el cuchillo entre los dientes esperando el próximo partido de Copa Argentina?
-Si, están todos deseando que sea Platense, por lo bien que está ahora. Se imaginan esa revancha. Pero cualquier equipo para nosotros es difícil, no hay una rival fácil. Esto es uno de nuestros conceptos, no menospreciar a nadie y respetar al adversario porque tiene las mismas herramientas y posibilidades que vos.
-¿Quieren jugar contra el campeón del fútbol argentino?
-Te da esperanza en el fútbol, que equipos así le ganen a otros equipos como River y que esas cosas pasen en nuestro fútbol es muy saludable. Son 11 contra 11 y no sabes quién gana. Eso no pasa en todos los países, ni mucho menos con los inmensos equipos que hay en el mundo, donde tenés que contar la cantidad de goles que le van a hacer. Acá no pasa eso.








