Hace poco más de un año, la dupla artística argentina Lolo y Lauti llegaba por primera vez a la ciudad estadounidense de Pittsburgh tras ganar una convocatoria de The Mattress Factory –museo en el que John Cage presentó su última instalación, Damien Hirst expuso por primera vez de este lado del Atlántico y hoy hay obras de Yayoi Kusama y James Turrell–, de la que habían participado más de dos mil personas de todo el mundo, para hacer una instalación. Tenían un presupuesto determinado y un espacio establecido, pero ningún proyecto concreto. Dedicaron tres semanas a conocer la ciudad y, sobre todo, la sala en la que montarían su obra.
El espacio en cuestión, ubicado en el cuarto piso del museo, es un rectángulo de 20 por 6 metros, con dos ventanas en el fondo que dan hacia el barrio y las montañas que rodean la ciudad. Al cabo de unos días, Lolo y Lauti alcanzaron una primera idea: el rectángulo era un estudio de danza (luego sabrían que la sala había oficiado como tal en los inicios del museo), y cuando dejaron Pittsburgh dos semanas más tarde ya sabían exactamente cómo iba a ser la instalación: una barra de ballet a lo largo de toda la pared derecha de la sala, sobre esa misma pared una serie de pantallas, la pared de enfrente cubierta de espejos y las dos ventanas en el fondo completamente libres, en vez de cubiertas como en la mayoría de instalaciones previas en la sala.
“Hacía tiempo veníamos pensando en que las ventanas y también los espejos son como pantallas: rectángulos con imágenes dentro en movimiento. Podía armarse algo muy interesante con esos tres elementos: ventanas, espejos y televisores“, dicen ahora a Clarín.
La instalación se titula “Triple Threat” (literalmente, “triple amenaza”, término usado en Estados Unidos para nombrar a las personas que saben actuar, cantar y bailar), se inauguró el 6 de marzo pasado y estará en la sala hasta el 28 de marzo de 2027.
Una obra “city-specific”
Podría decirse que no solo es site-specific –una obra concebida para un lugar determinado–, sino que también es city-specific. Pittsburgh es la cuna de Andy Warhol, y quizás esto les haya permitido a Lolo y Lauti, que dicen que no les gusta repetirse ni trabajar con series, retomar una obra de 2021.
En esa obra, llamada La One y exhibida en la galería Barro, en La Boca, se veía a la bailarina y coreógrafa Florencia Vecino ensayando una pieza en una pantalla dividida en dos por una barra de ballet.
“La One”, según cuentan Lolo y Lauti, quería crecer, y en la sala de The Mattress Factory son tres las pantallas y tres los bailarines: “Originalmente queríamos entre cinco y siete pantallas, pero finalmente adoptamos una política a lo Coco Chanel, que decía: ‘Antes de salir de tu casa, sacate algo’. Así fuimos quitándole cosas a la idea original hasta llegar a esta versión, a la que, creemos, no le sobra nada”, explican.
A la obra no le sobra nada pero tampoco le falta. La barra de ballet corta a la mitad las pantallas y los cuerpos de los tres bailarines (Florencia Piterman, Clara Suárez Lastra y Manuel Attwell), creando seis módulos y permitiendo que la parte inferior funcione como un espejo más (se ven, por momentos, las piernas de Attwell tanto abajo como arriba) o que los distintos cuerpos se combinen (el torso de Suárez Lastra con las piernas de Piterman), y les agrega un aspecto tridimensional a los videos cuando los performers la usan como sostén de sus movimientos.
Los espejos multiplican pantallas, bailarines y espectadores, y dan la posibilidad a quien recorre la sala de convertirse en un performer más.
El minimalismo se extiende a la ausencia de sonido en la instalación: “Ya hace un tiempo que preferimos los videos mudos. Cuando dejás un video de baile en silencio es mucho más interesante el resultado final. Le exigís más al público, que tiene que rellenar con su imaginación lo que está sonando, y le sacás literalidad al material. Y además hay algo inquietante, ¿no? Es como eliminar la imagen de una película y dejar solo el audio. Son estas operaciones que solo el arte contemporáneo te permite”, explican.
Detrás de estas convicciones estéticas también se hallan las condiciones de producción a las que Lolo y Lauti están acostumbrados: “Trabajamos con recursos insuficientes, y la idea original, a veces barroca, termina siendo mejor cuando se adapta a las restricciones”.
“Triple Threat” también es city-specific porque Pittsburgh es la cuna de Gene Kelly, posiblemente el triple threat más famoso de la historia. La instalación es un homenaje al musical americano –en particular a tres clásicos del género: Sweet Charity, The Pajama Game y Promises, Promises– y a los programas televisivos de variedades. Las coreografías que aparecen a lo largo de los 6 minutos y 59 segundos que dura el video, repetido en loop, están basadas en números de esos tres musicales.
En el musical americano, los programas de variedades y la larga historia de sus adaptaciones a cargo de artistas argentinos se reúnen varios temas que obsesionan a Lolo y Lauti desde hace años.
Relatan: “Hace algunos años empezamos con una investigación acerca de la relación entre ser gay y el teatro. En particular, entrevistamos a un montón de gente del Instituto Di Tella pero también de otros ámbitos como el teatro de revista, y fuimos explorando esa noción del teatro en general, pero sobre todo del teatro musical, como un lugar mental seguro”.
“¿Qué quiere decir esto? Que si yo soy un niño puto y veo a esos bailarines siendo tan putos y tan felices, habiendo sobrevivido a la infancia y la adolescencia y teniendo una vida profesional maravillosa, brillando en su rubro, puedo pensar en una adultez feliz, fantasiosa. Como dicen acá: ‘It gets better’”.
La dupla artística argentina Lolo y Lauti presentan “Triple Threat” en el museo The Mattress Factory, de Pittsburgh. Foto: gentileza.Desde el teatro musical
La idea del lugar seguro se derrama desde el teatro musical hacia los bailarines de los shows de variedades –los de Raffaella Carrà son quizás los más emblemáticos en el caso argentino–, pero no a toda la televisión. Dice Lauti: “Cuando yo era chico, el único gay abiertamente gay que tenías en la tele era el personaje de Fabián Gianola en Los Benvenuto. No era la mejor imagen que se podía tener de ser gay; de hecho, para mí era martirizante”.
Otros productos televisivos que podían presentar una pintura más feliz de la homosexualidad lo hacían de un modo menos explícito: “Gasalla era la drag queen más famosa de la Argentina y nadie se habría referido a él de ese modo, sino que era un comediante”.
Del mismo modo, “los bailarines de Susana o de Moria claramente no partían de un radicalismo de ningún tipo” (aunque quizás las promesas secretas que los susanos les hacían a los niños gays eran lo suficientemente radicales).
Susana Giménez en particular es una inspiración para Lolo y Lauti, en gran medida por ser una fuerza imparable de apropiación cultural: “Nos interesa ese aspecto de la argentinidad de mirar hacia afuera, agarrar algo, revolverlo bien y servirlo a la mesa de un modo totalmente distinto, y Susana es genial en eso”.
Ya en 1980, había hecho una versión de “Big Spender” en su programa con Alberto Olmedo, el mismo número de Sweet Charity que ahora Lolo y Lauti usan para “Triple Threat”.
Como el teatro, el estudio de danza también puede ser un lugar seguro. “Estos espacios son un santuario para un montón de niños que en cualquier otro contexto, sea familiar, deportivo o escolar, sufren su modo de ser”, apuntan.
Al conseguirlo tanto mediante el contenido de los videos como con la forma de la instalación, en “Triple Threat” Lolo y Lauti alcanzaron “una doble simbología de esa identificación infantil”.
La dupla artística argentina Lolo y Lauti presentan “Triple Threat” en el museo The Mattress Factory, de Pittsburgh. Foto: gentileza.Agregan: “Hay algo de ese espacio infinito, con los espejos, los videos, el sinfín blanco y las ventanas, sobre todo, que dan hacia el cielo, hacia las montañas: esa sensación de infinito se relaciona con posibilidades infinitas. En el caso de un niño gay, de poder dedicarte a la comedia musical, a bailar, o a lo que sea”.
“Hablando de dedicarte a lo que sea”, cuenta Lolo, “cuando era chico, mi abuela, que era amiga de Carlitos Perciavalle, me llevó a ver La jaula de las locas, en una versión con Perciavalle y Tato Bores”. “A los pocos días, me preguntaron mientras comíamos: ‘¿Qué querés ser cuando seas grande?’”.
“‘Homosexual’, contesté”.
“Lo lograste, mi amor”, acota Lauti. “Yo quería ser veterinario y acá estoy”.








