la absurda pelea con Messi, cómo sobrevivió a la muerte de su hijita y el método para darle al PSG el alma que nunca tuvo

la absurda pelea con Messi, cómo sobrevivió a la muerte de su hijita y el método para darle al PSG el alma que nunca tuvo


Tiene mil caras Luis Enrique. Fue delantero. Interior. Volante central. También lo pusieron de lateral. Jugó en Real Madrid y en el Barcelona. Defendía. Hacía goles. Ahora es DT. Puede ser simpático y terriblemente pedante. Aunque, su mejor versión parece ser la de los últimos años. Esa que lo convirtió en un tipo capaz de explicar el dolor más desgarrador que puede atravesar a un ser humano con las palabras más dulces: “Me siento un afortunado, mi hija ha venido a vivir con nosotros 9 años maravillosos”, dijo tras la muerte de la pequeña Xana. Se reinventó Luis Enrique después de la tragedia. Desdramatizó el fútbol, el tema más importante de los temas que no importan. Y no por eso se alejó de la excelencia. Al contrario, la alcanzó y con creces. Tanto, que les hizo entender a Nasser Al-Khelaifi y los árabes accionistas del PSG que no todo se soluciona con petrodólares. Después de poner millones en compras astronómicas, el asturiano volvió a las bases del fútbol y llevó al Paris Saint Germain otra vez a la final de la Champions League. Con figuras, sí, pero sin las megaestrellas. Este sábado 31 de mayo, enfrentará al Inter de Lautaro Martínez en Múnich. Pero esa será otra historia. Porque esta es la de Luis Enrique Martínez (55), el hombre de las mil caras.

El paso de Luis Enrique por el Barcelona: “Con Messi hubo una tensión que yo no busqué” y “fue una época bestial”

“Todos creían que era fácil dirigir al Barcelona con Messi, Neymar y Suárez, pero ahora quedó claro que no”, dice Luis Enrique a días de la finalísima de Europa. Y agrega, sin falsa modestia: “He realizado un gran trabajo”.

“Cuando vino Luis Suárez, la gran pregunta era cómo se iba a llevar con Neymar y Leo, que gracias a Dios fue la mejor relación que se pueda dar. Cuando llegó, lo normal entre cracks es que no se lleven bien, por el asunto de los egos. Pero, gracias a su calidad humana, vivimos una época bestial, en la época del tridente… ¡un uruguayo, un brasileño y un argentino!”.

Vale decirlo, antes de alzar la Orejona, hubo días de alta tensión entre Luis Enrique y Messi. En enero de 2015, el argentino se reincorporó un par de días después que sus compañeros a las prácticas del Barcelona, tras pasar el año nuevo en Rosario. Llegó en avión junto a Dani Alves y Neymar. Y, si bien la situación debió haber molestado al entrenador que no tenía concesiones con nadie (en la Roma se peleó con el máximo ídolo, Francesco Toti), el que estaba mal predispuesto era Leo.

Abrazo: después de las diferencias, Luis Enrique y Messi fueron las cabezas de una máquina perfecta.

¿Qué pasó? Durante la práctica de fútbol, Messi cayó en el área rival y Luis Enrique, que oficiaba de árbitro, aplicó el “siga siga”, lo que generó un reclamo subido de tono del capitán del seleccionado argentino.

Pero la cosa no quedó ahí: la situación se trasladó al vestuario, donde Messi continuó recriminando acaloradamente a su entrenador, hasta que debió interceder Neymar para que la tensión no siguiera escalando.

Al siguiente fin de semana, el rosarino fue el banco de suplentes en la caída frente a Real Sociedad en San Sebastián. Leo recién ingresó a los 13 del segundo tiempo, tuvo poca participación en el juego y terminó discutiendo otra vez con Luis Enrique. Al día siguiente, no fue a entrenar.

“Hasta que se solucionó todo hubo un tiempo de tensión, que yo no busqué, sin ninguna duda, pero que apareció y que tuve que gestionar”, recuerda Luis Enrique.

Era imposible dejar a Leo en el banco. Los cracks se llevaban bien y el DT no podía ser el díscolo que arruinara ese engranaje. El tiempo sanó y lo que siguió fue la etapa de mayor brillo en su historia como DT. Fútbol de alto vuelo. El asturiano fue el hombre detrás de la MSN, ese equipo que brilló en Europa, para muchos, incluso por encima del Barcelona de Guardiola. Parece mucho, aunque, al menos Luis Enrique y su amigo culé pueden sentarse en esa mesa.

Fueron tres temporadas al frente del Barça donde lo consiguió todo. Dos ligas, la Copa del Rey y la Supercopa de España por duplicado y una Champions League, la última que llegó a Cataluña. Aunque, al igual que con su amigo Pep (al que define “el mejor de todos”), queda la sensación de que se quedó corto ese equipo y podría haber ganado algo más. La Orejona la levantó en aquella recordada final de Berlín, con baile incluido, a la Juventus de Carlos Tevez.

La Champions, el anhelado sueño de jugadores y técnicos en Europa.La Champions, el anhelado sueño de jugadores y técnicos en Europa.

“Hoy solo puedo hablar maravillas de Leo Messi”, dice Luis Enrique que no tiene nada para reprocharle al argentino.

Se fue del Barça con el 80,29 por ciento de efectividad: “Una temporada bestial”.

Luis Enrique futbolista y su histórico traspaso del Real Madrid y al Barcelona

Era intenso Luis Enrique como futbolista. Como la España del 94 que se enfrentó con Italia en el Mundial de los Estados Unidos. En ese duelo, el jugador del Milan Mauro Tassotti le pegó un codazo en el área y le rompió el tabique. Era penal y expulsión, pero el italiano ni siquiera fue amonestado. Dos hilos de sangre le caían a Luis Enrique por las fosas nasales y se abrían como un río que se bifurca hacia la comisura de los labios. La sangre seguí por el cuello. No existía el VAR y el árbitro Sándor Puhl no se conmovió. Saque de arco.

Más de tres décadas después, en España continúan recordando el icónico momento: “El codazo de Tassotti”, y no hay que aclarar mucho más. Las fotos que lo inmortalizaron con el rostro sangrando suman a la mística del asturiano.

Luis Enrique con el tabique roto tras el codazo de TassottiLuis Enrique con el tabique roto tras el codazo de Tassotti

La Roja cayó 2-1 con la Azzurra y fue eliminada, pero Mateo Tassotti fue sancionado de oficio con ocho partidos de suspensión. En una acción de oficio sin precedentes, se perdería lo que quedaba de la Copa del Mundo, incluida la final en la que la Azzurra cayó con Brasil.

Luis Enrique y Mauro Tassotti estuvieron 14 años sin hablarse. Se reencontraron públicamente en 2011 cuando el español dirigía a la Roma y el italiano era ayudante de campo en el Milan. “No tengo nada que decirle, si alguien debe hablar, debe ser él”, dijo LE que lo saludó cordialmente.

Luis Enrique había arrancado su carrera como futbolista en el Sporting de Gijón. Fue profeta en su tierra. Son sus épocas de delantero. Rápido y furioso fue su paso por los pagos que custodia la Virgen de Covadonga, patrona de Asturias. En su segundo año, metió 14 goles, entre ellos el 1-0 en Mestalla frente al Valencia que metió al Gijón en la Copa de la UEFA. Fue el último partido de temporada y lo vendieron. Le esperaban cosas grandes: hizo las valijas para jugar en la capital, en el Real Madrid.

“La pasé mal en Madrid”, dice años después, Luis Enrique que, luego de convertir en un 5-0 en el clásico contra el Barcelona y ser campeón de la Liga en la temporada 94/95, hizo la gran Luis Figo, pero al revés.

Si el portugués se fue de Cataluña a Madrid por una montaña de dólares, en 1996 el asturiano hizo lo contrario: pasó al blaugrana para cobrar menos dinero. Su salario pasó de 100 millones de pesetas en el Real Madrid a la mitad en el Barcelona.

“No doy nombres y nunca los daré, pero sentí la vergüenza más grande del mundo: estos jugadores no nos representan y no estarán la próxima temporada”, despotricó el presidente Lorenzo Sanz. A esa altura, ya le había pedido al DT Arsenio Iglesias que lo colgara porque se había filtrado su acuerdo con Barcelona.

Un video en Tik-Tok de un Luis Enrique más joven lo muestra en su faceta más provocadora: “Hoy me veo en la tele vestido de blanco y me parece raro. Me quedaba mejor el azulgrana”.

“Me llevaron para dar por saco al Madrid”, acepta, en lo que en nuestro país sería “para mojarle la oreja”.

No hace falta explicar por qué se despidió como ídolo en su etapa de futbolista en Barcelona. Su despreció a los millones del Madrid lo hizo entrar por la puerta grande. Y en el primer año, bajo la dirección de Bobbi Robson con un joven José Mourinho como ayudante de campo, anotó 17 goles.

Luis Enrique le marca al Hertha Berlin en Champions. Luis Enrique le marca al Hertha Berlin en Champions.

En nueve años, obtuvo dos Ligas de España, la Copa del Rey en dos ocasiones y la Supercopa de España. A nivel internacional, se quedó con la Recopa de Europa y la Supercopa de Europa. Pero lo que más recuerdan los hinchas es la furia paragritar los goles contra el Real Madrid.

El dolor por la muerte de su hija cuando era DT de España

Una de las fotos más lindas de Luis Enrique: junto a Xana, que murió el 29 de agosto de 2019, celebrando la Champions.Una de las fotos más lindas de Luis Enrique: junto a Xana, que murió el 29 de agosto de 2019, celebrando la Champions.

Luis Enrique se tomó una licencia de 16 meses con la Selección de España cuando diagnosticaron con cáncer en los huesos a Xana, su pequeña hija de nueve años.

“Yo me considero un afortunado, soy muy afortunado. Mi hija vino a vivir con nosotros nueve años maravillosos”, contó tras su muerte, con un optimismo descomunal.

“Tenemos mil recuerdos de ella, videos, cosas increíbles. Mi madre no podía tener fotos de Xana. Hasta que llegué a casa y le dije ‘¿por qué no hay ninguna foto de Xana, mamá?’ ‘No puedo, no puedo…’, me decía. ‘Mamá, tienes que poner fotos de Xana, Xana está viva’, le contesté”, cuenta en su documental.

Después de la peor noticia de su vida, el asturiano quiso volver a trabajar. Y allí se encontró con que su ayudante, Robert Moreno que lo había reemplazado durante su licencia, no quería devolverle su lugar.

Moreno había clasificado a España para la Eurocopa 2020 con siete victorias y dos empates y consideraba que se había ganado el lugar, más allá de la desgracia de su compañero.

El 12 de septiembre de 2019, el DT recibió a su ayudante técnico en su casa para contarle su decisión de volver a trabajar: “Percibí que él quería dirigir la Eurocopa”, contó el ex Barcelona.

Moreno le dijo que quería dirigir él la Eurocopa y luego volvía como ayudante.

Luis Enrique no perdió el pulso ni el carácter y lo echó de la Selección. Estaba listo para volver.

“Ser ambicioso para mí es una calidad, pero para mí es desleal”, dijo. “La ambición desmedida y exagerada no es una virtud, es un gran defecto y en esa reunión le dije a Moreno que ya no lo veía más como mi segundo y que me siento fuerte”.

España fue uno de los mejores equipos de aquella Eurocopa pero se topó con la última versión de una gran Italia y quedó afuera por penales. Llegó a Qatar como candidato y, mientras goleaba 7-0 a Costa Rica, la versión más fresca de Luis Enrique hacía streams con los hinchas de madrugada y salía a hacer mountain bike. Se despidió rápido, eliminado por la revelación del torneo, Marruecos, y decidió no renovar su vínculo con la Federación Española de Fútbol.

Su mayor logro en el PSG: cómo le aportó mística a un equipo sin alma

Ya estamos en París. Es octubre de 2024 y el PSG no da pie con bola. Con Mbappé pensando en Merengue y en el juicio que le haría a los jeques del Paris Saint-Germain, el equipo estaba a la deriva. Donnarumma, que hoy es una muralla, se hacía los goles solo, como en el 2-0 frente al Arsenal en esta misma edición de la Champions. Y a Luis Enrique lo superaban los nervios: “No te voy a explicar la táctica porque no la tenderías”, le dijo a una periodista francesa ese día y quedó expuesto. Estaba agresivo, quería aplicar el “ojo por ojo, diente por diente” con la despiadada prensa francesa, pero los golpes volvían más fuertes.

Para colmo, en esos día el míster discutió con Usmane Dembelé, la otra súper estrella que tenía el equipo detrás de Kiki, y decidió colgarlo.

Con Mbappé era distinto, hizo todo para tratar de recuperar al crack de la Selección francesa. Hasta lo comparó con el mejor jugador de la historia de la NBA.

“He leído que te gustaba Michael Jordan”, le dijo a Kylian. “Jordan cogía de los huevos a todos sus compañeros y se ponía a defender como un hijo de tu puta. Tú tienes que dar ese ejemplo, como persona y como jugador, de ir a presionar a (Pau) Cubarsí y (Marc-Andre) ter Stegen. Y te vas a pegar todo el partido presionando. Y volviendo rápido. ¿Para qué? Para ser un líder”.

Pero en diciembre Kylian se fue a Madrid y, en la Ciudad de las Luces, Luis Enrique vio la oportunidad de armar un equipo que no dependiera tanto del crack. Un equipo.

En marzo de este año, el PSG ya volaba en la Ligue1 pero el DT sabía que no le alcanzaba para coronar en Europa. Y los medios empezaron a decir que el asturiano iba a pasar la escoba. ¿Los apuntados? Donnarumma, Marco Asensio y Kolo Muani. Y pasó: Asensio se fue al Aston Villa de Dibu Martínez y el francés que se convirtió en meme en la final de Qatar a Juventus. ¿Gianluigi? No sólo se quedó, sino que volvió a ser aquel por el que Nasser Al-Khelaifi pagó 60 millones de dólares (¡como jugador libre!) y fue clave en la escalada hasta la final de la Champions League.

Con la salida de Mbappé cambió la vibra del vestuario. La pelea con Dembelé se arregló cara a cara: “Confía en mí”, le pidió el jugador. El DT confió y lo convirtió en candidato (candidatazo) a quedarse con el Balón de Oro en esta temporada. Tanto, que lo juntó con Désiré Doué y el georgiano Khvicha Kvaratskhelia para lograr lo que en París ni siguiera pudieron Messi, Neymar y el propio Kiki. Por las dudas, en su documental, No tienes ni puta idea, Luis Enrique deja en claro: “No hubiera venido a dirigir el PSG con esos jugadores…”

“Cuando alguien se acerca a ti con calma y te explica todo, el jugador se esfuerza aún más por entender y rendir aún mejor”, contó el georgiano que ya no juega “solo”, como en el Nápoli de Spaletti.


Foto: EFE
Foto: EFE

También cambió la onda de los entrenamiento y en las conferencias. ¿Cómo? Nada de drones. Para tener una mejor panorámica, observa las prácticas desde el brazo de una grúa, a veces, gritando desde un megáfono. También empezó a bromear en las conferencias de prensa. Y, lo más importante: le dio una identidad al equipo. “Lo importante es ganar, pero jugando bien al fútbol, dice”.

Esta temporada, su PSG ya obtuvo la Ligue1 y esta semana ganó la Copa de Francia. El sábado irá por el premio mayor: “Recuerdo una foto de Xana con la Champions que ganamos en Barcelona, en Berlín. Quisiera esta temporada hacer lo mismo en Múnich”. Y cómo no desearle el bien.