Mientras Vallecas llama al boicot para que los aficionados del Rayo no acudan este domingo a Leganés al encuentro contra el Atlético (16.15), el entrenador local, Iñigo Pérez, criticó mucho y largo la decisión de LaLiga de trasladar el choque a Butarque al considerar que el estado del césped, recién cambiado, suponía un “riesgo de lesiones” para los jugadores.
“El día del Oviedo [hace una semana] se suspendió correctamente. Si no, se hubiera hecho una vez iniciado el partido porque llovió muchísimo más y [el verde] no estaba apto. Pero este sí se podía haber jugado en Vallecas”, enfatizó el técnico en una comparecencia que superó la media hora. “No entiendo cómo se puede suspender un jueves jugándose un domingo. Si el césped depende de la climatología, como nos han hecho saber los expertos, ganamos dos días en los que no llueve y se podía haber hecho otro test. Me dicen que es por logística y asuntos que no me competen, pero salimos perjudicados. Ahora, cuando entro por la puerta, veo a miles de aficionados. Entiendo que la seguridad se tiene que organizar. Ya, bueno, ¿pero nuestra gente va a tener que pasar hasta las once de la noche [para recoger las entradas]? Nosotros lo tenemos que organizar en un día y la seguridad no se puede organizar en un día. Se hubiese podido jugar en Vallecas”, abundó el preparador navarro en una rueda de prensa casi monográfica sobre la polémica mudanza del duelo a Leganés.
“Eso me irrita”, exclamó. Especialmente, según explicó, por los tiempos. Ante el Oviedo, la decisión se tomó con apenas cuatro horas de margen con la hora fijada. Ahora, casi tres días antes. “Se podía haber esperado y haberlo llevado el día antes, siendo ambos equipos de Madrid. No hubiésemos tenido el problema de los aficionados del Oviedo, con los que nos solidarizamos. Dicho esto, no va a haber excusas en la parte deportiva. El río está sucio, pero vamos a intentar pescar”, afirmó antes de regresar sobre sus pasos. “Creo que se podría haber jugado”, insistió.
“En lugar de hacer esto en 10 días, hacerlo en 10 meses”
Iñigo Pérez, junto al resto del cuerpo técnico y toda la plantilla, denunciaron hace una semana a través del sindicato AFE la precariedad en la que realizan su trabajo en las instalaciones del club. En esta ocasión, pese a todo el malestar que acumulan hace mucho tiempo, él también valoró el esfuerzo del Rayo en la última semana. “Igual que soy muy crítico con otras cuestiones del club, lo que ha hecho en estos diez días es muy potente a nivel de gestión y economía”, indicó. Eso sí, reclamó que esto no quede aquí. “Lo que he transmitido es que en lugar de hacerlo en diez días, hacerlo en diez meses. Esa diligencia debe ser un continuo. Pero se debería haber jugado, igual que contra el Oviedo era imposible. Lo sabía desde el día antes. Este partido se podía haber jugado perfectamente”, reiteró. La entidad también cargó contra la conclusión de la patronal porque, según sus palabras, “genera grandísimos perjuicios sociales, deportivos y económicos al Rayo”.
La queja del entrenador añadió más leña al fuego de un partido y una crisis que, si se cumple la amenaza de boicot de los aficionados, puede dejar una imagen fantasmal en Butarque. Por indicación policial, puntualizó la entidad rayista, al partido solo pueden acudir los abonados locales, que tienen tiempo hasta este sábado a las 23.00 para recoger su entrada en la ciudad deportiva, previa presentación del DNI. El domingo no se entregan y el público general tampoco tiene acceso a este encuentro, como sí ocurre en cualquier cita liguera. “Mañana no somos locales. Ambos somos visitantes. Es un estadio neutral y nos lo tomamos como una final. El Atlético no te va a dar la mano en un escenario de vulnerabilidad y debemos estar preparados”, avisó Iñigo Pérez, que se sinceró sobre su momento en el Rayo y llevó su discurso más allá de la contingencia de estos días.
“Se está rompiendo el recipiente, es lo peligroso”
“Hoy estoy aquí dispuesto a estar el tiempo que haga falta. No vamos a escatimar, es justo”, aclaró nada más sentarse en sala de prensa. “A lo largo de una temporada, uno tiene vaivenes emocionales por los resultados y otros más potentes, en mi caso, por el desarrollo social, la convivencia con los jugadores o este enfrentamiento que tenemos dentro del club. Hay dos caminos: claudicar y tirar la toalla, o aguantar los golpes y seguir avanzando. Hay que avanzar, sabiendo que hay adversidades. La falta de energía es respetable y entendible. En mi caso, como técnico del Rayo, lo vamos a convertir en motivación”, señaló.
“La gente dice: ‘es la gota que colma el vaso en el Rayo’. No, aquí siempre vamos con el vaso rebosado. Lo que pasa es que ahora se está rompiendo el recipiente y es lo peligroso. Es cierto que tras el Lech Poznan, a nivel emocional, ese día estaba fuera, pero por otros motivos que no tienen nada que ver con el fútbol. Ahora estoy pleno de energía y tengo ciertas intuiciones por cómo veo el equipo. Es cierto que la labor del entrenador es de este modo, pero a mí me encanta. No todo va a ser celebrar la Conference”, concluyó Iñigo Pérez que, con un partido menos, arrancó la jornada en posiciones de descenso, antepenúltimo.








