El robot es una imagen diminuta. Se mueve inquieto en el mapa digital diseñado en una computadora. Con órdenes precisas, avanza identificando paredes, carteles y obstáculos virtuales. Está preparado para afrontar situaciones de catástrofe. Atravesado en su esencia por el gen argentino de la resiliencia, el robot logra atravesar distintas barreras. “Fue nuestro representante en el Mundial de Robótica en Brasil”, dice con orgullo la estudiante Martina Talamona.
Es jueves a la tarde previo a un feriado largo y la adolescente de 15 años concentra su energía en algoritmos y fórmulas en el Centro de Altos Estudios en Tecnología Informática (CAETI), en Barracas, dependiente de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Mientras habla, su mente marcha a mil por segundo como si conviviera con un universo paralelo.
Martina es especialista en procesamiento de imágenes, la capitana y la pieza más racional del equipo argentino que en julio logró el tercer puesto en el Mundial de Robótica 2025, en Bahía, Brasil. Con ella subió al podio el rosarino Emanuel Hamui, de 18 años, el “alma creativa” del grupo. Ya en Buenos Aires, Martina dice que su compañero fue una pieza fundamental para este nuevo logro. Que “ve todo desde otra perspectiva”, lo que muchas veces la y los ayudó a salir de pantanos tecnológicos.
Compitieron con equipos de Brasil, Estados Unidos, Canadá e Italia, entre otros. Fueron superados por Eslovaquia e Irán, que obtuvieron el primer y segundo puesto, respectivamente.
“Siempre vence nuestro esfuerzo y nuestra voluntad”, coinciden los adolescentes, ya con “dos estrellas doradas” en el pecho después de salir campeones mundiales de la “Robocup 2024” y campeones de América de la “Robocup 2025” en la categoría “Rescate simulado”, la misma en la que se midieron en Brasil. Son conscientes de la enorme capacidad de la selección nacional frente a rivales difíciles bancados por sus gobiernos con recursos millonarios.
Martina y Emanuel son parte de la matriz adolescente que mueve uno de los motores del engranaje joven argentino. En campos que parecen excluyentes del Primer Mundo, muchas chicas y chicos menores de 20 años están destacándose y llegando a los podios deseados por otros países más desarrollados. La robótica es solo uno de esos espacios. También marcan punta alumnos de astronomía, ingeniería, ajedrez y ecología, entre otros. Con algunas y algunos de ellos habló Viva. Con diferentes nortes y objetivos, todos tienen un denominador común: trabajan en equipo para dar el salto, destacar y posicionar a nuestro país en el mapa científico y tecnológico del presente y del futuro.
Antes, todo surgía del mismo impulso: observar, imaginar y crear. Esa es la esencia de la ciencia. Ahora nos toca a nosotros.
Aitana Ferreyra DenzEstudiante
El bronce no lo es todo
Los trofeos ganados por los estudiantes de robótica brillan en una repisa del Laboratorio de Robótica del CAETI. Representan mucho más que copas que brillan. “Son muy responsables. Tienen un enorme camino por delante”, confiesa con admiración Gonzalo Zabala, el profesor encargado de formar y llevar a competencias locales e internacionales a los alumnos que se distinguen.
“Ya pasó el Mundial de Brasil pero no paran. En noviembre, competirán con un robot físico en la categoría fútbol en el campeonato nacional de Robótica. La idea es presentar ese robot en el Mundial del 2026”, detalla Zabala.
Acompañado en su responsabilidad con el docente Ricardo Morán, asegura que la energía proactiva de sus alumnos renovaron sus esperanzas. “Hace décadas que me dedico a enseñar. Tuve miles de charlas para conseguir fondos. Ningún gobierno le dio importancia y las empresas son reticentes a invertir. Igual, no bajo los brazos”, recalca el investigador.
Martina confía en cambiar el mundo y sus intereses. Cuenta que su pasión por la robótica empezó como pasatiempo a los 5 años en talleres barriales. Sus papás la llevaban a todos lados a hacer actividades hasta que, con el tiempo, la robótica empezó a interesarle más y fue ganando lugar.
“Uno de mis primeros trabajos fue una mano robótica. Tengo muy presente también cuando me regalaron mi primer kit de robótica. Tenía unos 10 años. Me entretuvo mucho en mis tardes libres y fines de semana”, recuerda.
“Mi familia es mi principal soporte dentro de mis proyectos. Me impulsan a seguir trabajando en informática mientras lo disfrute y sea sano para mí. Hay prejuicios sociales sobre la presencia femenina dentro de la robótica y la tecnología, pero mi círculo cercano no piensa de esa manera. Todo lo contrario”, sostiene Martina.
Emanuel Hamui se metió en el universo científico y tecnológico a los 16. Los videos de robots y su funcionamiento lo obnubilaron. Rápidamente tuvo una epifanía: quiso diseñar robots que ayudaran al otro. Es exactamente lo que hizo para competir.
“Todavía no hice un invento propio pero, con cada proyecto, fui aprendiendo muchísimo. Siento que estoy camino a crear algo original en el futuro. Cada desafío técnico que superamos con el equipo de robótica me acerca un poco más a eso. Uno de mis sueños es crear un humanoide que pueda asistir a personas mayores o con dificultades, ayudándolas en su día a día y mejorando su calidad de vida”, reflexiona el rosarino.
Su familia, al igual que en el caso de Martina, apoya su elección. “Están orgullosos. Al principio no sabían mucho sobre robótica, pero con el tiempo fueron entendiendo lo que significa para mí. Me alientan a seguir aprendiendo y me acompañan en cada paso”, comparte.

A largo plazo es probable que me dedique a la investigación y la docencia. La astronomía será siempre mi hobby.
Valentín PoggioEstudiante
Misión a Marte
De chiquita, Martina soñaba con ser astrónoma. Pero el kit de robótica le encendió otra luz y hacia allí fue. En el caso de Aitana Ferreyra Denz, de 19 años y oriunda de Mendoza, ganaron las estrellas, las lunas y los planetas. A los 2 años empezó a hacer preguntas que aún hoy se reformula. Afirma que esa curiosidad infinita desembocó en su pasión por la astronomía. Junto con el platense Valentín Poggio, también de 19 años, fueron los únicos estudiantes argentinos elegidos para viajar en julio a la NASA. Volvieron hace unos días. Junto a otros 40 alumnos de distintos países, trabajaron durante 15 días en distintos proyectos, entre ellos el de diseñar una misión a Marte.
En Houston, Texas, y bajo la guía de reconocidos ingenieros, científicos y astronautas, recrearon lo que podría ser una de los mayores logros de las próximas décadas. “Fue una experiencia increíble. Renové mi pasión por la astronomía y el enigma que la envuelve. Es un hecho de que, al final y en su núcleo, es una herramienta humana para responder a preguntas filosóficas”, reflexiona Aitana.
“Por ejemplo, la pregunta de cómo está compuesta una estrella existe porque alguien se cuestionó alguna vez qué eran esos puntitos brillantes que vemos todas las noches. Todo empieza con alguien mirando hacia arriba, imaginando y cuestionando nuestro lugar en el Universo”, dice la estudiante.
Los agujeros negros y su naturaleza son su desvelo, asegura. Señala que lo que sabemos y lo que no sabemos de ellos ayudará a comprobar y refutar teorías sobre la gravedad, las ondas gravitacionales, la relación materia-energía, las partículas elementales y muchos temas más. “El estudio de los agujeros negros puede ayudarnos a comprender la mismísima naturaleza del espacio-tiempo”, afirma.
En el caso de Valentín, un telescopio que le regalaron sus padres a los 8 años le abrió la puerta al Cosmos. A la emoción le siguieron tutoriales y noches en vela buscando objetos celestes. Lo que empezó como un juego se transformó en la llave para pisar con Aitana el territorio de la NASA. Su deseo es capitalizar conocimientos sobre todo en ingeniería, a través del armado de cohetes y rovers, vehículos que pueden moverse sobre otros planetas o cuerpos celestes para explorar y recopilar datos.
“Me interesa mucho saber para dónde van a ir la tecnología y la ciencia. (En el sistema planetario) me fascina Titán, una luna de Saturno. Su superficie soporta una atmósfera con una presión una vez y media mayor que la que soportamos los humanos, lo que significa que podría transformarse en un ‘planeta complementario’ a la Tierra. Más protegida de la radiación, en Titán tendríamos que poner en marcha el efecto invernadero (que en la Tierra, si está en desequilibrio, puede es nocivo) para calentarla”, se apasiona Valentín.
Ganímedes, la luna más grande de Júpiter y del Sistema Solar (incluso más grande que Mercurio y Plutón) es la preferida de Aitana. “Es la única luna conocida que posee su propio campo magnético, lo cual genera auroras cerca de sus polos y sugiere actividad interna. Bajo su superficie helada, los científicos creen que existe un océano subterráneo de agua salada más grande que todos los océanos de la Tierra combinados”, explica.
¿Qué importancia creen que tiene Marte en el sistema planetario?, les pregunta Viva a Aitana y Valentín. “Marte es muy relevante por lo que puede significar para la exploración del espacio profundo. Se sabe que alguna vez fue como la Tierra. Entender los cambios que sufrió y su evolución nos ayudaría a entender qué nos pasa a nosotros. Marte es la piedra angular de la humanidad para explorar el espacio que actualmente nos queda muy lejos”, responde Valentín.
“Hoy es muy difícil salir desde la Tierra a explorar. Hay proyectos dando vueltas que proponen salir desde la Luna. Esto aportaría una expansión en la capacidad de exploración gigantesca”, agrega.
Aitana coincide y aporta lo suyo sobre el planeta rojo: “Muchos procesos geológicos en la Tierra son difíciles de analizar por la acción constante de la erosión, la atmósfera, el clima y otros factores. En Marte, esas condiciones son diferentes, lo que permite observar estructuras mejor conservadas. Esta es la base de la planetología comparada”, distingue.
“Además, Marte guarda registros del clima antiguo en sus capas de hielo. Estudiar sus ciclos de acumulación y derretimiento ayuda a reconstruir cómo fue cambiando su atmósfera y nos da pistas para responder preguntas fundamentales como: ¿hubo alguna vez vida en Marte? ¿Podemos hacerlo habitable de nuevo?”, invita a imaginar la adolescente.

Hay que explorar soluciones que puedan mejorar la calidad de vida de las personas y cuidar el planeta.
Martina Basgall SequeiraEstudiante
“Impagable” pero real
Con los pies sobre la tierra, Martina Basgall Sequeira, de 18 años, está a un paso de volar hacia la Universidad de Stanford para arrancar una nueva etapa de estudio en su vida. Egresada del Colegio Carlos Pellegrini y primera generación universitaria en su familia, la estudiante fue becada en siete de las mejores universidades del mundo. Eligió la de Stanford, en California, una institución impagable para su economía pero real para su infinita capacidad. Se va en septiembre. La exploración académica motivó su elección por la educación norteamericana.
“Uno de los aspectos que más me atrajo del sistema universitario estadounidense es que los dos primeros años están dedicados a una formación general, lo que me permite explorar distintas áreas antes de declarar oficialmente mi carrera al finalizar el segundo año. Esa flexibilidad me parece clave para poder descubrir realmente qué es lo que quiero hacer y cómo puedo aportar desde ese lugar”, explica Martina, hoy apasionada por la tecnología en su intersección con el medio ambiente.
Stanford llega después de distintos hitos en su historia. Su currículum vitae destaca un viaje reciente a Alemania, donde participó de una conferencia de la ONU tras ganar la “beca climática para jóvenes latinoamericanos” (la primera argentina en obtenerla). También, la creación del proyecto Democratizando Oportunidades, para informar sobre distintas posibilidades académicas en el mundo a través de las redes ¿El contenido? La difusión de becas, voluntariados y cursos y talleres gratuitos para jóvenes que, como ella, están construyendo su futuro.
“Encaminate hacia tus objetivos y cumple tus sueños” es una de las frases de cabecera. En un futuro cercano se ve desarrollando proyectos que generen impacto y que, de alguna forma, aporten valor a la sociedad. “Hay que explorar soluciones innovadoras que puedan mejorar la calidad de vida de las personas y, al mismo tiempo, cuidar el planeta. La tecnología, bien pensada y aplicada con responsabilidad, puede ser una herramienta transformadora para construir un futuro más justo y sostenible para todos”, avanza.

Uno de mis sueños es crear un humanoide que pueda asistir en el día a día a personas mayores o con dificultades.
Destino y futuro
Los viajes a Brasil o a los Estados Unidos son sólo el puntapié de un camino que recién empieza para los cinco adolescentes. Todos sienten que hoy el país les da las herramientas para capacitarse en sus pasiones aunque desean que la astronomía y la tecnología en su amplio espectro tengan cada vez más difusión, oportunidades y recursos.
Destacan el valor de intercambiar conocimientos con pares y valoran el apoyo de sus familias y sus profesores como pilar fundamental. Las horas que el estudio le quitó al descanso y el esfuerzo valieron la pena.
“Argentina tiene mucho potencial. El sector aeroespacial específicamente avanzó de forma sostenida y cada vez más acelerada. Desde hace muchos años, el país diseña, construye y en, algunos casos, exporta satélites, radares y otras tecnologías de alta complejidad, consolidándose como un actor relevante en América Latina”, enfatiza Aitana.
Entre los desarrollos más destacados, enumera, figuran los satélites de la serie ARSAT, los radares RPA de INVAP, y el futuro lanzamiento del cohete Aventura I. Además, Argentina colabora con agencias y países de todo el mundo. “Un ejemplo reciente es el CubeSat diseñado por equipos nacionales que participará en una misión lunar de la NASA”, señala.
La chica se imagina trabajando en alguno de estos proyectos a futuro. La entusiasma mucho la idea. “No hay que olvidarse que los sueños requieren esfuerzo, persistencia y, a veces, enfrentar desafíos inesperados. Soñar es fundamental, pero también lo es trabajar para transformar esos sueños en realidad, lo importante es no rendirse ante las dificultades y seguir adelante”, convence. Emanuel coincide. Planea desarrollarse en la robótica hasta llegar a las grandes ligas internacionales.
Martina (Talamona) y Valentín ansían sumar experiencias en el exterior para potenciarse. Valentín ya avanzó un paso más en ese objetivo. Después de la experiencia en la NASA, va a instalarse en Boston para estudiar en la Universidad de Harvard. Se imagina combinando física, matemática y filosofía. En el horizonte cercano, le interesan la Inteligencia artificial y la computación cuántica.

Tengo muy presente cuando me regalaron mi primer kit de robótica.
Martina TalamonaEstudiante
“En un futuro, mi sueño es dedicarme a la tecnología. No tengo definida el área de trabajo específica pero quiero estudiar o trabajar fuera del país; recorrer el mundo dedicándome a lo que me apasiona”, comparte Martina. “A largo plazo probablemente me dedique a la investigación y la docencia. La astronomía será siempre mi hobby preferido”, agrega Valentín.
“Mi destino siempre va a ser la Argentina. Toda mi vida hasta ahora transcurrió en Buenos Aires. Crecí en esta hermosa ciudad, y todo lo que soy está profundamente ligado a este lugar. Sé que en mi país tengo mucho por hacer”, afirma por su parte Martina (Basgall Sequeira).
Ensayo y error. Esfuerzo y voluntad. Inteligencia y estrategia. Frustración y resiliencia. Esa parece ser la fórmula de los cinco adolescentes y de todas aquellas y aquellos jóvenes que apuestan a crecer, muchas veces en el anonimato.
¿Qué va a ser del mundo en 2050? Tal vez una nave tripulada haya llegado a Marte, lo que con el paso del tiempo se vislumbra cada vez más cercano. Quizá la luna Titán sea una extensión de la vida en la Tierra, una opción sana frente a un planeta maltratado. Es probable también que los científicos hayan logrado crear once humanoides para competir en un mundial de fútbol contra once humanos. “Ese es el objetivo que nos propusimos todos los que nos dedicamos a la Robótica. ¿Quién ganará?, no lo sabemos”, sonríe el profesor Zabala.
El futuro parece incierto pero no lo es tanto. La rueda está girando y tiene un destino en donde la argentinidad puede dejar huella.
“Animémonos a ser como los hombres del Renacimiento. Evocando la esencia de los antiguos griegos, ellos diseñaban máquinas de todo tipo, estudiaban anatomía para aplicarla en sus pinturas y esculturas y levantaban maravillas arquitectónicas para usarlas como iglesias. Todo eso surgía del mismo impulso: observar, imaginar y crear. Esa es la esencia de la ciencia. Ahora nos toca a nosotros”, concluye Aitana.