Harvey Weinstein concede su primera entrevista en prisión: “Engañé a mujeres. Eso es inmoral. Pero no las agredí. No voy a pedir perdón por algo que no hice” | Cine: estrenos y críticas

Harvey Weinstein concede su primera entrevista en prisión: “Engañé a mujeres. Eso es inmoral. Pero no las agredí. No voy a pedir perdón por algo que no hice” | Cine: estrenos y críticas


En los seis años que han pasado desde que fue declarado culpable, Harvey Weinstein apenas había abierto la boca, más allá de en sus juicios. Ahora, por primera vez, ha concedido una entrevista, en este caso a The Hollywood Reporter (THR), medio estadounidense especializado en el audiovisual. Lo ha hecho desde la prisión de Rikers, en Nueva York, en la que pasa sus días. El que fuera todopoderoso productor de Hollywood está condenado a dos penas de cárcel de 16 y 23 años, aunque solo cumple cárcel por la primera, puesto que la segunda le fue revocada en abril de 2024 por una cuestión de procedimiento. Tras una avalancha de agresiones sexuales que levantó las alfombras de la industria del entretenimiento, con 100 acusaciones de mujeres, decenas de procedimientos legales y varios juicios, el neoyorquino de 73 años tiene otra vista pendiente el 14 de abril.

La charla con THR dura una hora, complementada con docenas de llamadas posteriores al periodista desde Rikers para hacerle apuntes. En ella, Weinstein cuenta que pasa 23 horas al día en su celda, y que solo tiene contacto con los guardias y los enfermeros (no hay médicos), no con presos. No socializa con nadie “porque Rikers es el infierno”, afirma, en referencia a su prisión, un enorme complejo conocido por su magnitud, su dureza y su violencia. De ahí que esté tratando de que le transfieran a una cárcel estatal. Reconoce que el aislamiento es duro, aunque es lo mejor porque es “peligroso” para él cruzarse con más gente, que le pidan dinero o favores. Una vez, incluso, le pegaron. “No duraría mucho ahí fuera”, señala.

Cuando llegó, tuvo un consultor que le ayudó a familiarizarse con los métodos y las reglas de la prisión. “Cuando enfermé el año pasado [tiene leucemia, diabetes y problemas cardíacos], me estaba congelando en mi celda”, relata. “Durante días, no pude moverme. Aquí no hay médicos. Estamos en Rikers Island, todos estos presos y ningún médico. Les supliqué: ‘Por favor, ayúdenme. Estoy enfermo. No sé qué hacer’. Finalmente me trasladaron a Bellevue. Al día siguiente me operaron del corazón. Un día más y habría muerto. Tengo cáncer de médula ósea. Me estoy muriendo aquí. Y la idea del fiscal del distrito es probablemente que muera en prisión”. Y afirma que esa idea le aterroriza: “Me da muchísimo miedo. Es frío y despiadado. Es increíble haber tenido la vida que tuve y haber hecho lo que hice por la sociedad y no recibir un trato más indulgente. Sea lo que sea lo que piensen que hice mal en mi vida, no me condenaron a muerte. En marzo cumpliré 74 años. No quiero morir aquí dentro”. Nunca ha pensado en suicidarse: “Nunca le haría eso a mis hijos”.

Su mediático caso le ha condenado a una vida en la cárcel y le ha convertido en el epicentro del movimiento MeToo, que surgió tras su caso, cuando millones de mujeres se manifestaron por haber pasado por situaciones de abusos y acoso laboral. Él asegura estar a favor del mismo y cree que ha sido bueno socialmente: “Si las mujeres estaban siendo maltratadas o explotadas, creo que fue bueno”.

En la entrevista, preguntan a Weinstein por otro gran depredador, Jeffrey Epstein. ¿Le conocía? “No. Coincidí con él una vez o dos. No estaba en mis círculos”, explica. El productor, que ha afirmado que es inocente y ha sido injustamente acusado y que todo es una caza de brujas mediática, señala que tampoco es capaz de saber si Epstein es culpable, porque ya no confía en la prensa ni en la justicia. “Los crímenes de los que se le acusa son realmente horribles. Nada como los míos”.

Sin embargo, hay montones de mujeres que le acusan de abusos, tocamientos y violaciones, y de haber acabado con sus carreras. Él insiste en que no es cierto. “¿Por qué crees que todas estas personas están tan dispuestas a mentir sobre ti?”, le pregunta el periodista, Maer Roshan. Según él, por montones de motivos; sobre todo, económicos. ”Una mujer recibió medio millón de dólares. A otra le pagaron otra cantidad. Una tercera recibió tres millones de dólares. Lo único que tenían que hacer para llevarse un cheque era rellenar un formulario en el que decían que yo las había agredido sexualmente. Así que lo rellenaron y la compañía de seguros acabó pagando decenas de millones de dólares. La gente puede decir lo que quiera sobre mí, y queda registrado públicamente. Pero muy pocas de estas historias han sido litigadas en los tribunales”, defiende. Él no ha pagado, cuenta; solo ha gastado “unos cuantos miles de dólares” en acuerdos y, eso sí “millones y millones” en su defensa; explica que tiene “propiedades y otros ingresos, pero no ilimitados”.

El productor también reconoce problemas de comportamiento, como que hundió carreras o fue mucho más allá de lo profesional. “¿Intenté ligar con algunas de estas mujeres, sin éxito? ¿Me pasé de la raya? Sí. ¿Fui insistente o demasiado seductor? Sí, todo eso. Mira, nunca debí haber salido con las personas con las que salí. Estaba casado con una mujer fantástica [la diseñadora Georgina Chapman] que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Mentía constantemente. Utilicé indebidamente a mi personal para ocultar estas cosas. Pero, ¿alguna vez agredí sexualmente a una mujer? No. Nunca hice eso”. Asegura que sí mantuvo asuntos en secreto fue para protegerse de las consecuencias de su infidelidad y para que Disney —la compañía con la que trabajaba junto a su productora, Miramax— no se enterara. “Estaba haciendo cosas mal, aunque no eran agresiones sexuales”. También cree que, en cualquier caso, él es el único culpable, no personas de su entorno. “Les empujé a mentir. Mis empleados eran fantásticos. Mentían como nadie. Pero yo lo hice, todo es cosa mía”.

Weinstein afirma que invitaba a mucha gente a reunirse con él, a visitarle en hoteles y oficinas, tanto hombres como mujeres. No esperaba intercambios sexuales con todas, matiza. “Muchas personas vinieron a verme. Pero había algunas mujeres que sabían exactamente lo que se esperaba de ellas. Quizás se sintieron mal después o se arrepintieron. Quizás vieron una oportunidad de obtener una compensación económica. No todas eran tan ingenuas como les gustaba aparentar”, asegura, recordando el veredicto de su caso en junio de 2025, en el que tres mujeres le acusaban; solo se pudieron probar los hechos de una de ellas. “No fui declarado culpable por [la acusación de la modelo] Kaja Sokola, que dijo que la había violado. Ganamos porque en su diario escribió sobre cuatro hombres que la agredieron. Pero lo único que escribió sobre mí en su diario fue que Harvey la había decepcionado. Harvey la decepcionó, porque no la convertí en una estrella. Y muchas de estas mujeres eran actrices y no consiguieron lo que querían”.

El entrevistado pone de relieve el desequilibrio de poder entre jóvenes aspirantes veinteañeras y un todopoderoso productor de Hollywood. Él lo reconoce, afirmando que puede ser difícil y dar miedo, pero que “está lejos de un ataque sexual”. “Ligué en exceso, pero no agredí a nadie. Y me he sometido a detectores de mentiras para demostrarlo”. Reconoce que sobrepasó los límites: “Podía ser un abusón de primera. Fui autodestructivo. Pero esas aventuras me liberaban de parte de la presión de la vida que llevaba. Era una tentación que siempre estaba ahí, y siempre cedía a ella. Era estúpido y estaba mal”.

“Puede que sea un tipo duro, pero no estoy loco”, asegura. “Solo diré que Rosanna Arquette, Gwyneth Paltrow y Angelina Jolie exageraron. Querían formar parte del club y me destruyeron”. Y sigue citando nombres, como el del director Peter Jackson, que contó que Weinstein le pidió que no trabajara con actrices que él vetó, como Mira Sorvino o Ashley Judd. Él, en cambio, asegura que intentó que Judd formara parte del reparto de El indomable Will Hunting, pero que al final lo logró Minnie Driver. “Peter Jackson es lo peor. Para él es algo personal. Sigue resentido conmigo por El señor de los anillos”, asegura. “Es una puta mentira. Si vuelve a decirlo, le denunciaré”.

Para él, que Paltrow hable mal de él es una de las cuestiones más dolorosas porque eran “buenos amigos”, relata. Ella contó que, con 22 años, él la citó en un hotel, le puso las manos encima y sugirió que se dieran masajes. Él tiene otra versión. “No sé qué la llevó a decir eso. Salí de una agradable reunión con ella y le dije: ‘¿Qué tal un masaje?’. Y ella simplemente respondió: ‘No, creo que no’. Entendí el mensaje. Nunca le puse las manos encima. Se lo contó a Brad Pitt. Brad Pitt vino a verme y me dijo: ‘No hagas nada de eso con mi chica’. Le dije: ‘No te preocupes, Brad. Lo entiendo’. Pero entonces Gwyneth va a [el programa de] Howard Stern y a The New York Times y le da mucha importancia a todo el asunto. Ella sabe que no pasó nada. Pero esta persona, que era mi amiga y que me debe su carrera, me apuñala por la espalda. No la perdonaré por eso”.

Todo ello le ha llevado a la reflexión y a una inevitable retrospección. “Pienso infinitamente en qué habría hecho de una manera diferente si tuviera otra oportunidad”, reconoce. “Habría respetado más a esas mujeres. Nunca habría estado con ellas, para empezar. Habría sido fiel en mi matrimonio. Habría dicho: ‘Tengo una familia. La protegeré’. Fui un imbécil. Lo admito”, reconoce. No ha pedido disculpas individuales, pero sí “en general”. “No puedes decírselo cuando estás en un juicio con ellas. Pero hoy lo diré aquí: pido perdón a esas mujeres. Lo siento. No debería haber estado con ellas, para empezar. Las engañé”. Y no solo a ellas: “Las engañé. Engañé a mis dos esposas. Eso es inmoral. Pero no las agredí [a las denunciantes]. Esa es la gran mentira de todo esto. No voy a pedir perdón por algo que no hice. Se demostrará mi inocencia. Se lo prometo”.

Harvey Weinstein y Georgina Chapman

Él achaca ese ansia de triunfo a un trauma de infancia, a ver a un tío rico “pisotear” a su padre. “Mi tío era rico y poderoso y aspiraba a ser como él, más que como mi apaleado padre. Perdí mi camino”.

En la larga introducción al reportaje, el entrevistador —Maer Roshan, periodista y codirector de THR— explica que durante toda la entrevista Weinstein está vigilado y acompañado por su agente, Juda Engelmayer, y por varios guardias de seguridad. “Te he dado una puta exclusiva mundial. Oprah me la suplicó, y Tina Brown, y la NBC…”. La única actividad diaria de Weinstein es hablar por teléfono: tiene oportunidad de hacer una llamada de entre 16 y 18 minutos cada tres horas. “Es mi línea de vida”, reconoce. Habla con tres de sus cinco hijos (tiene tres hijas adultas con su primera mujer, Eve Chilton, y dos adolescentes con la segunda, Chapman). “Cada día hablo con mis tres hijos, la mayor, que tiene 30, el de 12 y la de 15. También con mis abogados y con algunos amigos. Es lo único que me mantiene cuerdo”. Explica que los pequeños saben “todo” de su historia: “Les he dicho que nunca abusé sexualmente de nadie, y me creen”, asegura. En Rikers apenas recibe visitas.

Sus otras dos hijas adultas han puesto distancia con él e incluso se han cambiado el apellido. Ha intentado ponerse en contacto con ellas, pero “nunca responden”. Él cree que acabarán recuperando el contacto. “Estoy seguro de que lo haré, cuando salga de aquí y demuestre mi inocencia. Gané la última apelación. También ganaré esta. Cuando estoy tumbado en esa celda y pienso en ellos, solo quiero que sepan que los quiero. No hice las cosas que ellos creen que hice”.

Ryan Phillippe, Reese Witherspoon, Harvey Weinstein

Ha perdido el contacto con mucha gente: “Me da miedo llamar a la gente porque no quiero que los cancelen por hablar conmigo. Es una cultura de locos. Es macartismo”, asegura, en referencia a la caza de brujas del senador McCarthy en los cincuenta. “Soy un caso perdido. Soy la cancelitis. Tóxico. Si contestas a mi llamada, te cancelan. Lo entiendo. No espero que nadie destruya su carrera por mí. Pero algunas personas se arriesgan de todos modos. No voy a decir quiénes son, obviamente”.

También entiende la distancia con su hermano Bob, su socio en Miramax. “Está desesperado por trabajar, y esto también acabó con su carrera. Solo espera que, al hablar mal de mí, pueda volver a trabajar. Por desgracia para él, nunca le dejarán volver a trabajar. Está atrapado conmigo”. Y asegura: “Hice cosas malas y feas. Pero también hice muchas cosas buenas: ayudé a cambiar la cultura. Impulsé muchas carreras profesionales. Fui amable con mucha gente. No soy una víctima. Soy un superviviente. Un superviviente de mis propios defectos. Pero estoy en una situación difícil, y lo sé. Tengo que animarme a mí mismo porque nadie más lo hará”.