El grito quebrado de una madre atravesó el cordón policial y desactivó lo que podía terminar en otra tragedia. “¡Hacelo por mí! ¡No te hagas matar!”, le suplicó al hombre que permanecía armado dentro de una vivienda rodeada por efectivos. Minutos después, Juan José Juárez (28), alias “el Negro Juan”, salió con las manos en alto y quedó detenido.
Juárez está imputado por la fiscala Silvana Fernández por presunta privación ilegítima de la libertad, tenencia ilegal de arma y lesiones gravísimas calificadas. Los investigadores lo señalan como un actor central en el ataque a tiros ocurrido el 1° de febrero en barrio Yapeyú, donde Luna, de 22 años, recibió un disparo por la espalda y quedó hemipléjica.
Prófugo, rehén y atrincherado
El sospechoso llevaba más de diez días moviéndose entre distintos domicilios del sudeste de la ciudad. Según fuentes policiales, habría utilizado más de 20 casas para evitar ser localizado.
Horas antes de su detención, y tras enterarse de que era buscado, habría obligado a una adolescente de 16 años a acompañarlo en motocicleta. La joven declaró luego que fue llevada contra su voluntad y que Juárez portaba un arma de fuego.
El recorrido terminó en barrio Pueyrredón. Alertados por movimientos extraños, vecinos llamaron al 911. Cuando la Policía llegó y entrevistó a la menor, esta confirmó que estaba retenida y que el hombre seguía armado dentro de la vivienda.
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El lugar fue rodeado y se convocó al grupo especial Eter de la Policía de Córdoba. Durante casi dos horas, Juárez se negó a salir. La tensión escaló hasta que apareció su madre, quien desde detrás del perímetro comenzó a gritarle que se entregara. Finalmente, el hombre depuso su actitud sin que se efectuaran disparos.
El rol en la balacera
Para los pesquisas, Juárez no solo habría provisto las armas utilizadas por tres menores ya detenidos en el Complejo Esperanza, sino que también habría participado activamente del ataque.
De acuerdo con testimonios incorporados a la causa, el hombre habría estado parado frente a la vivienda donde se encontraba Luna y habría disparado hacia el frente del quiosco familiar. En la escena se contabilizaron al menos 21 impactos de bala.

La joven había terminado su jornada laboral minutos antes y estaba sentada en la vereda cuando comenzaron los disparos. Uno de los proyectiles ingresó por su espalda. Días después, desde el hospital, relató que tras escuchar las detonaciones dejó de sentir las piernas.
Un entramado de violencia
La investigación también analiza la posible conexión entre la balacera y un robo violento ocurrido horas antes en la misma zona, además de conflictos previos entre grupos del barrio. Incluso se indaga un episodio vinculado al presunto robo del perro de la víctima y una discusión posterior.
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Con la detención de Juárez, la fiscalía considera que quedó apresado el único mayor de edad señalado como partícipe directo del ataque. El caso, sin embargo, continúa abierto y no se descartan nuevas imputaciones.
La escena final —una madre implorando para evitar que su hijo muriera en un enfrentamiento— expuso, además del delito puntual, una trama más profunda: armas que circulan en los barrios, adolescentes involucrados en hechos graves y una violencia que se multiplica por viejas rivalidades.








