La guerra en Oriente Medio volvió a sacudir con fuerza a los mercados globales. En el arranque de la semana, las bolsas internacionales se desplomaron y el petróleo se disparó hasta 30%, en una reacción que expuso el creciente temor de los inversores a una escalada prolongada del conflicto y a sus consecuencias sobre la economía mundial.
El dato más sensible pasó por el mercado energético. El barril de crudo West Texas Intermediate (WTI), referencia en Estados Unidos, llegó a trepar hasta los US$119,48, aunque luego moderó parte de esa suba. El Brent del Mar del Norte, referencia para Europa, también superó brevemente los US$119. En paralelo, el gas natural en Europa saltó 30% en los contratos de futuros del TTF neerlandés.
Los temores de Kristalina Georgieva del FMI si la Guerra de Medio Oriente se prolonga
La reacción de los mercados no fue aislada. El nuevo salto del petróleo se combinó con fuertes bajas bursátiles en Asia y Europa, una mayor búsqueda de refugio en el dólar y renovados temores por una nueva ola inflacionaria a escala global. El conflicto, que ya entró en su segunda semana sin señales concretas de tregua, empieza a ser leído por los operadores como un factor con capacidad de alterar precios, cadenas de suministro y expectativas de crecimiento.
Bolsas en rojo y dólar fortalecido
El impacto se hizo sentir primero en Asia. La Bolsa de Seúl, una de las que mejor venía performando en lo que va del año gracias al empuje de las tecnológicas, cerró con una caída de 5,96%. Tokio perdió 5,2% y también se registraron bajas relevantes en Hong Kong, Shanghái, Taipéi, Sídney, Singapur, Manila y Wellington.
Europa abrió en la misma sintonía. En los primeros intercambios, París retrocedía 2,59%, Fráncfort 2,47%, Londres 1,57%, Madrid 2,87% y Milán 2,71%. En Estados Unidos, los futuros de Wall Street ya habían anticipado el deterioro la semana pasada, con bajas superiores al 2% en los tres principales índices.
En ese contexto, el dólar volvió a fortalecerse por su condición de activo refugio. Cada vez que un shock geopolítico amenaza con alterar la normalidad del comercio global o tensionar los precios de la energía, los inversores tienden a desarmar posiciones de riesgo y refugiarse en liquidez, bonos del Tesoro y moneda estadounidense.
Según alertan los analistas internacionales, la combinación de acciones en baja, dólar firme y commodities energéticos en alza configura uno de los escenarios más incómodos para la economía global: menos apetito por riesgo, mayor presión sobre costos y dudas sobre la trayectoria de la inflación.
Petróleo, Ormuz y el riesgo de un nuevo shock inflacionario
La suba del crudo tiene un trasfondo concreto. En los últimos días se reportaron ataques contra campos petrolíferos en el sur de Irak y en la región autónoma kurda del norte iraquí, lo que obligó a reducir la producción. Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait también recortaron su bombeo en medio de ataques iraníes sobre sus territorios.
A eso se suma un elemento central para el equilibrio energético global: la interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo y del gas que se consume en el mundo. Con ese cuello de botella prácticamente paralizado desde el inicio del conflicto, el mercado empezó a poner precio a un escenario de escasez o, al menos, de severa disrupción logística.

Por eso los países del G7 ya estudian recurrir de manera coordinada a sus reservas estratégicas de petróleo para intentar contener la escalada. La opción será discutida por ministros de Finanzas del grupo, mientras la Agencia Internacional de la Energía mantiene la exigencia de que sus miembros conserven reservas equivalentes a 90 días de importaciones.
La preocupación de fondo es que el encarecimiento de la energía no quede limitado al mercado petrolero, sino que termine filtrándose al resto de la economía. Transporte, producción industrial, alimentos, logística y tarifas son algunos de los canales por los que un barril por encima de los US$100 puede trasladarse rápidamente a precios.
Stephen Innes, de SPI Asset Management, resumió a AFP el temor del mercado con una definición contundente: el petróleo por encima de los US$100 “no es solo el repunte de una materia prima”, sino que “se convierte en un impuesto sobre la economía global”.
El dilema de las potencias: seguridad, reservas y precios
Desde Estados Unidos, Donald Trump buscó relativizar el impacto económico de la suba del crudo al sostener que ese costo sería menor frente al objetivo estratégico de neutralizar “la amenaza nuclear de Irán”. Sin embargo, más allá del discurso político, los mercados reaccionan con otra lógica: cuanto más se extiende la incertidumbre, mayor es la prima de riesgo que incorporan los precios internacionales.
Ese es hoy el principal temor de los inversores y de los bancos centrales. Si los precios de la energía permanecen elevados durante varias semanas, la desaceleración inflacionaria que varias economías intentaban consolidar podría sufrir un freno abrupto. Y con eso también se complicaría el margen para bajar tasas de interés o estimular la actividad.
La guerra en Oriente Medio, así, dejó de ser solo una crisis geopolítica para convertirse en un factor económico de alcance global. El derrumbe de las bolsas, el salto del petróleo y la presión sobre el gas muestran que el conflicto ya entró de lleno en la agenda de los mercados. La incógnita ahora es cuánto tiempo podrá sostenerse esta tensión sin derivar en un daño más profundo sobre crecimiento, inflación y confianza.
Fuente: AFP








