Güeras Aliadas, el empeño de dos estadounidenses para localizar a los migrantes perdidos en el laberinto del ICE | Inmigración en Estados Unidos

Güeras Aliadas, el empeño de dos estadounidenses para localizar a los migrantes perdidos en el laberinto del ICE | Inmigración en Estados Unidos


El 24 de diciembre pasado, cuando la familia se disponía a celebrar la tradicional cena de Nochebuena en su casa de Oaxaca, en México, Fernanda (nombre ficticio) se quedó paralizada al ver un vídeo que le apareció en TikTok sobre una detención de migrantes en Alabama por parte de los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por las siglas en inglés). Uno de los detenidos parecía ser su padre. El vídeo era del día anterior. Desesperada, corrió a contárselo a su madre, que en un primer momento no lo creyó. Intentó contactarle, pero las llamadas no entraban y no recibían respuesta a sus mensajes.

Hacía cuatro años que había emigrado a Estados Unidos para mejorar los ingresos de la familia. No había duda, era él. Sin noticias, sin saber dónde buscar información ni a quién acudir, los días que siguieron fueron angustiosos. Aunque estaba escéptica del resultado que podría traer, a Fernanda se le ocurrió escribir en el buscador de TikTok: “Cómo localizar a una persona detenida por el ICE”. La red social la dirigió a las Güeras Aliadas. “Creí que a lo mejor era un fraude, que me querían estafar, pedir dinero. Pero pensé que no perdía nada por intentarlo y rellené el formulario. Y me contactó Devyn por WhatsApp”.

Devyn Brown forma junto a Kathryn Coiner-Collier las Güeras Aliadas, un proyecto para localizar a los migrantes detenidos por los agentes federales y ponerlos en contacto con sus familias. La idea surgió en noviembre, durante la operación contra la inmigración que el Gobierno de Donald Trump lanzó en Charlotte, Carolina del Norte, donde viven. Unos 200 agentes de la Patrulla Fronteriza fueron desplegados en la ciudad en una campaña que duró hasta diciembre y se saldó con más de 400 detenidos. Brown, maestra de profesión, y Coiner-Collier, trabajadora social, salieron a la calle para protestar contra la presencia de los agentes y repartir silbatos y panfletos informativos con los derechos de los migrantes.

Indignadas con las redadas y queriendo ayudar a los migrantes, realizaron vídeos informativos que publicaron en una cuenta en las redes sociales. Coiner-Collier tenía una amplia experiencia ayudando a migrantes en los tribunales y había trabajado en el infame centro de detención de Dilley. Brown tenía experiencia en tratar con latinos. Ambas han vivido en algún momento de sus vidas en países de América Latina. A los pocos días, una mujer de Honduras les contactó pidiendo ayuda para localizar a su esposo, que había sido detenido. Fue la primera de muchas. Se dieron cuenta de las barreras que los extranjeros tenían para localizar a sus seres queridos que habían sido arrestados por el ICE y decidieron ayudarles.

Contaban con dos cualidades privilegiadas: son ciudadanas de EE UU y hablan español. Dos factores importantes si se tienen en cuenta las barreras que encuentran quienes tienen que lidiar con la Administración para localizar a sus familiares: no entender el idioma, el miedo a identificarse (muchos son indocumentados), la inexistencia de un número de teléfono de EE UU o de una cuenta bancaria a su nombre. La mayor parte de quienes recurren a las Güeras residen en el extranjero. “Pensamos que teníamos el poder de contactar a las agencias del ICE sin miedo y también que podíamos comunicarnos en español. Era obvio que la gente necesitaba este servicio y decidimos enfocarnos en eso. Sin anunciarnos, nos contactaron unas 30 personas pidiendo ayuda”, explica Coiner-Collier.

Desde noviembre han ayudado a unas 200 familias en su búsqueda, proporcionando un alivio a quienes se consumen en la angustia de no saber dónde se encuentran sus seres queridos o de no poder hablar con ellos para saber su estado.

Las Güeras han aprendido sobre la marcha. El primer paso es la ubicación del detenido. La búsqueda se inicia en el sitio web Sistema de Localización de Detenidos en Línea (ODLS, por las siglas en inglés), donde sus nombres pueden tardar días en aparecer. Si no hay suerte, lo intentan en la Línea de Información sobre Detención y Remociones (DRIL) y, si tampoco aparece, se comunican con las distintas oficinas del ICE, repartidas por todo el país, donde casi nunca consiguen hablar con nadie. Si tienen suerte y alguien responde, existe una alta probabilidad de que no les resuelvan nada, como mostró Brown al publicar un vídeo de una de esas llamadas que se hizo viral.

@inmigracion.ok

Güeras Aliadas: Un proyecto social voluntario liderado por dos ciudadanas estadounidenses dedicadas a localizar a familiares detenidos por ICE 🧊. Estas aliadas brindan un apoyo vital para que las familias logren comunicarse con sus seres queridos en momentos críticos 📱❤️. El proyecto ofrece orientación y acompañamiento estratégico para superar las barreras del complejo sistema migratorio 🇺🇸⚖️. Su misión principal es mantener a las familias unidas y asegurar que nadie enfrente este proceso en total soledad 💪. Con empatía y compromiso, demuestran que la solidaridad ciudadana es una herramienta clave para proteger y fortalecer a nuestra comunidad 🌎✨.

♬ original sound – Inmigración OK Abogados – Inmigración OK Abogados

Una vez localizado el centro en el que se encuentran los detenidos, lo que suelen conseguir en unos días, el siguiente paso es ponerles en contacto con la familia. Como los centros de detención están gestionados por empresas privadas, cada uno dispone de su propio sistema de comunicación para los detenidos. Lo primero es abrirles una cuenta y cargarla con dinero para que puedan hacer llamadas, pero suelen necesitar su número A, el número de extranjero. Algunos no lo tienen y la mayoría de las familias lo desconocen. Para conseguirlos les envían primero cartas, donde además les mandan los números de teléfonos de los familiares, que casi nadie recuerda de memoria (¿Quién se los sabe desde que usamos móviles?). “En cuatro meses nos hemos topado con docenas de sistemas privados de comunicación. Unos te piden disponer de una tarjeta de crédito, o una cuenta en el banco, otros que escanees tu identificación o tu imagen, cuando muchos no quieren hacerlo porque son indocumentados”, explica Coiner-Collier. La dificultad ha ido en aumento porque, gracias a los acuerdos 287g, de colaboración con las cárceles locales, es aún más complicado comunicarse con los detenidos.

Para solventar el problema, las Güeras usan una cuenta propia, cuyos fondos provienen en gran medida de las donaciones que les llegan de todas partes del mundo. “Para mí recibir una donación de Dinamarca con una nota que dice ‘gracias por su trabajo’ es muy fuerte. Nuestro país tiene el poder de ayudar a todo el mundo porque tenemos mucho dinero, y es muy fuerte tener que recibir donaciones y que todo el mundo vea cómo el Gobierno está tratando a las personas”, lamenta Coiner-Collier.

Las donaciones van en paralelo a la difusión de sus vídeos. Las Güeras se quejan de que desde enero, con motivo de la compra de TikTok por parte del dueño de Oracle, Michael Dell, un billonario amigo de Trump, la difusión de sus vídeos ha caído en picado. Si antes una de sus publicaciones tenía 20.000 visitas, ahora no superan las 400 y hay vídeos que no reciben ni una.

La difusión en las redes sociales es fundamental para llegar a sitios remotos, como un pueblo perdido en Honduras o Guatemala. Pero no solo allí. Carolina Remicio encontró a las Güeras en TikTok desde Toronto, en Canadá, donde reside. Para esta mujer peruana, las Güeras “son personas que nos cayeron del cielo”. Remicio estaba desesperada porque no sabía cómo localizar a Maciel, la pareja de su hijo. “Yo intentaba buscarla, pero las páginas estaban en inglés y yo no lo hablo. Hay muy poco que podíamos hacer desde aquí”.

Los dos jóvenes, que llevaban algo más de un año viviendo en Estados Unidos, quisieron mudarse a Canadá para huir de la persecución que la Administración Trump está llevando a cabo contra los migrantes. El 5 de enero los detuvieron en el aeropuerto. Él salió libre y Maciel fue entregada al ICE. Brown se hizo cargo del caso, la localizó y consiguió que pudiera hablar con la familia desde los varios centros de detención por los que pasó: Niágara, Luisiana, Arizona y Texas.

Dos veces la han sacado del avión en el que iba a ser deportada, después de haber firmado la petición de autodeportación para poner fin al sufrimiento de estar detenida. En una carta enviada a Brown, dejó constancia del maltrato al que fue sometida: “Pasamos cerca de cuatro días sin agua. Los baños eran completamente un desastre, sucios, con un olor insoportable que me dolía la cabeza y la nariz. Las náuseas eran infinitas. Nos tocaba comer en el mismo cuarto donde el olor era insoportable”. También denunció la calidad de la comida, muchas veces caducada, y que durante una semana fue solo a base de pan, mortadela y snacks Lays. “El trato aquí es pésimo, nos gritan como a animales”, contó. En momentos tan difíciles, el contacto que las Güeras establecen es la esperanza que necesitan. “Te escribo para agradecerte todo el apoyo que he recibido de tu parte. Sentí que no estaba tan sola en este país como pensaba”, dijo en la carta. Maciel fue finalmente deportada a Perú el 25 de marzo.

Un mensaje de las Güeras fue también lo que devolvió la esperanza a Fernanda y su padre. Después de localizarle, le escribieron para darle el número de teléfono en el que podía llamar a su hija. A partir de ese momento, la comunicación fue casi constante hasta que fue deportado, el 5 de marzo, después de dos meses de sufrir el encierro, la falta de comida y las medicinas que necesitaba para su hipertensión. Ahora se encuentra ya en Oaxaca y Fernanda espera poder recibir algún día a Brown para agradecerle las gestiones.

Las Güeras cuentan con voluntarios, pero lamentan no tener el tiempo ni los recursos necesarios para poder entrenar a todos los que les gustaría. Unas 60 personas han colaborado con diferentes tareas y ahora cuentan con algo más de una decena. Muchos más se han ofrecido a colaborar, pero no dan abasto para enseñarles. Ambas son profesionales y madres de niños pequeños, que ya participan del entusiasmo de sus madres por ayudar. “Mi hijo de cinco años sabe lo que estamos haciendo y quiere participar. Le gusta hacer dibujos en las cartas que mandamos. Ser mamá no va contra el trabajo que estamos haciendo, sino que forma parte de ello”, sostiene Brown.

Además de continuar su labor, las Güeras están planeando un nuevo proyecto en el que recopilarían las grabaciones de los testimonios de quienes han estado detenidos y sus familiares. Una evidencia para dejar constancia del momento que viven. “Una plataforma para que la gente como nosotros, güeros, sepan la verdad de lo que está pasando, no lo que dice el Gobierno que está pasando”, afirman.