Gianluca Prestianni, entre el ruido tras el escándalo con Vinicius y la contención de Scaloni con el sueño de jugar el Mundial 2026

Gianluca Prestianni, entre el ruido tras el escándalo con Vinicius y la contención de Scaloni con el sueño de jugar el Mundial 2026

La llegada de Gianluca Prestianni a la Selección Argentina le permite a la Scaloneta el planteo de un nuevo trabajo de cara al Mundial 2026. No porque el ex Vélez sea un número puesto entre los 26 nombres que defiendan el título conseguido en Qatar 2022, si no porque encarna un caso testigo que la FIFA intentará tener en el tapete del Mundial que se avecina y repartirá entre Canadá, México y Estados Unidos: el intento por erradicar la xenofobia.

Prestianni no es racista, pero protagonizó semanas atrás uno de los episodios más resonantes con Vinicius, brasileño del Real Madrid, como presunta víctima. Pese a que no se comprobara la acusación -que el argentino admitió otro improperio y no el que se le sindicaba-, la UEFA terminó sancionando por racismo al ahora convocado por Lionel Scaloni. Es que el zurdo del Benfica apeló a estereotipos despectivos duramente penados.

Incorporado al grupo cuando la cuenta regresiva al Mundial es más corta, tiene para Prestianni un propósito por partida doble: lograr la pertenencia a un grupo que en este Mundial jugará por última vez con Lionel Messi. Hacerse un lugar en la Selección, pero también quitarse el estigma de los prejuicios raciales o violencia simbólica.

La xenofobia es un flagelo que el fútbol suele reflejar. Una sociedad racista se expresa de tal modo en la cancha, en el tren, en el ámbito laboral, la escuela o donde sea. Con grandes multas para los clubes con simpatizantes de estereotipos despectivos, la organización del fútbol intenta cierta concientización. Para erradicarlo, parte de la batalla cultural consiste en medidas ejemplificadoras.

Y ahí está el punto, la importancia de que la Scaloneta tome el caso Prestianni para educar con el ejemplo, pero también para apiolarse: un provocador insoportable como Vinicius tiene a mano el disfraz de víctima para usarlo en el momento justo, es decir cuando recibe el insulto racista.

Tal vez Prestianni nunca imaginó que iba tener que demostrar que podía estar en la Selección y a la vez que no es racista. De lo primero, da cuenta su breve historial: desde que entró a la cancha de Vélez a los cuatro meses en brazos de Lucas Castromán, su horizonte siempre fue el fútbol. Tenía tres años cuando ya jugaba en Juventud Unida de Ciudadela.

Después pasó a Villa Real, donde Pino Hernández -delantero de Vélez entre la década del 70 y 80 y, entre otros, descubridor de Nicolás Otamendi- lo llevó a Vélez. Ahí entrenaba sin categoría, hasta que se formó la 2006, que comenzó con un triunfo y dos goles suyos. Se decía que jugaba como un 10 y tenía la rapidez de un wing: a los 15 años pasó de la octava a la Reserva sin escalas.

Con 16 años, 3 meses y 21 días debutó ante Estudiantes y se convirtió en el futbolista más joven en la Primera de Vélez. Lo puso Julio Vaccari -el mismo que lo había llevado a Reserva- para jugar los últimos minutos y antes de que Joel Soñora dejara la cancha para permitir su ingreso, el jugador con la 42 en la espalda recibió una orden táctica clara: “Tenés 10 minutos para hacer lo que quieras”.

Su primer gol llegó un tiempo después, ante Central Córdoba en un partido que también le tocó ingresar a los 35 del segundo tiempo. Lenny Lobato encabezó un contragolpe notable por izquierda y le sirvió la pelota en el centro del área: en vez de pegarle de primera, hizo una pausa, dejó que el arquero se desparrame y recién después definió al arco vacío. El padre, lloraba en la tribuna mientras el Amalfitani era una fiesta.

También la pasó mal en el Fortín antes de irse. Los resultados no se daban, el equipo del Tigre Gareca hacía agua y la gente, se decía en la redes, afirmaba que los jugadores no querían ganar. Después de un empate ante Huracán, la barra emboscó a los futbolistas cuando se marchaban y Prestianni, que iba solo en su auto, recibió alguna cachetada.

Así se fue de Vélez luego de salvar la categoría y con el fútbol europeo como desafío. Ahí en el Benfica, en la ida de los octavos de final de la Champions League, Prestianni se cansó de las provocaciones de Vinicius, se tapó la boca con la mano y le dijo algo. El brasileño dijo que fue ‘macaco’ o ‘mono’, él que en verdad le dijo ‘maricón’. Lo que haya sido estuvo mal y terminó en sanción.

Esa es la mancha que deberá sacarse en la cancha, jugando y sin hablar. O al menos no taparse la boca cuando tenga algo para decir.