Donald Trump regará la maquinaria bélica del Kremlin con miles de millones de dólares para sostener la presión en los mercados de su agresión contra Irán. Estados Unidos ha levantado temporalmente las sanciones impuestas a la venta de crudo y otros productos petrolíferos rusos que ya estaban cargados en navíos antes del 12 de marzo. La concesión durará un mes, si Trump no la prorroga en el futuro, y podría suponer la colocación en los mercados de unos 100 millones de barriles de petróleo ruso, según el enviado especial de Putin y director del Fondo de Inversión Directa ruso, Kiril Dimitriev. En una primera reacción desde Bruselas, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, ha criticado “la decisión unilateral” de Estados Unidos. “Es muy preocupante”, ha señalado el portugués en sus redes sociales, informa Manuel V. Gómez.
“En el contexto de una creciente crisis energética, una mayor flexibilidad sobre las restricciones a los recursos energéticos rusos parece cada vez más inevitable”, ha manifestado Dimitriev al cantar victoria en sus redes sociales.
Ucrania siempre ha hecho de las sanciones contra Rusia su asfixia económica y de la necesidad de poder emplear los fondos bloqueados a Moscú uno de los pilares de su defensa ante la gran invasión desatada en 2022. Por eso, la decisión de desbloquear el petróleo del Kremlin para controlar el ascenso del precio en plena guerra contra Irán supone un varapalo para las políticas que lidera el presidente Volodímir Zelenski, de visita hoy en París.
El secretario del Departamento del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha enfatizado que el permiso concedido por su Oficina de Control de Activos Extranjeros solo se aplica al petróleo ruso que ya se encuentra en tránsito en alta mar.
Duro golpe para Zelenski
Las conversaciones entre el presidente Emmanuel Macron y Zelenski tienen precisamente de fondo el deseo de Ucrania de elevar la presión contra Moscú y endurecer las sanciones sobre Rusia. La actividad de la denominada “flota fantasma” de buques petroleros con los que el Kremlin trata de sortear el bloqueo impuesto a su crudo es una de las principales preocupaciones de Zelenski. Por eso la estrategia adoptada por EE UU supone un duro golpe en la línea de flotación de su política internacional.
El mandatario ucranio busca, además, ante Macron, su principal aliado europeo, que la contienda en su país no quede del todo apartada de la agenda internacional después de que los contactos entre Kiev y Moscú que supervisaba Washington hayan sido suspendidos sine die por los ataques sobre Teherán y el recrudecimiento de la situación en el Golfo.
Por tanto, si Trump no cambia de opinión en el futuro, todo el petróleo que extraiga Rusia, menos el que ya se encuentra en estos navíos, seguirá bajo las restricciones estadounidenses.
Washington ya había levantado la semana pasada su veto a la venta de petróleo ruso a la India. El anuncio de este viernes es la confirmación oficial de que Estados Unidos hará la vista gorda a cualquier otro cliente que quiera adquirir el crudo que Rusia había almacenado en su flota en alta mar durante estos meses de bloqueo.
La carta blanca estadounidense también permitirá al Kremlin la venta de su petróleo sin tener que ofrecer los enormes descuentos que su barril tenía cuando adquirirlo podía ser problemático para sus clientes a causa de las sanciones. Antes de la guerra de Irán, el barril ruso ofrecía un descuento de hasta 30 dólares sobre el barril medio internacional. Si el Brent valía 70, el ruso se podía comprar a 40, bajo el riesgo de ser sancionado.
Un parche cortesía de Estados Unidos
El levantamiento parcial de las sanciones se produce justo cuando las cuentas del Kremlin eran golpeadas por un creciente déficit debido a las sanciones que impuso Trump a sus dos grandes petroleras, Rosneft y Lukoil, en otoño. Días antes de que comenzasen los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán, el ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov, anunció nuevos recortes en los presupuestos para restituir el colchón ruso anticrisis, el Fondo Nacional de Bienestar.
El déficit público ruso alcanzó los 3,4 billones de rublos entre enero y febrero, unos 37.000 millones de euros, casi el objetivo marcado por el Gobierno para todo 2026. Aunque los datos están distorsionados porque el principio del año se caracteriza por la ejecución de muchos gastos, este curso ha comenzado con una caída del 10% de los ingresos totales del presupuesto, entre ellos un desplome a la mitad del dinero proveniente de los hidrocarburos.
Según una estimación del diario británico Financial Times, Rusia ingresará unos 150 millones de dólares extra cada día que estas sanciones estén parcialmente suspendidas.
Esto restituye parte de las pérdidas provocadas por las sanciones en las arcas rusas. Un informe de la Agencia Internacional de la Energía citado por Bloomberg estima que Rusia vendió unos 6,6 millones de barriles diarios en febrero, aproximadamente unos 184 millones en todo el mes de 28 días. Esto supuso unos 9.500 millones de dólares de ingresos, alrededor de 1.500 millones menos que el mes anterior.
En cualquier caso, esta inyección de liquidez extra no le parece a los expertos que cambie el rumbo de una guerra, es decir, de la invasión contra Ucrania, que iba a continuar de todas formas. Los problemas económicos rusos no provienen de sus presupuestos, sino de una economía civil totalmente desequilibrada por el consumo de la industria militar de estos últimos cuatro años, y los hidrocarburos solo suponen una cuarta parte de los ingresos del Kremlin, no más de la mitad de los presupuestos como en el pasado. Además, una inyección repentina de divisas podría fortalecer aún más el rublo, dañando todavía más la competitividad de las empresas rusas.
Pese a la lluvia de dinero provocada por la guerra Trump, el Ministerio de Finanzas mantiene su intención de recortar los gastos y endurecer su norma presupuestaria. Moscú no cree, al menos por ahora, que la crisis energética actual se prolongue a lo largo del año.
La Casa Blanca y el Kremlin han mantenido una línea directa de comunicación sobre la crisis energética desde que comenzaron los ataques contra Irán sin aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU. Donald Trump anunció que suavizaría las sanciones a los sectores petroleros de varios países tras conversar por teléfono con Vladímir Putin la pasada semana, y su enviado especial, Dimitriev, se ha reunido posteriormente en Florida con el representante de Washington, el empresario Steve Witkoff, y el yerno de Trump, Jared Kushner.
La ofensiva desatada contra Irán, sin declaración de guerra y calificada por Estados Unidos con el eufemismo de operación militar, como hace Rusia con su agresión contra Ucrania, ha provocado el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz, por donde cruza alrededor de un 20% del petróleo internacional.
El barril de crudo Brent cotiza en torno a unos 100 dólares, un precio elevado, aunque dentro de sus parámetros históricos. Cuando Rusia desató su guerra contra Ucrania en 2022, el petróleo llegó a cotizar a 130 dólares y superó los tres dígitos durante más de tres meses.
El temor de Zelenski
Zelenski ya había advertido esta misma semana sobre el peligro que supondría aliviar el cerco al petróleo ruso. “Si se levantan las sanciones, supondrá sin duda un duro golpe para nosotros. Será un golpe en términos de armamento. Y para el mundo entero, será un golpe muy duro para nuestra reputación. ¿Cómo se pueden levantar las sanciones contra Rusia si es un agresor? Esto significa que otros pueden hacer lo mismo, no solo ellos”, alertó el mandatario.
La decisión de Trump coincide con el envío a la región del Golfo anunciado el jueves por Zelenski de tres equipos integrados por militares, ingenieros y expertos en la lucha contra los drones con los que el régimen de los Ayatolás está respondiendo a los ataques de EE UU e Israel.








