En medio de la guerra judicial, Tapia continúa su desafío al Gobierno

En medio de la guerra judicial, Tapia continúa su desafío al Gobierno

Ojo por ojo, diente por diente. O, en términos más boxísticos, golpe por golpe. Podría haber más metáforas que aludan y resuman el actual estado de la disputa entre la AFA de Claudio Tapia y el gobierno de Javier Milei. Muchas más. Aquella tensión que se inició en los primeros días de la gestión libertaria, con el Decreto de Necesidad y Urgencia Nº 70/2023, sumó en las últimas semanas tres capítulos en distintas líneas: el procesamiento de la cúpula dirigencial por la causa de retención indebida de aportes previsionales, movimientos políticos inquietantes tras la llegada de Juan Bautista Mahiques como ministro de Justicia y un acuerdo que la AFA firmó con el sindicato Utedyc, observado como una actitud desafiante, porque rompe el techo paritario fijado por el ministro Luis Caputo.

El procesamiento dictado por el juez Diego Amarante contra Tapia y su ladero, el poderoso tesorero Pablo Toviggino, y otros dirigentes relevantes, como Cristian Malaspina (actual secretario general y presidente de Argentinos Juniors) y Víctor Blanco (expresidente de Racing y exsecretario general), agudizó el enfrentamiento político entre la Rosada y Viamonte. Amarante ordenó un embargo de 350 millones de pesos sobre los bienes de Tapia y de Toviggino, y mantuvo la prohibición para salir del país sin autorización previa, a dos meses del inicio del Mundial que la Selección argentina disputará en Estados Unidos, México y Canadá.

Con este avance se siguen abriendo interrogantes sobre el rol de Mahiques, un hombre siempre ligado a Daniel Angelici y quien conoce desde hace tiempo a Toviggino y a Tapia.

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El primer mes del ministro mostró algunas ambigüedades propias de la interna que existe en el gobierno de Milei. La tregua que se sospechaba al principio ahora está desacreditada hasta por quienes la daban por sellada: la nueva ofensiva de la Inspección General de Justicia (IGJ), que impugna como “irregular” el cambio de sede dispuesto por la AFA para estar auditado en la provincia de Buenos Aires, puede leerse como una señal de que las viejas amistades también pueden quebrarse para permanecer o llegar a las altas esferas de poder.

Ante eso, la AFA –devenida casi en un espacio de oposición política– también envía metamensajes: mientras el Gobierno, a través de Toto Caputo, busca que las paritarias no superen el 2% mensual para alinearlas con la inflación, la gestión de Tapia promocionó un aumento del 12,5% para el período marzo-junio con el sindicato que representa a los empleados de los clubes. Ahora, esa firma tendrá que ser homologada en la Secretaría de Trabajo. Ahí también llega la tensión permanente entre quienes dirigen el fútbol argentino y quienes dirigen los destinos de nuestro país.