El misterioso ataque de Rusia que dejó a Hungría sin petróleo (y a Ucrania sin dinero de la UE) | Internacional

El misterioso ataque de Rusia que dejó a Hungría sin petróleo (y a Ucrania sin dinero de la UE) | Internacional


La calle dedicada al escritor Joseph Roth es un barrizal que recorre los bosques de la periferia de Brodi hasta terminar en el oleoducto Druzhba. Roth (1894-1939) nació en esta localidad de Ucrania cuando formaba parte del imperio austrohúngaro. En Brodi centró los acontecimientos de su novela La marcha Radetzky, uno de los relatos más célebres de la literatura sobre el final del imperio austrohúngaro y el estallido de la I Guerra Mundial. Brodi se ubicaba por entonces en los límites donde se encontraban la Europa occidental y el imperio ruso. Más de un siglo después, la ciudad vuelve a ser el escenario del choque geopolítico entre estos dos mundos.

Un dron bomba ruso Shahed impactó en la mañana del 26 de enero en la estación de bombeo de petróleo de Brodi, situada en el oeste de Ucrania. Las consecuencias del ataque son visibles, con una parte central de las instalaciones todavía ennegrecida por las llamas de un incendio que, según testimonios locales, duró una semana.

La estación está inoperativa desde entonces, lo que ha dejado a Hungría y a Eslovaquia sin petróleo ruso. La planta de bombeo es el nodo que empuja el crudo procedente de Rusia a través del oleoducto Druzhba. Este traslada desde los años sesenta, a través de Ucrania, el oro negro ruso a los dos países de la Europa Central que eran parte del imperio austrohúngaro y hoy los dos aliados del Kremlin en la Unión Europea.

El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha acusado a Kiev de inventarse los daños causados por el ataque para dejar a su país sin petróleo en plena crisis energética por la guerra en Irán. Dmitri Peskov, portavoz del presidente ruso, Vladímir Putin, afirmó este marzo que Ucrania estaba saboteando el transporte del petróleo. Los acuerdos internacionales obligan a Ucrania a mantener el Druzhba activo hasta 2029.

Las instalaciones del oleoducto presentan desperfectos evidentes, según pudo comprobar EL PAÍS durante su visita a Brodi el pasado martes y miércoles. Varios empleados de Ukrtransnafta, la empresa estatal que gestiona el oleoducto, además de vecinos de la zona, coincidieron en la misma versión de lo sucedido: en la mañana del 27 de enero sonó la alarma antiaérea y poco después se escucharon los motores de los Shahed sobre la ciudad. Luego llegó una explosión y la humareda, que duró días, del petróleo quemando en la estación de bombeo.

Orbán ha hecho oídos sordos y ha tomado represalias. La más grave para Ucrania es que su Gobierno bloquea la aprobación de la partida de ayuda de 90.000 millones de euros de la Unión Europea. El presidente ucranio, Volodímir Zelenski, ha admitido que las arcas del Estado no resistirán más de dos meses sin este dinero. Budapest afirma que, hasta que no vuelva a fluir el petróleo a través del Druzhba, continuarán oponiéndose a una financiación para el país invadido que requiere de aprobación unánime por parte de los miembros de la UE.

El líder húngaro, en plena campaña electoral con su oposición a Ucrania como uno de sus principales mantras, también anunció la semana pasada un paulatino corte en el suministro del gas natural que su país provee a Ucrania.

La Comisión Europea está haciendo lo posible para solucionar la crisis. La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el presidente del Consejo Europeo, António Costa, acordaron en marzo con Zelenski que la UE financiaría la reparación urgente de la estación de Brodi. Von der Leyen y Costa enfatizaron que esto no solo era importante para desbloquear la transferencia de los 90.000 millones, sino también para contener la escalada de precios del petróleo por la guerra en Oriente Próximo. “En el contexto actual de alta volatilidad del mercado energético, la reanudación del tránsito de petróleo a través del territorio de Ucrania adquiere mayor importancia para preservar la estabilidad del mercado”, afirmaron en un comunicado conjunto.

Pero Kiev tampoco lo está poniendo fácil. Una misión de técnicos de la UE llegó el 19 de marzo a Ucrania para evaluar los desperfectos en Brodi. Desde entonces, esperan en la capital para recibir la autorización para visitar las instalaciones, según ha informado el diario Ukrainska Pravda. Uktransnafta también ha hecho públicas las bases del concurso para contratar a la empresa que lleve a cabo la reconstrucción. El documento indica que la presentación de candidaturas estará abierta hasta el 6 de abril y que el plazo para completar las obras debe ser de unos 20 meses.

¿Cuál era el objetivo ruso?

Una pregunta que se hacen los vecinos de Brodi consultados por este diario es qué buscaban los rusos destruyendo la estación de bombeo. “No tiene lógica, es su petróleo y son los primeros interesados en beneficiar a sus únicos aliados en Europa”, opina Veronika Skliar, camarera de una cafetería en el casco antiguo del municipio. El Shahed impactó en la estación de bombeo, pero podría ser que el objetivo fuera otro: limítrofe a estas instalaciones se levanta un centro de depósitos de combustible de una importante petrolera ucrania. A la estación de Brodi no solo llega combustible del Druzhba; también de un oleoducto procedente del puerto de Odesa. Otro potencial objetivo ruso podría ser la estación ferroviaria de carga de convoyes cisterna ubicada allí.

A Skliar, como al resto de entrevistados en Brodi, le molesta que su país transporte petróleo ruso: “Es una mierda que, mientras nos bombardean, estemos ayudando a su economía”.

María, de 22 años, es la encargada de la librería Knigolend, ubicada frente a lo que fue el hotel Bristol. Este establecimiento, en un edificio de 1909 en pésimo estado de conservación, era uno de los lugares más importantes en La marcha Radetzky. Allí se reunían para charlar, beber y jugar a cartas los oficiales del regimiento de caballería del protagonista, Carl Joseph von Trotta. Los personajes de Roth mataban el tiempo apaciblemente, aburridos, ajenos a lo que iba a acontecer, la destrucción de Europa y su muerte en el campo de batalla.

María no conoce la novela ni la historia del edificio; tampoco tiene libro alguno de Roth en su librería. Pero ella, a diferencia de Von Trotta, sabe bien a qué se enfrenta Brodi. “Mi novio está en el ejército y mientras nuestros hombres mueren, por mi ciudad fluye petróleo ruso. Esto no es normal”, dice. Para ella sería una buena decisión si su Gobierno estuviera posponiendo la reapertura del oleoducto: “Lo único digno que nos queda es clausurarlo”.