Brasil asistía atónito en los últimos días a la decisión de un tribunal que absolvió a un hombre de 35 años acusado de violar a una niña de 12 con el consentimiento de su madre. Tras el escándalo generado por el argumento esgrimido por el juez instructor de que era una relación consensuada, ese mismo magistrado ha dado marcha atrás este miércoles y ha emitido una orden de prisión. Poco después, la policía ha detenido al sospechoso en Indianápolis, la pequeña localidad del estado de Minas Gerais donde convivía con la menor, que incluso había dejado de ir al colegio. La madre de la niña, que conocía esa relación y nunca se opuso, también fue arrestada por agentes de la Policía Militar.
El propio juez, que en un primer momento consideró que había un “vínculo afectivo consensual” entre el agresor y la víctima, ha tenido que dar explicaciones sobre su repentino cambio de opinión. En la decisión en que pedía el arresto, el magistrado Magid Nauef Láuar no escondió que rectificó por la presión de movimientos sociales, políticos y hasta de ministerios del Gobierno que pusieron el grito en el cielo.
“En virtud de la repercusión del presente caso (…) me parece que es el momento oportuno para que el poder judicial patrio se posicione como garante de la protección de los derechos fundamentales de los niños y adolescentes”, expresó. Además, admitió que es “recurrente” entre el poder judicial ignorar la realidad social y los “avances teóricos sobre la perspectiva de género”.
Poco más ha detallado. Y el tribunal ha apelado a que el caso está bajo secreto de sumario para evitar precisar cómo argumenta el juez su cambio de opinión.
A pesar de sus justificaciones, el Código Penal brasileño es cristalino: considera delito cualquier relación sexual con un menor de 14 años. No obstante, en no pocas ocasiones la jurisprudencia beneficia a los abusadores porque interpreta que no hay coacción ni violencia y que no se está forzando nada. Los especialistas lo atribuyen a una cuestión cultural. El matrimonio entre adultos y menores es ilegal, pero existe. En el último censo, unas 34.000 niñas de menos de 14 años aseguraron “estar casadas”.
No obstante, el Tribunal Superior de Justicia ya consolidó el entendimiento de que el consentimiento de la víctima, su eventual experiencia sexual anterior o la existencia de una relación sentimental no borran el delito.
El caso se remonta a 2024, cuando la niña dejó de acudir a la escuela y el consejo tutelar, el órgano encargado de velar por el bienestar de los menores, descubrió que se había ido a vivir con un hombre mucho más mayor con el consentimiento de su madre. La Fiscalía denunció al hombre y a la madre, y en el primer juicio él fue condenado a nueve años de cárcel por violación de persona vulnerable. La madre fue absuelta. Él recurrió y fue exculpado, pero la Fiscalía insistió de nuevo, lo que, unido al clamor popular desatado en los últimos días, ha forzado la marcha atrás del juez.
Cuando se produjo la absolución, la Fiscalía de Minas Gerais recurrió rápidamente. Ahora lo hará de nuevo para que la decisión unilateral del juez sea refrendada por sus colegas del tribunal, para que no haya riesgo de anulaciones en el futuro.








