El incendio de Dos Bocas resucita los fallos de la refinería insignia del sexenio de López Obrador

El incendio de Dos Bocas resucita los fallos de la refinería insignia del sexenio de López Obrador


En las imágenes hay una fuerte lluvia. Al fondo, recortando la oscuridad de la madrugada, las llamas alumbran más que las farolas y su humo negro se confunde con el cielo oscuro. Es una de las bardas perimetrales de la refinería Olmeca en el municipio de Dos Bocas en Paraíso, Tabasco, donde este martes se desató un incendio que causó la muerte de cinco personas. De acuerdo a la escueta información que las autoridades han hecho pública, el diluvio llevó a “un desborde de aguas aceitosas hacia afuera de la refinería Olmeca, hubo un estancamiento y la posterior ignición del líquido en el exterior de la barda perimetral de la instalación”. Es decir, una serie de inundaciones llevó a que las aguas residuales contaminadas con hidrocarburos desbordaran desde la refinería y se estancaran en una calle aledaña, faltando una chispa para desatar el fuego.

Esto concuerda con otro de los tres cortísimos comunicados con los que Petróleos Mexicanos ha pretendido explicar el accidente. Solo una de las víctimas es trabajador de la petrolera, las otras cuatro “pertenecían a una compañía de servicios externa, quienes transitaban a bordo de un vehículo en una vialidad federal aledaña a las instalaciones de la Refinería cuando ocurrió el siniestro”. Traducido, suena a que su coche quedó atrapado entre las llamas. Una de las imágenes compartidas en redes sociales muestra a un vehículo calcinado, prácticamente en el esqueleto, y el cadáver de hombre con un mono de trabajo gris, tumbado boca abajo, cubierto por las aguas estancadas. En sus mensajes, Petróleos Mexicanos ha destacado que “la operación de la Refinería Olmeca continúa de manera normal” y señalan que el incidente ocurrió “al exterior de sus instalaciones”. De acuerdo con la versión que han dado algunas autoridades, el detonante del incendio fue un rayo, pero esto no ha tenido aún una confirmación oficial.

Este incidente ha revivido varios de los fantasmas que persiguen a la gran obra petrolera del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, incluyendo los riesgos para la primaria Abías Domínguez—a la que separan escasos 4,5 metros de la refinería— y el jardín de infancia vecino Agustín Melgar, las inundaciones periódicas, la tala sin permiso de 200 hectáreas de selva y manglar que eran una salida natural de agua al mar, una evaluación de impacto ambiental hecha a toda prisa y sin garantías y en un municipio que, de acuerdo con un estudio de 2008 del Instituto Mexicano del Petróleo, era la peor opción de las posibles opciones por sus condiciones ecológicas y dificultades de construcción. Eso, sin contar los sobrecostos y los retrasos del megaproyecto.

Los dos centros escolares están ubicados en la colonia Petrolera o Lázaro Cárdenas, donde viven los vecinos más cercanos de las 25.000 personas de población que tiene Paraíso. Aunque la ley establece que la distancia entre una escuela y los “ductos en los que fluyan combustibles (gasoductos, oleoductos, etc.), así como de instalaciones industriales de alta peligrosidad”, debe ser de mínimo 500 metros, desde sus patios de juego el paisaje es el mechero de la refinería, una enorme llama que se ve casi desde cualquier lugar de la ciudad y que emite un zumbido constante y molesto. Los alumnos ya han tenido que ser evacuados en al menos tres ocasiones y, aunque en todos los casos Protección Civil aseguró que no había peligro, el miedo a un accidente en su nueva vecina era demasiado grande.

Madres, padres y profesores llevan ya casi dos años pidiendo ser reubicados, pero, hasta ahora, habían sido ignorados por las autoridades. El pasado febrero, tras una rueda de prensa en las escuelas para exponer la problemática, la secretaria de Educación de Tabasco, Patricia Iparrea, desestimó sus demandas diciendo que no se pueden hacer “escuelas herméticas” y que lo mejor “es aceptar la realidad y aprender a convivir con la refinería”. Habrá que ver si ahora que la presidenta federal, Claudia Sheinbaum, ha pedido reubicar los centros, sus demandas son atendidas.

La refinería Olmeca Dos Bocas se anunció oficialmente en diciembre de 2018, a construir en un predio de propiedad de Pemex dentro de la ciudad de Paraíso. Se prometió con un costo total de 160.000 millones de pesos y una fecha de inauguración: junio de 2022. Ninguna se cumplió. Uno de los últimos informes Pemex ante la Comisión de Bolsa y Valores​​ de los Estados Unidos cifra su presupuesto hasta el momento en 20.959 millones de dólares, más de 400.000 millones de pesos al cambio de entonces, y, aunque ya ha sido inaugurada varias veces, su producción no ha logrado llegar al total de su capacidad instalada. El informe dice que la refinería sigue en estado de prueba y no descartan tener que inyectar más presupuesto.

De acuerdo a la Evaluación de Impacto Ambiental, realizada por el Instituto Mexicano del Petróleo, se decidió este sitio por ya estar afectado; pero en 2008 esta misma institución concluyó en su estudio Análisis de prefactibilidad ambiental y socioeconómica de diferentes sitios para la localización del proyecto de ampliación de capacidad de proceso del Sistema Nacional de Refinación que Paraíso era la peor opción de las siete analizadas por sus condiciones ecológicas y dificultades de construcción. El documento explica que “otra problemática relacionada con Paraíso es la falta de terrenos adecuados para la construcción, derivado de la propia naturaleza de la región, la cual consiste en una serie de lagunas y pantanos, con suelos arcillosos, que obligaría a realizar importantes obras para el acondicionamiento del terreno”.

Casi desde sus inicios, la refinería ha convivido con las inundaciones, pero hasta ahora no había registro de que fueran con “aguas aceitosas” inflamables. Durante su construcción, varias voces oficiales advirtieron que el predio donde se construyó, básicamente cientos de hectáreas de manglar y selva, era un vaso regulador y lo estaban taponado con toneladas de arena y cemento. De acuerdo con la Manifestación de Impacto Ambiental, un estudio técnico-científico obligatorio en México para evaluar los efectos ambientales de obras o actividades, “el área del proyecto está sujeta a riesgo alto por inundación marina, riesgo alto por inundación fluvial, riesgo muy alto por inundación causado por marea de tormenta, riesgo muy alto por erosión causado por oleaje de alta energía y riesgo alto por sismicidad”, aunque asegura haber tomado medidas para evitarlo.

Pero este documento fue contestado por la propia Auditoría Superior de la Federación, que en sus análisis de 2019 y 2021 evaluó el impacto ambiental de la construcción y las medidas de mitigación del resolutivo ambiental. Para realizar la Manifestación de Impacto Ambiental de la refinería, el Instituto Mexicano del Petróleo solo tuvo 30 días, lo que llevó a que esté incompleta: no tiene la totalidad de las obras ni todos los impactos que genera, el programa de trabajo no es preciso y no hay información de la contaminación ambiental ni el impacto que esta tendrá en los vecinos, entre otros faltantes. Literalmente, la Auditoría dice que esto convirtió “el procedimiento de evaluación en un trámite”, que se aprobó en un tiempo récord de dos meses.

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Construcción de la Refinería Olmeca de 2018 a 2025.

Antes de la construcción de la refinería, más 200 hectáreas del predio donde se ubica eran una combinación de selva y manglar que llegaba hasta la orilla del río Seco y fueron taladas de forma ilegal. Este desmonte comenzó un año antes de que las autoridades ambientales aprobaran la construcción de la refinería, incluyendo el Estudio Técnico Justificativo para poder talar esta selva. Las autoridades tuvieron conocimiento a mediados de septiembre de 2018 de este delito, según se ve en dos denuncias populares recibidas contra el proyecto, pero dejaron que las obras siguieran durante meses y, cuando acudieron a inspeccionar el predio, como consta en los informes de la Auditoría, encontraron que se habían afectado ya 185 hectáreas de selva y 26 de manglar. Estos trabajos, para más dolo, fueron supervisados por el entonces gobernador de Tabasco, el senador Adán Augusto López, y la entonces secretaría de Energía y responsable de la obra, Rocío Nahle, hoy gobernadora de Veracruz.