El 6 de septiembre de 1995, el estadio de Wembley fue testigo de una maniobra que rompió los manuales de la ortodoxia defensiva. René Higuita, el guardameta de la Selección de Colombia, decidió elevarse en el aire para rechazar un envío de Jamie Redknapp utilizando sus talones por encima de su espalda.
Esa tarde londinense, el “Loco” no solo detuvo un balón, sino que bautizó una jugada para la posteridad: el Escorpión. Aunque el árbitro ya había invalidado la acción por posición adelantada, el impacto visual fue tan potente que opacó el empate sin goles entre los seleccionados nacionales.
Esto no les gusta a los autoritarios
El ejercicio del periodismo profesional y crítico es un pilar fundamental de la democracia. Por eso molesta a quienes creen ser los dueños de la verdad.
La plasticidad del movimiento requirió una coordinación exacta y un timing perfecto para no terminar en un error catastrófico. Higuita se lanzó hacia adelante, dejó que la pelota lo superara y, en un arco inverso, golpeó el cuero con la suela de sus botines ante la mirada atónita.
Los hitos de René Higuita y la revolución del arquero líbero
Aquel gesto técnico no fue una improvisación del momento, sino el resultado de años de práctica en entrenamientos y publicidades previas. Higuita ya había demostrado su capacidad para jugar lejos de los tres palos, actuando como un líbero que participaba activamente en la creación.
En el libro El fútbol a sol y sombra, Eduardo Galeano describe la esencia del colombiano como aquel que “salía del área para organizar el ataque”. Su estilo obligó a la FIFA a revisar las reglas sobre el pase atrás al portero, transformando la dinámica táctica del juego moderno.
La prensa británica, usualmente sobria y crítica de las excentricidades, se rindió ante la espectacularidad del guardameta de Atlético Nacional. Aquella jugada en la mítica catedral del fútbol mundial validó su estatus de ícono cultural más allá de las fronteras sudamericanas del deporte.
El impacto del Escorpión fue tan profundo que, años más tarde, fue elegida como la mejor jugada de la historia en diversas encuestas internacionales. Higuita demostró que el arco no era una cárcel de cemento, sino un espacio de libertad creativa donde el riesgo era parte del espectáculo.
La carrera de René estuvo marcada por esa dualidad entre la genialidad y la imprudencia necesaria para innovar. Su participación en el Mundial de Italia 1990 ya había sentado un precedente sobre su capacidad para jugar con los pies, desafiando a los delanteros más feroces.
Alarma en la Selección Argentina: Dibu Martínez se lesionó y no jugó en Aston Villa
Pacho Maturana, su mentor en la selección cafetera, sostuvo en reiteradas entrevistas que la confianza de René era el motor del equipo. Su presencia permitía que la línea defensiva se adelantara, sabiendo que el portero cubriría las espaldas como un defensor más de la plantilla.
A pesar de las críticas de los sectores más conservadores del periodismo deportivo, Higuita nunca negoció su identidad en el campo. El Escorpión fue la declaración final de un deportista que entendía el fútbol como una expresión artística y no solo como un resultado estadístico.
Incluso en la actualidad, los guardametas modernos estudian los movimientos de René para mejorar su juego de pies y su ubicación. Sin embargo, ninguno ha logrado replicar la mística de aquel rechazo acrobático en un escenario de la magnitud y la historia como el de Wembley.

El legado de esa jugada trasciende el video viral: representa una era donde el fútbol sudamericano exportaba personalidad y rebeldía. René Higuita se convirtió en el rostro de una generación que no temía al error y que priorizaba la belleza del gesto técnico sobre la seguridad.
La acrobacia también tuvo un componente psicológico fundamental para el rival, que se sentía intimidado por la audacia del portero colombiano. Jamie Redknapp, protagonista involuntario de la acción, recordó años después que nunca imaginó que su centro terminaría en tal leyenda.
Jannik Sinner campeón en Montecarlo: venció a Alcaraz y volvió al número 1 del mundo
En la historia de los hitos del fútbol existen goles que definen campeonatos, pero existen gestos que definen personalidades enteras. El Escorpión de Higuita es el ejemplo perfecto de cómo un solo segundo puede encapsular la filosofía de vida de un atleta extraordinario.
Finalmente, el nombre de René Higuita quedó sellado en los libros de récords no solo por sus goles de tiro libre, sino por su valentía. Wembley siempre será recordado como el teatro donde un hombre desafió la gravedad para demostrar que en el fútbol todo es posible hoy.








