Al habitual movimiento frenético que habita en el Abasto, hay una esquina que está poblada por demás. No cruzan algunos jóvenes, tampoco lo hace un puñado de adultos, y hasta algunos ciclistas delivery frenan el pedaleo por un rato de esparcimiento. “¿Quién es? ¿Es conocido?”, se escuchan murmullos. A unos metros, un artista callejero está haciendo delicias en el semáforo de avenida Corrientes y Anchorena.
Genera admiración, observarlo se disfruta pero también se sufre ante un eventual yerro. Como no es un habitué de la zona, le está encontrando la vuelta a sus rutinas y a los tiempos de los semáforos: el de la avenida dura menos de un minuto, el de la calle, lo supera. Va y viene corriendo de un lugar a otro, con sus cinco pelotas que nunca tocan el piso. Sin dudas es un exquisito, cuyo nivel está por encima de la media.
“¿No es de acá, no?”. “¡Es un fenómeno!, ¿de dónde salió?” “La tiene atada, seguro que es un truco”, sigue el run-run. Los comentarios se acumulan al igual que la gente, que frisa por un instante su trajín. El hombre, flaco, desgarbado, piernas torneadas, hace un stop y y se premia con un refresco, lo que invita a este casual cronista de la zona para acercarse antes de que reanude la actividad. “Vamos queriendo, son semáforos cortos, es la primera vez que vengo a esta zona”, dice Rodrigo Cunqueiro (43), oriundo de Balcarce, vecino de Mar del Plata, y cada tanto forastero en Buenos Aires.
“Todos los días entreno unas cuatro horas, esto es práctica pura, sino sonaste. Ya vengo, bancame“, dice medio a las corridas Rodrigo, que se va al trote hasta la mitad de la avenida Corrientes y arranca: se pone a cabecear una pelota, a patear con dos y a hacer malabares con sus manos primero con una, después con otra. Se sienta y sigue su concierto este hombre orquesta… El bullicio diario parece silenciarse por un instante y al toque bocinazos y propinas son una manera de agradecerle su esfuerzo y pericia. Sin perder tiempo repite la escena, ahora, sobre la zona peatonal de Anchorena. Los curiosos no se van.
Después de estar una hora sin parar, habiendo recaudado no más de doce mil pesos, Rodrigo acepta un café de parado para hablar con Clarín. “Es duro esto, a medida que pasa el tiempo todo cuesta más y eso que yo me mantengo físicamente, pero la concentración agota”, describe.
Hace 16 años que trabaja en los semáforos. Arrancó cuando tenía 27 y fue viviendo, sobreviviendo y ahora subsistiendo: “Tengo algunos kiosquitos que me dan unos mangos, pero necesito otra cosa, creo humildemente que merezco una oportunidad”. Se lo ve instruido, educado y se expresa con delicadeza.
Vive en Mar del Plata el balcarceño que tiene un aire a “Fideo” Di María. Está casado con Damaris y tiene dos hijos, Joaquín (4) y Clara (2). “Hace cuatro años que trabajo en Quintana y la Costa, el mejor semáforo de Mardel. Me gané el lugar por constancia y porque los autos ya saben que se van a encontrar conmigo y mis malabares. Soy bastante cambiante, me gusta probar nuevos trucos, innovar”, cuenta mientras se toma el cortadito que lo renueva. Si alguien le pregunta a qué se dedica, responde al toque: “Free-styler“.
“Suelo estar en el semáforo de Costa Galanas, en Mar del Plata, donde levanto entre 60 y 70 mil pesos por día”, dice Rodrigo Cunqueiro.Rodrigo empezó a subir a sus redes sociales fotos y videos mostrando sus destrezas. También interactúa con sus seguidores, proponiendo desafíos en vivo eligiendo celebrities como el arquero Emiliano Martínez: “Si el Dibu es capaz de hacer esto, será el mejor arquero”. Y se lo ve al artista callejero haciendo malabares con cinco pelotas a la vez. “Sabés los reflejos que te da esto”. Cuenta que se avivó tarde de postear sus firuletes, “porque hoy pasa todo por las redes, sino no existís”.
Gracias a sus videos en los que exhibe genialidades, Rodrigo consiguió ser visto y contratado en distintos eventos. Dice que cuando surge esa otra pata del laburo, la cosa es distinta: “Tranquiliza, qué te parece… Laburás por un monto fijo, tenés un cachet y una cantidad de tiempo, es otra cosa. La calle es romántica pero desgasta. Me llaman para cumpleaños, fiestas, algún que otra reunión vinculada al fútbol. Estos días estuve en Buenos Aires porque apareció un evento en Lanús por el que me pagaron 200 mil pesos. El viaje y la noche de hotel me la pagué yo, así que estoy empatado. Ahora estaba aprovechando redondear un numerito mejor antes de volverme a Mardel”.
La destreza y velocidad que demuestra Rodrigo en los semáforos cautiva tanto a los peatones como a los conductores.Al margen de su amplia trayectoria callejera, Rodrigo se desarrolló en otros espacios. “Tengo mi sketch -dice sonriente-. Es mi número de presentación, un espectáculo de media hora que ofrezco de manera privada: cumpleaños, fiestas, aniversarios de ciudades o de clubes de fútbol”. Durante una temporada llegó a tener función todas las semanas en el Casino de Mar del Plata.
Estuvo probando suerte en otros países como Brasil y Bolivia, pero no funcionó, participó del reality “Got Talent Argentina” y hasta tocó el cielo con las manos cuando viajó a Arabia Saudita y a Turquía, en 2023, para hacer un espectáculo de arte urbano junto a otros doce colegas. “Fue al poco tiempo de haber ganado el Mundial y los árabes querían conocer el arte callejero de los campeones, la cuna de los mejores y ahí estuve yo, fue maravillosa la experiencia y también el dinero que traje a casa”, recuerda.
Y para esa ocasión tuvo que hacer un casting ante Hernán Lombardi, el diputado del PRO abocado al ámbito de la Cultura. “Se contactaron conmigo vía Instagram, evidentemente vieron lo que yo iba subiendo. ¿Cómo fue la prueba? No me olvido más. Ese día, 7 de septiembre de 2023, por la mañana, había nacido mi hijo Joaquín, pero por la tarde tenía la prueba… Yo ya la había descartado pero mi mujer parturienta, una genia, me dijo ‘andá, no pierdas la chance’. Llegué justo: Lombardi me tomó la prueba en un salón y me dijo que era para una obra de teatro para unos jeques. A los dos minutos me dijo ‘listo, sos un crack’, y quedé. Fue la gloria, estuvimos como un mes por allí y me volví con 4.000 dólares”, cuenta.
En cuanto a sus ingresos, Rodrigo aspira a tener más seguridad económica pensando en su familia: “A veces arrugo un poco, flaqueo, pero rápidamente me repongo, no puedo darme el lujo de decaer, tengo que llevar el mango, hay un alquiler que pagar todos los meses… Llegar a las 600 lucas se hace cuesta arriba”, hace saber el free-styler que vive en la zona norte de La Feliz.
En un momento apareció una oferta que pareció seducirlo, pero se resquebrajó. “Era para laburar en el Circo Rodas, un lugar reconocido, con prestigio. Pero terminó no convenciéndome el lugar ni la propuesta… Vivía en Tristán Suárez y no estábamos seguros. Tampoco acepté vivir en Crovara, donde está el circo, creo que no es un lugar para dos chiquitos… Lo que parecía un despegue, me terminó enterrando y nos volvimos”, dice.
“Es que cuando uno tiene otras aspiraciones, el semáforo, que tanto me ayudó, parece poca cosa… Pero hoy es lo que tengo y me aferro, lo abrazo, no lo suelto. Nunca falta alguno que otro que me grite ‘andá a agarrar la pala, vago’, y un poco me sacude, pero yo laburo, me esfuerzo, lo que hago yo no lo hace cualquiera, lo que pasa que como estoy en la calle me baja el precio”, desliza, introspectivo, reflexivo.
Y en el tren de sueños, Rodrigo no lo duda: “Me encantaría mostrar mi magia en algún entretiempo de la Selección”.








