Durante la emisión del programa “QR!” en Canal E de este lunes 30 de marzo, el médico psiquiatra Santiago Levín ofreció una lectura descarnada sobre el alumno de tercer año que mató a un compañero de 13 años en la escuela con una escopeta. El presidente de la Asociación de Psiquiatras de América Latina (APAL) sostuvo que el agresor también debe considerarse una víctima de un Estado que desertó de sus funciones de educación y prevención.
Para Levín, este crimen expuso la situación de menores “desprotegidos y descuidados” por un sistema que priorizó el ajuste sobre el cuidado de las trayectorias de vida. En ese sentido, vinculó la tragedia con la falta de horizontes para la juventud. Aseguró que “no existe salud mental si no hay futuro” ni la posibilidad de construirse en un porvenir significativo. El especialista remarcó que el chico que cometió este acto “no la estaba pasando bien” y que su acción es el síntoma de una sociedad fragmentada que perdió la noción de derechos y la capacidad de proyectar esperanza, sumergiendo a las comunidades en duelos difíciles de procesar.
El análisis del profesional apuntó también contra la violencia que bajó desde el discurso oficial y el impacto de los recortes presupuestarios. Afirmó que la desesperación actual atentó contra la capacidad de pensar, algo indispensable para la educación. Según Levín, el consumo masivo de ansiolíticos, los problemas de insomnio y la agresividad cotidiana colocaron a la población en una situación “enormemente perjudicial” para la salud mental colectiva.
Sobre el rol de los educadores, el psiquiatra subrayó la injusticia de las condiciones laborales actuales. Dijo que se les exigió demasiado a docentes que enfrentaron la sobreocupación, sueldos de miseria e incluso situaciones de hambre en el aula. Para el titular de APAL, la falta de momentos de serenidad y el desprecio por la bibliografía y el fundamento cancelaron el pensamiento crítico, dejando a la comunidad sin herramientas para procesar la angustia.
De hecho, más temprano, el ministro de Educación de Santa Fe, José Goity, había confirmado que el agresor no registró antecedentes de mala conducta en el sistema educativo y lo describió como un “chico tranquilo”. Sin embargo, reveló que el joven atravesaba una situación familiar privada “muy compleja”. Mientras la justicia analiza el hecho y el Gobierno nacional se puso a disposición, la provincia suspendió las clases para intentar contener a una escuela que quedó marcada por el horror.
Tiroteo en una escuela de Santa Fe: el adolescente es inimputable y confirmaron quién era la víctima
El perfil del agresor: un estallido sin previo aviso
Aunque el ministro Goity aseguró que el joven de 15 años era un alumno regular y sin problemas de conducta previos, la investigación detectó un trasfondo de extrema vulnerabilidad en su ámbito privado. Este contraste reforzó la advertencia de las autoridades sobre la necesidad de extremar la precaución al comunicar datos de menores, en un hecho que la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, calificó como un “evento aislado” sin nexos con el crimen organizado.
Levín propuso que la única prevención real contra la violencia escolar es el amor por la diferencia, y no la simple tolerancia. Explicó que la sociedad debe educar para entender las diversidades sexuales, de piel y de autodefinición como un deseo social profundo. Para el psiquiatra, esta no es una “moda hippie”, sino una urgencia que debe involucrar a la economía y la política para frenar el bullying y la discriminación.

El ministro de Justicia y Seguridad provincial, Pablo Cococcioni, brindó tranquilidad sobre el estado de salud de los otros dos menores afectados. Se trata de un joven de 13 años y otro de 15 que sufrieron heridas de arma de fuego, pero que tras ser derivados para su atención médica, se encontraron fuera de peligro. El funcionario insistió en que el caso se siguió con “profunda preocupación” para garantizar el resguardo de todas las víctimas.
El Gobierno de Santa Fe destacó el heroísmo del trabajador de la escuela que logró frenar al alumno armado. El adolescente utilizó el momento en que la comunidad estaba formada para izar la bandera para iniciar el ataque. La rápida reacción del portero, que consiguió sacarle la escopeta y reducirlo hasta la llegada de la policía, evitó que el número de fallecidos fuera mayor en una jornada que ya es la más oscura de la historia educativa local.
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