El argentino que vive en Israel y se casó en un refugio del cuarto subsuelo de un shopping, entre alarmas y sirenas por los misiles

El argentino que vive en Israel y se casó en un refugio del cuarto subsuelo de un shopping, entre alarmas y sirenas por los misiles


Hacía seis meses que la fecha estaba programada: 3 de marzo de 2026. Es el día que eligieron los novios Lior Lasry y Misha Marianoff para su esperada boda después de un año de noviazgo. Si bien la gente se casa cada vez menos, la noticia tampoco era tan relevante, salvo por una pequeña enorme razón: se realizó en la militarizada Tel Aviv, en el cuarto subsuelo de un shopping, con homeless durmiendo y en medio de sirenas y ataques de las fuerzas iraníes.

Mijael, Misha para sus seres queridos, es santafesino, tiene 34 años y desde 2019 vive en Medio Oriente. Estudió Administración de Empresas en la Universidad Católica de Santa Fe y trabaja en marketing digital en una empresa tecnológica en Israel.

Hace meses, junto con su novia marroquí israelí Lior, venía esperando el ansiado primer martes de marzo. Si bien en Israel siempre hay que estar atento a su situación bélica, para ellos nada hacía prever que el país entrara en guerra con Irán tan pronto. “De todas maneras ya desde diciembre se rumoreaba que se estaba picando con Irán, pero mantuvimos la fecha y a medida que pasaban las semanas seguimos adelante con el plan original porque no terminaba de desatarse ningún quilombo”. le cuenta a Clarín a través de una videollamada.

Misha recibió en la última semana a sus padres, hermano, tíos, primos y amigos que viajaron desde Argentina. “El jueves pasado hicimos lo que aquí se llama preboda, el viernes tuvimos la cena sabática y el sábado nos levantamos con la terrible noticia del ataque de Israel y Estados Unidos a Irán y lo que eso iba a generar a partir de ahí”.

Yo estaba devastado, pensaba en que se derrumbaba el sueño de mi vida, pero no por la fiesta de la boda en sí, sino porque tenía a mi familia y seres queridos acá en Tel Aviv viviendo un momento espantoso. Para muchos era la primera vez y algunos estaban con pánico y ataques de ansiedad. Y se querían volver hasta que les explicamos qué hacer y cómo llevar a cabo los procedimientos de seguridad ante las alertas en los celulares y las sirenas de la ciudad y una vez que lo entendieron se tranquilizaron”.

La angustia y la desazón se apoderaron de Misha, más que de su novia Lior. “Desde hace días que estaba con una gran depresión, porque estaba todo organizado para una gran fiesta con 400 invitados en una ciudad costera que se llama Petaj Tikva, a unos veinte minutos de Tel Aviv, donde habíamos alquilado un salón que nos costó muchísimo y habíamos invertido buena parte de nuestros ahorros, entre ellos familia y amigos que vinieron especialmente desde Argentina, hasta que el sábado empezó esta pesadilla”.

Exhausto, afónico pero feliz y realizado se lo escucha al argentino, que conversa con este medio desde el cuarto piso de un hotel donde pasaron la noche de bodas. “Ayer martes me desperté, bah, casi no había dormido, no podía salir de la cama, no quería, estaba mal, sin reacción, hasta que Lior, que es una genia, me sacudió y me dijo: ‘Misha, ya está, arriba, hoy nos casamos. Tu familia está acá, está bien, segura, y la mía también. Nos casamos hoy, listo. Veamos cómo y dónde… pensemos en algún refugio, en algún lugar seguro’. Ella es práctica y expeditiva, no se detiene ante los obstáculos, yo soy más emocional y escéptico”, describe.

"Viví estos días con mucha angustia, porque la boda hasta pocas horas antes estaba cancelada y mi familia argentina estaba en pánico", dijo Misha Marianoff.

Una vez que su novia lo tranquilizó y le dio esperanzas, encontraron “un estacionamiento en el cuarto subsuelo de un shopping céntrico, que también funciona como refugio. Estando allí no había ningún tipo de peligro, y eso se lo dejamos en claro a todos los invitados. No pedimos permiso a ninguna autoridad, fuimos de una, porque allí también viven muchos homeless y estaba lleno de colchones… Luego tuvimos la suerte de conseguir un rabino brasileño amigo, Fabián, que nos ayudó para organizar todo el proceso burocrático y nos casó. Su presencia le dio autenticidad a la boda”, explica el argentino mientras enfoca a su mujer sonriente y con un ramo de flores.

Se empezaron a cebar, a dar ánimo, más allá de que no era lo más aconsejable juntar a mucha gente en medio de la tensión militar. “Entendimos que lo más importante era la gente, nuestros seres queridos, todos juntos, el resto era secundario. No importaban el catering, la torta, ni el DJ. Sólo gente que nos quiere y que cruzó el mundo para celebrar el amor, incluso en tiempos de guerra. Y así fue como pasamos el día más increíble de nuestras vidas”.

Así llegan los novios al cuarto subsuelo del shopping, al estacionamiento donde hay homeless que viven allí.

Fueron llamando a los más cercanos y reunieron unas cincuenta personas. “Les dijimos a los amigos que vinieran a ese lugar, en el cuarto subsuelo de un shopping, que era muy seguro y que iba a ser una noche épica… Pero lo increíble fue que empezó a llegar gente random, disfrazada, llena de alegría, buena energía y con instrumentos muchos de ellos tocaron música y se armó una atmósfera increíble, con más de 400 personas a la que no conocíamos. Fue un flash”.

En medio de la fiesta, que duró un poco más de dos horas, hubo sirenas por misiles que se aproximaban lanzados desde Irán. “Yo no les di bola, estaba en otra la verdad, no tenía miedo, porque me encontraba con mi gente en el lugar más seguro en el que podíamos estar. Después nos enteramos de que hubo un bombardeo, pero casi la mayoría de los misiles son interceptados por la cúpula de hierro. Nada empañó la fiesta, que fue distinta, rupturista… La verdad es que rompimos los esquemas”.

Misha y Lior, minutos después de la charla con Clarín de este miércoles, en el refugio de un hotel en Tel Aviv ante la amenaza de bombardeo iraní.

Dice Misha que le acaba de llegar una notificación al celular sobre un alerta ante un lanzamiento de misiles desde Irán. “Te mantengo al tanto, hablemos un ratito más, pero en cualquier momento tengo que bajar al primer subsuelo, donde está el refugio”, dice con tranquilidad, pese a todo. “Estoy acostumbrado, la vida en Israel es así y yo por ahora la sigo eligiendo, aunque extraño mi país un montón. ¿Tel Aviv? Para mí es la mejor ciudad del mundo: tiene playas, buena gastronomía, trabajo, lindo clima, las distancias son cortas y su gente es maravillosa”.

Vuelve al martes, el día más feliz de su vida. “La ceremonia duró unos cuarenta minutos y la fiesta cerca de dos horas. Cantamos, bailamos, hasta que en un momento nos dijeron que nos teníamos que ir. Eran como las once de la noche. Si bien fue algo más corto, estuvo increíble. Y a los que no pudieron venir, ya les dijimos que haremos otra fiesta, cuando se tranquilice el panorama”.

"Una ceremonia atípica, en un lugar distinto y con un amigo rabino que oficializó la boda", dice Misha sobre el inolvidable martes a la noche que vivió junto a su esposa Lior.

Foto: Agencia EFE

Una invitada argentina, amiga de la pareja, que estuvo en la singular fiesta, posteó en sus redes: “La vida nos demostró que el amor vence al odio. Que el pueblo judío construye luz y vida. Hoy vivimos un casamiento diferente: en el piso menos cuatro de un shopping, en un estacionamiento, que también funcionaba como refugio. No hizo falta nada más que amigos y familias. Fue el casamiento más loco y lleno de energía que viví…”.

El ruido de las sirenas de este miércoles, en Tel Aviv, llegan a Buenos Aires, se escuchan. “Tenemos que refugiarnos, disculpá”, dice con una sonrisa y sin tensión pero con apuro. Minutos después reaparece: “Estamos bien, con Lior y mis viejos, tomando un vinito en el refugio”.