En 1985, cuando se transitaban los primeros años desde la recuperación de la democracia, en las radios sonaban Los Violadores con Uno, dos, ultraviolento, Los Abuelos de la Nada, con Costumbres argentinas y Viuda e Hijas de Roque Enroll con su gran éxito Lollipop, que nos remontaba a los años ’50.
También escuchábamos a Virus con Pronta entrega y Luna de miel; Sumo editaba su disco Divididos por la felicidad, con los hits La rubia tarada y Mejor no hablar de ciertas cosas y los Redondos lanzan Gulp… Fito Páez debuta en el estadio Obras y León Gieco recorre el país de punta a punta y graba un disco extraordinario, De Ushuaia a la Quiaca.
También en 1985 íbamos al cine a ver Mad Max con MelGilson y Tina Turner y El honor de los Prizzi, con Jack Nicholson y Kathleen Turner, dirigidos por John Huston; y a Meryl Streep y Robert Redford los veíamos en África mía, que ganó siete premios Óscars incluyendo mejor película y mejor director.
En ese año se veía una de las películas de culto de Terry Gillian: Brazil. Y también filmes de los directores Emir Kusturica (Papá salió en viaje de negocios), Akira Kurosawa (Ran) y Woody Allen (La rosa púrpura del Cairo).
Los amantes del cine nacional vimos, cómo no, La historia oficial, de Luis Puenzo con guion de Aída Bortnik, y las enormes actuaciones de Norma Aleandro y Héctor Alterio, entre otros; Esperando la carroza, una radiografía de la sociedad argentina que se convertiría en uno de los más grandes éxitos del cine nacional y en una de las películas más queridas por los argentinos.
Y nos emocionamos con la reivindicación de las luchas sociales que hacía El rigor del destino, la película de Gerardo Vallejos con Carlos Carella, Víctor Laplace y Leonor Manso. Adiós, Roberto, de Enrique Dawi, con Carlos Calvo, Víctor Laplace, Ana María Picchio y Héctor Alterio tocó el tema de la homosexualidad en tiempos en que de eso se hablaba poco o nada.
Mientras tanto, en teatro, Enrique Pinti batía todos los récords con Salsa Criolla.
El plan económico del gobierno de Raúl Alfonsín, anunciado el 14 de junio y conocido como Plan Austral, redujo notablemente la inflación. El paquete de medidas establecía una nueva moneda, el Austral, que equivalía a 1.000 pesos.
Congelaba los precios, también los salarios y tarifas, luego de los aumentos, limitaba la emisión monetaria y proponía la austeridad en las cuentas públicas; el Banco Central dejaba de asistir financieramente al Tesoro nacional. Por ese entonces, incorporamos a nuestro vocabulario la palabra desagio, por el cual se establecía que las deudas contraídas en pesos se desindexaran. Los primeros resultados fueron positivos.
En Uruguay, luego de 13 años, terminaba la dictadura y asumía el presidente Julio María Sanguinetti. Brasil volvía a la democracia después de 20 años de gobierno militar. El presidente electo, Tancredo Neves, murió antes de asumir. Fue reemplazado por el vicepresidente José Sarney.
En la Unión Soviética, luego de la muerte del secretario general del Partido Comunista, Konstantin Chernenko, asume Mijail Gorbachov. Se venían algunos cambios... Con el tiempo dos palabras se van a incorporar al vocabulario político mundial: Glasnost y Perestroika; que podrían traducirse como reestructuración y transparencia. Y Alan García se convertía en el nuevo presidente del Perú.
En la Argentina, el año 1985 terminaba con las sentencias en el Juicio a las Juntas militares que había comenzado en abril. Allí se establecía que los condenados habían actuado siguiendo “un plan criminal articulado desde el Estado”.
No había antecedentes de un proceso de ese tipo en el mundo y la sociedad de entonces aprobaba mayoritariamente que hubiera procesos y condenas en el ámbito judicial contra los responsables del terrorismo de Estado.