En pleno auge de una guerra que no vislumbra salidas, el jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, dijo este viernes que espera que los objetivos de guerra de Estados Unidos en Irán se hayan cumplido en un par de semanas, independientemente de la resolución del conflicto.
“Cuando terminemos con ellos aquí, en las próximas dos semanas, estarán más debilitados de lo que han estado en la historia reciente”, declaró Rubio a periodistas en París tras una reunión de ministros del G7.
Su afirmación generó suspicacias ya que no estaba claro si se refería a una finalización de la guerra o a una retirada de las fuerzas militares de Estados Unidos de la región.
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Con respecto a las negociaciones indirectas, con mediación de Pakistán, que según el presidente Donald Trump “van bien”, Rubio explicó que en realidad falta una respuesta concreta de las autoridades que sobreviven en la República Islámica.
El secretario de Estado señaló que Irán no ha contestado a un plan para poner fin a la guerra, pero ha enviado “mensajes” que muestran interés por la vía diplomática. Trump dio plazo “hasta el lunes 6 de abril” para que respondan, bajo la amenaza de iniciar ataques contra las centrales eléctricas.
Más soldados. Algunos analistas consideran que las conversaciones están condenadas al fracaso, o que podrían ser una cortina de humo de Trump mientras prepara una ofensiva terrestre para reabrir el estrecho de Ormuz por la fuerza o apoderarse de los activos petroleros iraníes.
De hecho, el Pentágono está planeando enviar cerca de 10 mil soldados más a la región, según reveló una fuente militar al diario The Wall Street Journal. Se trata de paracaidistas de élite, buques anfibios de asalto y 5 mil infantes de Marina.
Este enorme despliegue supondría un refuerzo considerable de la presencia militar en la zona y le daría a Washington “más opciones militares” en el conflicto.
Mientras tanto, los bombardeos siguen sobre Irán. Ayer, Israel atacó el reactor nuclear de agua pesada de Arak, en el centro del país persa.
También confirmó ataques a siderurgias y a “una planta de extracción de uranio situada en Yazd, en el centro de Irán”, horas después de que la organización de energía atómica de la república islámica informara que bombardeos de Estados Unidos e Israel en la instalación.
Amenaza iraní. La reacción de la República Islámica no se hizo esperar. El ministro de Relaciones Exteriores, Abás Araqchi, afirmó este viernes que Teherán impondrá un “precio muy alto por los crímenes israelíes” contra su país.
“Israel atacó dos de las mayores siderúrgicas de Irán, una planta eléctrica y sitios nucleares civiles, entre otras infraestructuras. Israel afirma que actuó en coordinación con Estados Unidos”, declaró Araqchi en una publicación en redes sociales, para luego amenazar con represalias.
Los Guardianes de la Revolución, por su parte, advirtieron a los empleados de los sitios industriales de la región “que tienen accionistas estadounidenses, así como a las industrias pesadas aliadas con el régimen sionista”, que “abandonen inmediatamente sus lugares de trabajo” porque llevarán a cabo ataques en re presalia.
Otra carta iraní. Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Teherán, afirmaron que se sumarán a la guerra si continúan los ataques contra Irán, o si otros países se suman a la ofensiva estadounidense-israelí. También actuarán, dijeron, si se llevan a cabo ataques desde el mar Rojo.
“Estamos preparados para una intervención militar directa”, declaró el portavoz militar de los hutíes, Yahya Saree, en un video difundido en X.
Los hutíes han atacado en el pasado a buques en el mar Rojo en respuesta a conflictos regionales, pero hasta ahora no han intervenido en esta guerra. En octubre de 2023, los hutíes redujeron drásticamente el tráfico marítimo en el mar Rojo y el canal de Suez cuando comenzaron a atacar embarcaciones en las inmediaciones del estrecho de Bab el-Mandeb en represalia por el bombardeo israelí de Gaza.
El sábado se cumple un mes de la guerra, desatada por ataques conjuntos de Israel y de EE.UU. a Irán y que se extendió a todo Oriente Medio.
El conflicto complicó aún más la frágil economía global, con un aumento considerable del precio del petróleo. Estados Unidos sigue lanzando ultimátums, aunque hasta el momento no se vislumbra una finalización de la guerra.








