El enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta el control motor. Su origen está vinculado a la pérdida de neuronas que producen dopamina, una sustancia clave para coordinar los movimientos. A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que su prevalencia se duplicó en los últimos 25 años.
Si bien suele asociarse al temblor, el cuadro es mucho más complejo. La lentitud de movimientos, la rigidez muscular y los problemas para caminar forman parte de los síntomas visibles. Sin embargo, también existen manifestaciones menos evidentes: trastornos del sueño, depresión, ansiedad y deterioro cognitivo leve en algunos casos.
Así también, la médica Valeria El Haj, directora médica nacional de OSPEDYC, explica que la enfermedad presenta distintas etapas. Durante los primeros años, los pacientes suelen responder a la medicación. Con el tiempo, pueden aparecer fluctuaciones como períodos “ON” —cuando hace efecto— y “OFF”, cuando los síntomas reaparecen.
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También, la actividad física se consolidó en los últimos años como un pilar clave del tratamiento. No se trata solo de complementar la medicación, sino de una herramienta terapéutica en sí misma. Diversos estudios muestran que el ejercicio regular mejora la movilidad, el equilibrio y la fuerza, además de impactar de forma positiva en el estado de ánimo.
En esta misma línea, las recomendaciones apuntan a rutinas que combinen ejercicios aeróbicos, de fuerza y de coordinación. Caminar, nadar, andar en bicicleta o practicar disciplinas como el tai chi pueden ayudar a reducir el riesgo de caídas y sostener la autonomía por más tiempo.
Su entorno también juega un papel central. El acompañamiento familiar, la adaptación del hogar y el seguimiento médico constante son factores que influyen directamente en la calidad de vida. El Parkinson no afecta solo a la persona diagnosticada: reorganiza la dinámica cotidiana de todo su círculo cercano.
A partir de datos de la Parkinson’s Foundation, el diagnóstico temprano y un abordaje integral permiten ralentizar la progresión de los síntomas y mejorar la funcionalidad diaria. La combinación de tratamiento farmacológico, ejercicio y contención emocional aparece hoy como la estrategia más efectiva.

A pesar de los avances, el desafío sigue siendo enorme. La investigación científica avanza en nuevas terapias, incluyendo tratamientos que buscan frenar el deterioro neuronal. Mientras tanto, la información y la concientización siguen siendo herramientas clave para derribar mitos y acompañar mejor a quienes conviven con la enfermedad.
MV








