Javier Milei se encuentra en uno de sus picos de imagen negativa. Diferentes indicadores muestran que está aún peor que en septiembre del año pasado, cuando perdió por más de trece puntos con el peronismo bonaerense y tuvo que ser rescatado con los 20 mil millones de dólares de una corrida cambiaria que podría haber sido fatal para su Gobierno.
Según una encuesta de la consultora Alaska 3.0, si hoy fuese el balotaje con Sergio Massa que se libró en 2023, sería un triunfo para el candidato de Unión por la Patria. Sin embargo, la oposición no logra articularse y ofrecer una alternativa. El 60% de rechazo que tiene Milei está representado por diferentes sensibilidades políticas, cuyos dirigentes aún no han mostrado voluntad de construir un gran frente democrático, como sucedió en Brasil, cuando Lula da Silva pudo vencer a Jair Bolsonaro. Es decir, no sería difícil según esta encuesta derrotar a Milei en un balotaje. Lo que parece ser difícil es llegar a esa instancia.
Las razones de la caída en la popularidad de Milei son el deterioro de la economía. ¿Podrá revertir esta situación Toto Caputo? ¿Habrá más préstamos de Scott Bessent esperando para el momento de las elecciones? ¿Qué pasará con la maltrecha economía argentina si Donald Trump pierde las elecciones de medio término de septiembre de este año? ¿Quién podrá ser el candidato que sintetice las diferentes fuerzas opositoras y se mida con Milei en 2027? Se abrió la vacante del puesto.
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Otra de las mediciones que son un indicador interesante del mal momento del Gobierno es la crítica de periodistas que han mostrado un oficialismo desvergonzado hasta hace pocos días. Esta crítica se manifestó contra el uso del avión presidencial para llevar a la mujer del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a Nueva York, para acompañar al funcionario al evento Argentina Week en la ciudad norteamericana.
En Radio Rivadavia, Jony Viale lanzó: “Si estás combatiendo a la casta, ¿para qué carajo haces cosas de casta? El avión presidencial no es un taxi, no es para familiares”. Recordemos que este colega hace poco dejó interrumpir su entrevista con el Presidente por el asesor Santiago Caputo. Estamos hablando de ese nivel de alineamiento oficialista.
Por su parte, Alejandro Fantino, un colega que defiende al Gobierno desde el principio e incluso habla del Presidente como si fuese un amigo, dijo: “Si Javier se enoja por esto, es porque yo estaba en el barco equivocado. Javi, no uses más la palabra esfuerzo porque no están haciendo ningún esfuerzo. La casta no hace esfuerzo, no saben lo que es”. Es interesante el hastío que transmite Fantino, probablemente conectado con un clima que se respira en la sociedad.
El Índice de Irascibilidad Social de Mora y Araujo revela un escenario de extrema fragilidad para la administración de Milei. El indicador, que mide el termómetro del humor civil en un espectro que va del optimismo absoluto al enojo más profundo, ha perforado sus propios registros históricos al situarse en una marca negativa de trece puntos.
Este dato no es simplemente una cifra aislada, sino el reflejo de una sociedad que, tras un breve período de expectativa tras el cambio de gestión, ha comenzado a manifestar niveles de frustración que superan incluso los momentos de mayor tensión de los últimos dos años. Lo que el índice detecta es una combinación de factores económicos, principalmente vinculados a la caída del empleo y la erosión del poder adquisitivo, que han transformado la esperanza inicial en una molestia tangible que condiciona el apoyo popular al programa de gobierno.
Por otro lado, la evolución reciente de la imagen presidencial, analizada a través de los últimos informes de las principales consultoras, confirma un escenario de polarización extrema, donde el rechazo ha comenzado a perforar el piso de la aprobación en términos netos.
En el caso de Zuban Córdoba, los datos de marzo de 2026 subrayan la consolidación de un fenómeno que definen como el clivaje mileísmo versus antimileísmo, el cual ha desplazado finalmente a la histórica grieta entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo. Este estudio revela que el sentimiento negativo hacia la gestión nacional ha superado la marca del 50%, impulsado principalmente por una percepción de insensibilidad social frente al ajuste y la falta de respuestas a la crisis económica cotidiana.
El dato más inquietante para el oficialismo es que, incluso en bastiones históricos como Córdoba, se registra un desgaste significativo por el recorte de fondos federales, lo que ha provocado que el voto castigo empiece a manifestarse incluso entre sectores que fueron determinantes para su llegada al poder.
Por otro lado, el relevamiento más reciente de Giacobbe & Asociados muestra una caída de la imagen positiva al 41,7%, mientras que la negativa escala hasta rozar el 50%. Este diagnóstico sugiere que la sociedad ha entrado en una etapa de “riesgo de confianza”, donde el crédito inicial otorgado al estilo disruptivo del presidente se está agotando ante la ausencia de resultados tangibles en el consumo y el empleo. La consultora destaca que, aunque Milei retiene un apoyo sólido entre los varones jóvenes, la franja etaria de treinta a cincuenta años (el motor productivo del país) es la que muestra el mayor nivel de desánimo y hostilidad hacia las políticas oficiales.
En este contexto, la fragmentación de la oposición es lo único que parece sostener la competitividad del Gobierno, ya que, si bien la figura presidencial se desgasta, no emerge todavía un liderazgo alternativo que capitalice ese descontento de manera unificada. La conclusión compartida por ambos estudios es que el Gobierno ha pasado de una fase de luna de miel a una de supervivencia política basada en la confrontación, donde el éxito o fracaso de su programa económico determinará si este deterioro es reversible o el inicio de una crisis de representación irreversible.
Ahora bien, ¿cuál es el sustrato económico de este malestar? Vamos a compartir la mirada de dos economistas que no tienen nada de kirchneristas o keynesianos: Diego Giacomini y Carlos Melconian.
Según las proyecciones de Giacomini, se dibuja una encerrona fatal para el aparato productivo argentino en este marzo de 2026. El concepto central es la pérdida de rentabilidad en dólares, que funciona como un termómetro de la viabilidad de cualquier negocio exportador. Según estos datos, las economías regionales están operando con una rentabilidad un 40% menor a la que tenían en noviembre de 2023, justo antes del cambio de gobierno.
Para recuperar el equilibrio de aquel entonces, el valor del dólar debería saltar de su cotización actual a unos $2350, lo que evidencia un atraso cambiario fenomenal que asfixia a los productores del interior. Incluso el sector agroexportador tradicional, que incluye soja y cereales, se encuentra en una situación crítica, con márgenes de ganancia un 32,6% por debajo de los niveles previos a la gestión actual.
Lo más alarmante es que el problema no se soluciona únicamente eliminando las retenciones: aun sin impuestos a la exportación, el sector seguiría estando un 18,5% peor que en noviembre de 2023. La única excepción es la carne, beneficiada por una suba de precios internacionales que la sitúa un 18,8% por encima, pero se trata de una anomalía en un mapa general de “Doble Nelson”: una combinación de costos de producción en alza, alta presión tributaria en los tres niveles del Estado y un dólar récord de barato que no alcanza para cubrir los gastos operativos.
Giacomini sostiene que estamos ante el escenario de “sobre empapado, mojado”. Con la inflación volviendo a subir en este 2026, la actividad económica estancada cerca de cero y los costos de producción disparados por el conflicto bélico internacional, la producción nacional está en un punto de quiebre.
Melconian plantea un diagnóstico crítico sobre 2026, calificándolo como un año recesivo y contractivo. Su principal advertencia se centra en el fuerte deterioro del poder adquisitivo, señalando que los salarios necesitarían una recomposición cercana al 30% para recuperar el terreno perdido y reactivar el consumo. El economista cuestiona el “capricho” oficial por alcanzar una inflación de “cero coma algo”, argumentando que el Gobierno debe elegir entre forzar esa cifra a costa de una parálisis total o permitir una “emisión virtuosa” mediante la compra de dólares para inyectar fluidez en la calle. Respecto al mercado cambiario, rechaza el dólar fijo y advierte que el valor actual está “reprimido”; sostiene que un tipo de cambio en torno a los $1650 brindaría mayor tranquilidad que el atraso actual.
Para salir de esta situación económica, Giacomini plantea una fuerte suba del tipo de cambio, lo que bajaría los costos de producción, le devolvería competitividad a la industria y, además, Melconian plantea que hay que subir los sueldos para recuperar algo de consumo, que, según el consultor Damián Di Pace en este mismo programa, vive una caída masiva. Es decir, los argentinos compramos cada vez menos alimentos.
Según Giacomini, el Presidente no va a tocar el tipo de cambio porque le interesa resguardar su imagen. De alguna manera, Milei enfrenta la encrucijada de saltar sobre el fuego y esperar que las quemaduras sean leves para poder escapar del incendio o esperar que se apague y quedarse atrapado.
La última elección que parecía perdida la resolvió gracias a un préstamo a último momento de Trump y Bessent, pero sus aliados norteamericanos se enfrentan a su propia batalla interna y ahora se encuentran en medio de una guerra que tiene altos niveles de impopularidad. Si todo esto hace eclosión y Trump pierde las elecciones de medio término, puede suceder que la economía se complique aún más.
Es probable que los mercados entiendan, con razón, que no habrá nuevos préstamos y que sus pagos no están garantizados, lo que provocaría un retiro masivo de bonos argentinos y, en consecuencia, una suba del dólar totalmente desconcertante.
A todo esto se suma la propia volatilidad de la guerra. La titular del FMI, Kristalina Georgieva, dijo que, de seguir aumentando a este ritmo los precios del petróleo, deberíamos prepararnos para lo desconocido en términos de inflación mundial. Para seis bancos internacionales, si esto se confirma, Argentina es uno de los países que se encuentran en peores condiciones para afrontar esta situación.
Con esto queremos decir que, si efectivamente la economía es el motor del malestar social frente a Milei, probablemente ambos elementos empeoren. Sin embargo, esto no quiere decir que Milei ya tenga sus días contados. Si bien la economía es determinante a la hora de pensar la coyuntura, nunca hay que olvidarse de que la política siempre está primera.
Imaginemos que a una persona le descubren una enfermedad muy grave. No se sentía mal, no tenía síntomas, pero un muy leve dolor lo lleva a hacerse un chequeo de rutina y los médicos le descubren una patología terminal. Nuestro paciente se va a someter a todo tipo de tratamientos, algunos que, como la quimioterapia, van a ser perjudiciales. Lo van a internar y sus condiciones de vida van a empeorar.
Es decir, si le preguntáramos a este paciente si vivía mejor antes o después de que estos médicos le diagnosticaran la enfermedad, no lo dudaría: vivía mejor antes. Pero si le preguntaran si está conforme con los médicos, lo más probable es que dijese que sí, que se esfuerzan mucho y tratan de salvarle la vida. Nuestro paciente, obviamente, percibe su malestar, percibe que está sufriendo. Sin embargo, le atribuye este sufrimiento a la enfermedad y, aun si supiese que hay tratamientos que le provocan dolor, plantearía que es un dolor necesario para poder salvar su vida.
En la coyuntura política actual pasa algo similar. Las personas que respaldan a Milei también sufren el ajuste y las políticas libertarias. Pero atribuyen su sufrimiento al Gobierno anterior, a los “más de setenta años de decadencia”, a la casta o a cualquier otro elemento propio de la narrativa que Milei logró que la sociedad crea. Muchas personas atribuyen el sufrimiento del ajuste como un sufrimiento necesario para poder salir adelante.
El analista político Hugo Haime sostuvo: “La gente puede decir: “A mí no me está yendo bien, pero creo que finalmente este es el camino”. Independientemente del devenir de la economía, Milei puede ser votado”.
Por todo esto, es clave el rol de la oposición. Hablar con los familiares del paciente, demostrarles que el diagnóstico y el tratamiento es equivocado y mostrarles una alternativa sin tanto dolor y que verdaderamente cure al enfermo es una tarea muy compleja, pero el mal momento del Gobierno la hace más fácil que antes.
Una columna de Luciano Román, publicada hoy en el diario La Nación, se hace una pregunta central: ¿este estilo beligerante por parte de Milei terminará incubando su propia antítesis? Un liderazgo que logre sintetizar la racionalidad económica con la moderación política. Aunque hoy no se vislumbra una figura clara que encarne esta opción y la oposición aparezca fragmentada, Román recuerda que los fenómenos políticos suelen gestarse de manera subterránea antes de hacerse visibles, sugiriendo que el próximo ciclo argentino podría estar definiéndose por el agotamiento de las formas agresivas de ejercer el poder. No podemos más que coincidir con el Secretario General de Redacción del diario El Día de La Plata, quien además dirige la carrera de Periodismo de la Universidad Católica de La Plata.
“El partido de los agraviados y los ofendidos por el Presidente es una fuerza cada vez más amplia y más heterogénea. Hay, además, un tono de insensibilidad y arrogancia en los actores del poder que engendra, inexorablemente, bolsones de enojo y hasta, quizá, un silencioso resentimiento.
Los historiadores registran, en el último medio siglo, una evolución política en la Argentina basada en cambios cíclicos de la demanda social y en algunos aprendizajes de fondo. El más importante fue el ‘pacto democrático’, el que sepultó definitivamente los riesgos de golpes de Estado y los largos períodos de inestabilidad institucional.
El segundo fue el de la alternancia, que permitió zafar de los intentos hegemónicos y ponerles límites a proyectos de perpetuación en el poder, como los que intentaron, en su momento, Carlos Menem y el matrimonio Kirchner.
El tercero parece más novedoso, explica en parte el surgimiento de Milei y está todavía en etapa de consolidación: sería el aprendizaje de la racionalidad económica, basada en la idea del equilibrio fiscal, la estabilidad en los precios y la administración responsable de los recursos públicos.
Muchos creen, sobre la base de encuestas y patrones electorales, que una mayoría de la sociedad argentina ya ha aprendido que no se puede gastar lo que no se tiene ni hipotecar el futuro despilfarrando el presente. En la dirigencia política, salvo expresiones marginales del kirchnerismo residual, parece haber cierto consenso en el valor del equilibrio fiscal y en el agotamiento del populismo económico”, escribió Román.
Aún se busca presidente para 2027. Que pueda ganar un balotaje, que guarde las formas y no insulte, que escuche críticas, tenga racionalidad económica, sensibilidad social y no busque enemigos nuevos todos los días. Probablemente los interesados y los que no lo están tanto ya estén recibiendo llamados de varios dirigentes políticos.
Probablemente el enojo con Adorni por llevar a su mujer en el avión presidencial y el lujo de la comitiva de Gobierno en uno de los hoteles más caros de Nueva York, mientras declaró que literalmente se está “deslomando trabajando”, sea una síntesis fiel del mal momento del Gobierno.
Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi
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