Apenas unas semanas después de que el canciller alemán, Friedrich Merz, defendiera en la Conferencia de Seguridad de Múnich una Europa fuerte frente a la deriva trumpista, sin renunciar a la alianza transatlántica, la guerra contra Irán le ha puesto en la diana de las críticas por su silencio y su actitud complaciente ante Donald Trump durante la comparecencia pública de ambos el pasado martes en el Despacho Oval. La escena desató la incomprensión y las críticas tanto dentro de Alemania como entre sus socios europeos.
En un momento en el que la UE espera que Estados Unidos siga manteniendo su apoyo para plantar cara a Rusia en Ucrania y que respete el acuerdo comercial firmado con Bruselas en julio del año pasado, algo que afecta especialmente a Alemania como potencia exportadora, Merz dio la impresión de querer mantener contento a Trump, aunque para ello echara por tierra la esperanza de muchos de que alguien plante cara al dignatario estadounidense. Tampoco parece titubear a la hora de enfrentarse, como él mismo ha reconocido, a un dilema en el marco de la defensa del derecho internacional.
“Fue un gran error, porque no se puede, por un lado, presentarse como defensor de los intereses europeos y, por otro, cuando se critica a determinados países, simplemente permitirlo en silencio”, explica el politólogo Wolfgang Schroeder, catedrático en la Universidad de Kassel, que considera que con este comportamiento “se ha desacreditado a sí mismo como una autoridad real que pueda reivindicar los intereses europeos incluso frente a los críticos más acérrimos”.
Sin embargo, Schroeder reconoce que esto puede ser “comprensible”, ya que es “relativamente nuevo” y no es “un negociador experimentado, ni un buen estratega, en realidad no tiene nada de lo que caracteriza a un buen político”. “Lo único que tiene es que es un buen orador, con una retórica incisiva, pero su capacidad estratégica es muy débil”, agrega.
La reacción de Trump a los ataques aéreos israelíes y estadounidenses contra Irán sonó en Alemania como resignada después de que reconociera que los llamamientos de Europa, la condena por las violaciones de los derechos humanos por parte de Irán e incluso los amplios paquetes de sanciones habían tenido “poco efecto a lo largo de los años y décadas” y que esto se debía a que no estaban dispuestos a “imponer” sus intereses fundamentales “por la fuerza militar si fuera necesario”. Por lo tanto, en su opinión, no es el momento de dar lecciones a socios y aliados. Estas declaraciones ya dejaban entrever la tónica de su encuentro en Washington.

El Gobierno alemán se ha abstenido de criticar los ataques y evita entrar en el debate sobre una posible ilegalidad del uso de las bases militares estadounidenses en suelo germano, entre las que se encuentra Ramstein, la más grande fuera de Estados Unidos. A pesar de que la guerra contra Irán ha sido clasificada por numerosos expertos internacionales como ilegal y que se ha ignorado al Congreso estadounidense y a las Naciones Unidas, Merz se refugia en que “existe un motivo para esta intervención, después de que se haya negociado durante varios años, incluso décadas” y que la vía diplomática no haya dado ningún resultado.
La semana pasada, en una entrevista con la cadena pública ARD, afirmó: “Puede haber un momento en el que sea demasiado tarde y no quiero que se me considere corresponsable de ello”. “Porque entonces, algún día, ya no se nos preguntará si hemos hecho todo según el derecho internacional, sino que se nos preguntará: ¿por qué no lo impidieron antes?”, apuntó al mismo tiempo que siguió defendiendo que se respeten las normas del derecho internacional. “Aquí no aplicamos un doble rasero, pero debemos preguntarnos qué hacemos realmente cuando las normas del derecho internacional llegan claramente a sus límites y, como ocurre con adversarios como Irán, no están dispuestos a cumplirlas”.
Las críticas recorren el país desde hace días. “Merz desacredita a Alemania y a Europa como moralistas ingenuos y sin recursos. Se menosprecia a sí mismo y a su país”, escribió Der Spiegel en un editorial titulado “Merz se esconde”, en el que criticó duramente la posición de Alemania respecto a los ataques contra Irán.
“En terreno resbaladizo”, tituló por su parte Die Zeit. “Cuando Friedrich Merz habla del exceso normativo que ha sufrido la política exterior alemana hasta ahora, también está corriendo un riesgo. Si se impone la idea de que un país puede atacar cuando se siente amenazado por otro, sin tener que presentar pruebas concretas de dicha amenaza, ¿con qué argumento podría entonces oponerse, por ejemplo, a Vladimir Putin? Al menos así argumentan los escépticos, que también hay en la propia coalición”, escribió el semanario alemán. Pero no todo fueron ataques, otros como Berthold Kohler, editor del Frankfurter Allgemeine Zeitung, recordaron la necesidad de que Merz tenga una buena relación con Trump para no dejarlo “a merced de los susurros de Putin y de quienes odian a Europa”.
Merz se ha mostrado más cauto a la hora de usar sus palabras después de decir el pasado verano que Israel estaba haciendo “el trabajo sucio” de Alemania en la guerra de 12 días contra Irán, pero eso no le ha ahorrado reproches de estar dando vía libre a Trump e Israel. Cada vez más voces alertan del peligro que supone que Irán se convierta en otro Estado fallido, lo que generaría nuevos flujos migratorios hacia Europa.
Dentro de su Gobierno de coalición —formado entre conservadores y socialdemócratas— también existe preocupación. El portavoz de Asuntos Exteriores del Partido Socialdemócrata (SPD) Adis Ahmetovic, ha instado al Gobierno a adoptar una postura clara con respecto al derecho internacional. “Si no se denuncian las violaciones del derecho internacional, se lleva al absurdo el derecho internacional y se asiste a la erosión política”, declaró en la cadena Bayerischer Rundfunk. “Se trata también de una cuestión de credibilidad, ya que en otros lugares se ha señalado claramente que Rusia está invadiendo Ucrania contraviniendo el derecho internacional”. Pero no es la primera vez que Alemania es acusada de usar un doble rasero. La guerra en Gaza y su reticencia a la hora de denunciar los ataques a la Franja también la convirtió en objeto de duras críticas.
En este contexto, Ucrania teme pasar a un segundo plano, un temor que intentó apaciguar la semana pasada el ministro de Exteriores alemán, Johann Wadephul, al afirmar que, por mucho que la región del Golfo acapare la atención, “el mayor desafío para la seguridad de Europa sigue siendo la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania” y Alemania sigue considerando la defensa del país invadido como “una prioridad”. Merz dijo haber hablado del tema con Trump durante su encuentro, aunque sin entrar en muchos detalles.
Sin embargo, intentar mantener contento a Trump por causa de Ucrania puede convertirse en un error estratégico. Expertos del instituto de pensamiento European Council on Foreign Relations (ECFR) creen que la guerra de EE UU e Israel contra Irán solo debilitará las ambiciones europeas en Ucrania, y Rusia será uno de los principales beneficiarios. “El aumento de los precios de la energía beneficiará a Vladímir Putin y la interrupción del suministro de gas de Qatar, causada por los ataques iraníes, hará que Europa (y otros actores globales) dependa más del suministro energético ruso”, explican Julien Barney-Dacey y Ellie Geranmayeh, del ECFR.
En su opinión, los europeos deberían oponerse a la guerra en Irán. “Apoyar la misión de Estados Unidos es dar luz verde a un mundo sin ningún apego residual a un orden basado en normas. Los europeos, como actores globales débiles, pagarán un alto precio por ello en el futuro”. Al mismo tiempo, alertan del riesgo que esto supondrá a nivel interno en unos países que se están apretando el cinturón para aumentar el gasto en defensa y que, si el conflicto se prolonga, sufrirán un aumento de los precios de la energía y la inflación, “lo que animará aún más a los grupos populistas que buscan derrocar a los líderes actuales”.







