Cuando la copia se normaliza: falsificaciones y ‘dupes’, amenaza y peligro para la belleza | Belleza | S Moda

Cuando la copia se normaliza: falsificaciones y ‘dupes’, amenaza y peligro para la belleza | Belleza | S Moda


El 65% de mileniales y zetas ven los dupes como productos éticos si funcionan igual que los originales, según una encuesta de Statista de 2025. Abreviatura de duplicado en inglés, el término alude a productos baratos, generalmente de marcas blancas, que se parecen a otros de lujo, como algunos creadores y medios se encargan de asociar. “Las redes sociales no solo correlacionan, sino que catalizan este crecimiento. Plataformas como TikTok e Instagram han normalizado los dupes a través de comunidades como #DupeTok, donde los usuarios comparten reseñas, comparaciones y trucos de belleza, convirtiendo el acto de imitar en un ritual compartido y empoderador”, explica Alba Navalón-Mira, doctora en Sociología por la Universidad de Alicante. “Análisis de discusiones en X revelan un patrón, los posts sobre dupes de cosméticos acumulan miles de interacciones, con usuarios celebrando la democratización del glamour, mientras advierten contra falsificaciones tóxicas”, continúa. Pedro Catalá, cosmetólogo, doctor en Farmacia, profesor de Química Cosmética en la Universidad de Siena y fundador de Twelve Beauty, apostilla: “La cosmética es un campo muy atractivo y que genera mucho interés. Abrirse un perfil en redes y hacer reseñas de productos es algo relativamente fácil y poco costoso. Me sigue pareciendo increíble que cada día aparezcan miles de nuevos ‘expertos’ autoproclamados en esta ciencia que cuesta muchos años aprender”.

El vocablo eleva una práctica que no es nueva. Por eso muchos abogan por llamarlo imitaciones o equivalencias, “para evitar distorsionar la realidad bajo un término distinto que busca alejarse del foco de una práctica ilícita”, defiende Jorge López, director legal y de sostenibilidad de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética). “Estos productos necesitan mencionar a la marca original para venderse. Sin la promoción y comunicación relacionándolos con las firmas originales es muy difícil publicitarlos, ya que el consumidor medio no puede probar las referencias en un expositor sin una guía”, añade. A diferencia de los dupes, las falsificaciones “intentan parecerse visualmente al original. Aprovechan la viralidad de internet y suplantan la reputación de las marcas, su tráfico e incluso las ventas de las marcas legales. En perfumería y cosmética, casi el 50% de las falsificaciones se concentran en redes sociales”, añade. En el caso concreto de los productos de tratamiento, para Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode, “las falsificaciones crecen impulsadas por el deseo de poseer un producto aspiracional a cualquier precio. En el caso de los dupes, el crecimiento tiene más que ver con un consumidor informado a medias, que sabe identificar ingredientes estrella, pero no siempre comprende el peso de la formulación completa. A eso se suma la presión de las redes sociales, donde se simplifica el mensaje y se refuerza la idea de que ‘si lleva lo mismo, es igual’, algo que en cosmética rara vez es cierto”.

Unas cifras muy expansivas

La Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) subrayó en su último estudio de percepción que las pérdidas directas anuales por las falsificaciones superan los 3.000 millones de euros, lo que equivale al 10% de las ventas legales del sector. “Además, sitúa a España entre los países con mayor compra intencional de falsificaciones (20% de consumidores en el último año, frente al 13% de media de la UE). En dicho estudio las falsificaciones se asocian a una pérdida anual de ventas del 5,5% en el sector cosmético, lo que se traduce en más de 50.000 empleos perdidos o en riesgo en toda la Unión Europea”, explica el director legal de Stanpa. Ana Trolez, directora de marketing comercial global de PyD, añade más elementos a la ecuación: “Normalmente, estos productos se producen en grandes volúmenes y a precios muy bajos, lo que incita a la compra impulsiva y masiva. Por consiguiente, lo que vemos es que el mercado está saturado de estos productos. Si hablamos de sostenibilidad y ética empresarial, puedes inspirarte, pero jamás copiar. Estas marcas invierten muy poco o nada en I+D+i, así que al final tienen que plagiar de las marcas originales. Además, el diseño y la trazabilidad de los materiales no suele ser muy transparente. Personalmente, creo que es un atajo que pone en juego la innovación”.

En abril, la Unión Europea planteó el problema de los peligros de ciertos cosméticos más asequibles que se venden en sitios de comercio online como Temu o Shein, tal y como explica López, de Stanpa: “El comisario de la UE Michael McGrath reveló que la UE ha recibido más de 4.137 alertas por productos peligrosos durante el último año, la cifra más alta desde que se puso en marcha su sistema de notificación en 2003. El informe de la OCDE en colaboración con EUIPO muestra que, para falsificaciones peligrosas destinadas a la UE, el canal online concentra el 60% de las incautaciones; perfumería y cosmética es la categoría más afectada en este tipo de compras online (46%). El modelo logístico dominante es el envío pequeño por correo, lo que encaja con la dinámica de muchas ventas en marketplaces y plataformas online”.

El 46% de las incautaciones de falsificaciones en tiendas online son de perfumería y cosmética. La belleza en su conjunto es la categoría más afectada en este canal.

El fenómeno ni es nuevo ni ha nacido en TikTok. En la década de los ochenta en Nueva York, Dapper Dan se hizo famoso por falsificar los logos de marcas de lujo y vestir a gánsteres, deportistas y raperos desde su pequeña sastrería de Harlem. Dan fue denunciado, pero años más tarde, en 2018, Alessandro Michele fichó al sastre como colaborador para una colección en Gucci. “Históricamente, las falsificaciones de seda en la Venecia renacentista o de perfumes en la Francia del XVIII desafiaban los monopolios de la élite”, confirma la socióloga Navalón-Mira. “En el siglo XX, los knock-offs de los ochenta en Nueva York marcaron el auge del hip hop como resistencia cultural. Las imitaciones surgen siempre en periodos de desigualdad, como válvula social”. Según la experta, el crecimiento explosivo de este mercado de dupes y falsificaciones se explica por una confluencia de factores socioeconómicos y culturales: “En primer lugar, la persistente desigualdad de ingresos que ha amplificado el aspiracionismo accesible. Los consumidores buscan emular estilos de vida premium sin endeudarse, en un contexto donde el consumo se ha convertido en un marcador de estatus, impulsado por la publicidad y los influencers. Segundo, la globalización de la producción en países asiáticos ha bajado los costos y acelerado la distribución vía e-commerce. Tercero, desde una perspectiva sociológica, los dupes permiten acumular capital cultural sin el capital económico, desafiando la exclusividad de las élites. Y, finalmente, la sostenibilidad juega un rol paradójico, es decir, muchos ven los dupes como una alternativa ética al fast fashion de lujo, que genera desperdicio masivo, aunque las falsificaciones reales alimentan redes de crimen organizado”.

Peligros y responsabilidades

Los expertos coinciden en que existen peligros, tanto para la industria como para el consumidor. “En el caso de las falsificaciones es evidente”, afirma tajante Raquel González, “hablamos de productos que suplantan a una marca, sin controles, sin trazabilidad y con fórmulas que no son del todo transparentes. Puede haber riesgos reales para la piel, desde irritaciones severas hasta reacciones adversas más serias”. Por ejemplo, los perfumes falsificados “contienen en su mayoría agua, hasta un 50%, y etanol industrial o de baja pureza como disolvente. Esto resulta un fraude para los consumidores, ya que, frente a los 80 componentes que tiene un perfume original, las falsificaciones no suelen tener más de 20 o 25”, revela López. En el caso del dupe cosmético, el peligro viene cuando entra en canales de venta no oficiales o mercados paralelos, algo que afecta tanto a dupes como a productos originales. En ese punto, la seguridad deja de depender únicamente de la fórmula. “Ya no se puede controlar con la misma garantía la caducidad real, las condiciones de almacenamiento (temperaturas inadecuadas, exposición a la luz o al aire) o incluso la manipulación del envase. Y en este caso, la responsabilidad queda muy diluida. Aunque el producto sea correcto en origen, puede llegar al consumidor degradado, con activos inestables o conservantes menos eficaces”, argumenta González.

20% es el porcentaje de consumidores españoles que el último año tuvieron intención de comprar falsificaciones (frente al 13% de media de la UE).

Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea

Controles hacia el futuro

“Dentro del sector cosmético, el maquillaje es, con diferencia, la categoría más afectada por la falsificación”, cuenta Juan Carlos Ruiz, director de protección de marca de SICPA Spain, empresa tecnológica de origen suizo. “Productos como bases de maquillaje, paletas de sombras, máscaras de pestañas o labiales son especialmente vulnerables ya que combinan alta demanda, precios atractivos y facilidad de distribución”. Existen vigilancias, apunta: “En SICPA contamos con soluciones de autenticación que permiten al consumidor identificar un producto original de forma sencilla y fiable. Estas incluyen elementos visibles integrados en el envase, así como soluciones digitales para verificar mediante el smartphone, aportando una capa adicional de seguridad y trazabilidad”. Y advierte que, “cuando un producto no incorpora este tipo de medidas de seguridad, es fundamental que el consumidor adopte una actitud preventiva. En primer lugar, debe comprobar que el punto de venta físico o digital sea coherente con el tipo de producto que se está adquiriendo, evitando canales no oficiales o plataformas poco transparentes. En segundo lugar, es clave desconfiar de precios anormalmente bajos, que suelen ser un indicio claro de falsificación. Por último, la calidad percibida del producto —envase, etiquetado, textura, olor o acabado— debe corresponderse con los estándares habituales de la marca”. Ana Trolez concluye: “La industria textil ha avanzado mucho con programas de marca protegida, colaboración con plataformas, serialización, pasaportes digitales y estándares. La cosmética puede replicar y mejorar la parte de la autenticación visible a través de un QR/NFC con pasarelas de verificación. Además, creo que podemos poner la atención en las alianzas con marketplaces para promover los sellos Authorized Brand. Algunas de estas acciones ya las hemos puesto en marcha. Y como punto importante, centrarnos en la formación continuada en el punto de venta, así como a través de las redes”.

Sobre el porvenir de dupes y falsificaciones en la industria de la belleza, la socióloga prevé “por un lado, mayor regulación por parte de la UE, reduciendo falsos tóxicos, pero no dupes éticos; por otro, una hibridación donde marcas premium lancen líneas asequibles (por ejemplo, H&M y diseñadores). Socialmente, se profundizará la polarización, mientras las élites defenderán la autenticidad sostenible, las masas defenderán dupes como empoderamiento. En esencia, evolucionará hacia un consumismo más inclusivo, pero vigilado”.