cuáles son los más originales que les pusieron a los bebés en la última década

cuáles son los más originales que les pusieron a los bebés en la última década


En una ciudad donde conviven más de tres millones de habitantes, también coexisten miles de formas de nombrar a una persona recién nacida. Según un relevamiento que el Registro Civil porteño compartió a Clarín, en la última década se registraron casi 12.000 nombres únicos. Son los que fueron elegidos entre una y diez veces (nada más) desde 2015 hasta hoy.

A partir de esa base de datos oficial, se abre un universo tan caprichoso como curioso: hay variantes que podrían considerarse desde glamorosas, futboleras o, simplemente, modernas, hasta nombres a los que cuesta encontrarles sentido.

La hija de Cathy Fulop se inspiró en la película sobre la supermodelo Gia Carangi, protagonizada por Angelina Jolie, que vio cuando tenía 15 años. Sin embargo, no entra en la categoría de “nombre único”. Según los datos del Registro Civil de la Ciudad de Buenos Aires, el nombre “tiene más de diez ocurrencias en los últimos años”.

Algo parecido sucede con los nombres elegidos por Nicole Neumann para sus hijas con su ex marido, Fabián Cubero: Indiana, Allegra y Sienna. Aunque suenan distintivos dentro del panorama local, tampoco forman parte de la lista de nombres únicos porque “superan las diez inscripciones” en la última década.

No es casual: históricamente, los famosos suelen convertir en tendencia los nombres que eligen para sus hijos, impulsando modas que luego se replican en las oficinas del Registro Civil.



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“Un” nombre

Más allá de esas modas mediáticas, el archivo oficial muestra que la creatividad de los padres y madres está activa. Entre los 11.766 nombres únicos registrados, apenas unas pocas veces aparecen casos como Dreiko, Zaymara, Etsionn, Niklauss, Jhareliss o Viunce, combinaciones que mezclan influencias culturales, sonidos inventados o adaptaciones fonéticas.

También hay nombres que parecen familiares, pero que presentan variaciones ortográficas o reinterpretaciones modernas. Por ejemplo: Lenon (una adaptación del apellido Lennon), Miloh, Aleera o Quemberly, que recuerda al clásico Kimberly pero escrito diferente. También figura Aliciia (sí, con dos ii), o Agosta y, para varón, Agutin (sin s). Vicrotia parece Victoria mal escrito, pero es una variante aceptada, de la misma manera que Victorias (en plural).

También figuran los nombres “únicos” Ah, Alanoca o Alvarenga, Badaraco, Carrion, Cinderella, Colmegna, Danger, y, llamativamente, D’onofrio, como el ex presidente de River. Y están Xeneise y Xeneixe.

Flores es menos llamativo, no así Fuentes, como nombre en vez de apellido, al igual que Aguirre, Perlongher, Pulicastro, Santamaría, Vilas, Sonnenberg, Tornatore, Trobajo, Lezcano, Moscoso, Oviedo, Ovejero, Underwood o Velázquez.

No sorprenden los nombres rusos, por el boom de inmigración de los últimos años hacia nuestro país para obtener nuestra nacionalidad, pero sí figuran entre los únicos las variaciones Dmitrii, Grigorii, Vladik y Anastasiia.

La globalización cultural también se cuela en el padrón porteño. Aparecen nombres que remiten a distintas regiones del mundo, como Gaizka (de origen vasco), Aadhya o Aadir (bien asiáticos), o Yrasema, una variante del nombre indígena Irasema. Jaureguiberry o Maldonado, localidades de Uruguay, fueron otros de los elegidos, al igual que Knoublauch, que es “ajo” en alemán, o un apellido de ese origen.

En otros casos, los nombres parecen surgir directamente de la cultura pop. En la lista figura Nezuko, de mujer, igual que uno de los personajes del popular anime japonés Demon Slayer. También aparecen combinaciones que se acercan a la sonoridad de nombres anglosajones, como Myel o Amiley, y Dostin (no con o, con u).

El fenómeno no es nuevo, pero sí se profundizó en los últimos años. Impulsados por la circulación global de películas, series, redes sociales y celebridades, lo que antes era raro o exótico hoy puede aparecer registrado varias veces en un mismo año.

La cuestión, además, tiene un marco legal claro. La elección de los nombres está regulada por el Código Civil y Comercial de la Nación, que fue reformado en 2015. Desde entonces, la libertad de nombrar a una persona recién nacida es amplia, aunque existen algunos límites: que no “lesione el honor” del bebé ni resulte ofensivo.

Hasta 2014, la elección del nombre debía coincidir con alguna de las 9.807 opciones incluidas en un listado oficial. Si los padres querían bautizar a su hijo con una denominación por fuera de esa nómina, tenían que pedir una autorización especial. Y sólo cuando fuera aprobado tres veces por las autoridades del Registro Civil porteño, pasaba a integrar la lista oficial y podía ser elegido sin un pedido previo especial.

Nada de lo anterior anula que la mayoría de los nacimientos porteños –en 2025 nacieron 38.251 bebés, y 5.680 en lo que va de 2026– sigue concentrándose en nombres tradicionales. “El resto de los nombres registrados en la última década, que no son únicos, es decir, que tienen más de 10 ocurrencias desde 2015, son 2.252“, dijeron a Clarín desde ese Registro.

Los más elegidos para nenas en los últimos años fueron Olivia, Emma e Isabella, mientras que entre los varones lideraron Mateo, Benjamín, y Bautista.

Esos nombres concentran cientos de inscripciones anuales, muy lejos de los que integran la lista de “únicos” con los que empezó esta nota. En el otro extremo del ranking, los nombres más originales (en el sentido de poco repetidos) conforman una especie de mapa paralelo de la creatividad familiar.

Dentro de ese universo aparecen otros ejemplos muy diversos: Ekim, Tamaris, Lisett, Edris, Shuley, Luisao o Denalyn.

Es un catálogo inesperado que mezcla idiomas y estilos. Un registro que, más allá de los números, también funciona como una pequeña radiografía cultural de la época, un tiempo en el que cada vez más familias buscan que el nombre de su descendencia sea, literalmente, único.