El partido disputado entre Hungría y El Salvador en el Nuevo Estadio de Elche durante el Mundial de España 1982 ostenta el récord de la mayor goleada histórica.
La superioridad del conjunto europeo se manifestó desde el inicio del encuentro, cuando Gabor Poloskei abrió el marcador apenas a los cuatro minutos de juego. A pesar de que el primer tiempo finalizó con un tres a cero parcial, la segunda mitad se convirtió en un despliegue ofensivo sin precedentes en la competición.
El equipo centroamericano, que llegaba al torneo en un contexto de guerra civil y con escasa preparación internacional, no logró contener los ataques constantes de los delanteros magiares, quienes aprovecharon cada desajuste defensivo para ampliar la ventaja de manera sistemática.
Un dato particular de esta jornada fue la actuación de Laszlo Kiss, quien ingresó desde el banco de suplentes para anotar un triplete en apenas siete minutos, convirtiéndose en el autor del “hat-trick” más rápido en la historia del certamen.
Por el lado salvadoreño, el gol de Luis Ramírez Zapata a los 64 minutos fue celebrado con euforia, ya que representaba el primer grito sagrado del país en una Copa del Mundo. Sin embargo, la respuesta húngara fue inmediata y contundente, marcando cinco goles adicionales tras ese descuento para sellar la cifra definitiva de 10 a 1, la única vez que un equipo alcanzó los dos dígitos en una del Copa del Mundo.
Resulta paradójico observar que, a pesar de semejante demostración de poderío goleador en su debut, el seleccionado de Hungría no logró superar la fase de grupos. Tras la victoria inicial, el equipo empató con Bélgica y perdió frente a la Argentina de Diego Maradona, quedando eliminado prematuramente.
El Salvador, por su parte, mejoró su desempeño defensivo en los siguientes compromisos, sufriendo derrotas mucho más ajustadas ante los mismos rivales. Este 10 a 1 permanece inamovible en los libros de estadística de la FIFA como el margen más amplio y la mayor producción ofensiva de un equipo en noventa minutos.
La diferencia de jerarquía técnica y táctica entre ambos planteles fue el factor determinante. Mientras Hungría contaba con futbolistas de trayectoria en ligas europeas competitivas, el plantel salvadoreño enfrentó dificultades logísticas severas antes de arribar a España, incluyendo la falta de balones oficiales para entrenar.
Esta disparidad se tradujo en un dominio absoluto del campo y del ritmo de juego, permitiendo que los húngaros rotaran la pelota con libertad y encontraran espacios vacíos de forma recurrente ante una defensa que se desmoronó tras el quinto gol.








