Facundo Sava, 51 años, director técnico de Sarmiento. Ex goleador de Ferro, Boca, Gimnasia, Fulham de Inglaterra, Celta y Lorca de España, Racing, Arsenal y Quilmes. Estudiante frustrado de Ciencias Económicas pero recibido como psicólogo social en la Escuela de Pichón Riviere. Escritor, autor de los libros “Los colores del fútbol” (2010) y “Fútbol y Psicología Social”, una filosofía de vida, de reciente aparición. Un tipo reflexivo que no duda en afirmar que le gusta el fútbol argentino, aunque el formato de los torneos le genera contradicciones. Le gusta el buen juego pero a veces no lo puede desarrollar por completo en sus equipos, sueña con dirigir en Europa y tener una nueva chance en un equipo grande. Diez años después de dirigir a Racing, afirma: “Hoy hubiese hecho cien cosas distintas de las que hice en aquel momento. Desde el primer día hasta el último”.
-Te gusta cómo se juega en el fútbol argentino?
-A mí sí, hay buenos equipos. Argentinos me encanta. El River de Gallardo también, aunque el año pasado fue irregular porque justamente tuvo mucho recambio. Estudiantes juega bien, es un equipo muy consolidado. Racing, que con Diego Milito tiene un buen proyecto, Lanús, Vélez, Independiente. Y podría nombrar algunos más. Te reitero, al proyecto futbolístico integral, inferiores y primera, también tiene que estar acompañado por una continuidad institucional.
-Te tocó debutar en el torneo Apertura contra uno de los mejores equipos de 2025.
-No, no (interrumpe). No uno, el mejor del año pasado. Me encanta cómo juega Argentinos, ya te lo dije, y los primeros 15 minutos le dimos pelea, jugamos bien arriba, pero después no pudimos sostener el ritmo, tuvimos que dar marcha atrás y no nos funcionó, empezamos a correr detrás de la pelota. Y con la expulsión, quedamos en inferioridad. Ellos arrancan la jugada desde bien abajo, corren por todos lados y te van arrinconando. El año pasado le pegó un baile a Vélez y también a Boca, aunque quedó eliminado. Y nosotros no fuimos la excepción.
-¿Te gustaría que tus equipos jueguen así?
-Bueno, el año pasado, en la última parte, lo pudimos hacer, pero de un año a otro hicimos muchos cambios, se fue Vigo, cambiamos el lateral izquierdo, los medios, los delantero. Tenés que empezar a trabajar de cero. Tuvimos 14 refuerzos. Lleva tiempo acomodar de nuevo el equipo. En cambio, Argentinos apenas tocó el equipo, además de la estructura que tienen. Eso potencia todo el tiempo.
-¿Y el formato de los torneos actuales?
-Y eso genera una contradicción. Se pide mucho un torneo de 20 equipos, todos contra todos, y creo que tendrían mucha más calidad los partidos y el torneo sería más vendible. Con 30 equipos el abanico es más grande. Algunos no podrían estar en la élite, pero es bueno que estén. Este formato, como el de la Copa Argentina, le permitió salir campeón a Patronato, Colón, Tigre, Platense, Independiente Rivadavia de Mendoza. De proyectarse a buenos jugadores de trayectoria en el ascenso que otro formato no se permitiría. De lo contrario, pasaría como pasa en Europa, en España salen campeones Barcelona y Real Madrid, en Inglaterra, el United, el City, Liverpool, Arsenal, etc. Son siempre los mismos. Los otros juegan por entrar en la Champions o en la Europa League, pero no por ser campeón.
-Ahora en Sarmiento tenés más estructura que en otra época…
-Sí, por supuesto, el club tiene un predio que no deben tener muchos en la Argentina. La infraestructura está, el presidente (Fernando Chiófalo) la verdad es para sacarse el sombrero todo lo que ha hecho en este tiempo, comedor para los jugadores, está haciendo un gimnasio nuevo, tenemos muchas canchas auxiliares. Es un lujo esto. Pero ahora falta la otra parte más de recurso humano te diría, divisiones juveniles, scouting, más que nada sobre ese lado. Hay que tener en cuenta que son clubes nuevos que tienen cinco o seis años en Primera. No es lo mismo que los que llevan más tiempo.
Facundo Sava, entrenador de Sarmiento de Junín. Foto: Fernando de la Orden.-Igual, no fue un mercado de pases muy activo desde lo económico
No lo veo mal, no hay que cambiar mucho. Lleva tiempo conocerse. Me parece bien lo de Boca, River, Argentinos, que incorporen poco. El profe Luis Bonini (trabajaba con Carlos Griguol) decía que “los equipos que triunfan son lo que más estables son”. Yo creo lo mismo. Los que más continuidad le dan al proceso, a los cuerpos técnicos, a los jugadores, son los que no fallan.
-Sin embargo, se los critica porque se reforzaron poco…
-Es que a veces no hace falta. O capaz que están aprendiendo lo que te digo de la continuidad. Los clubes tradicionales, que tienen buenas inferiores, que tienen jugadores que llevan tiempo en el plantel, no necesitan hacer mucho recambio. Tiene que tocar un par de piezas, se va uno, entra otro. A veces cuesta. Fijate Racing, se fue Maxi Salas y le costó ajustar esa pieza.
-Desde tu época de jugador elogiaste a Marcelo Bielsa. ¿Por qué?
-Sí y también lo digo en el libro. Bielsa empezó a tomar dimensión primero acá en Newell’s y luego en la Selección, donde jugaba con el sistema 3-3-1-3, que me gustaba mucho porque sentía que los jugadores corrían todos parejos y presionaban. Es uno de los primeros entrenadores en presionar alto, a veces uno contra uno, y era muy novedoso. En Argentina, fue un tipo revolucionario en ese sentido.
-También elogiás mucho a Unai Emery…
-Es un estudioso del fútbol, de su equipo, de los rivales, porque quería hacer mejor a cada jugador. Un apasionado que tenía entrenamientos extraordinarios, de los cuales he sacado un montón de cosas. Un adelantado que hacía cosas que todavía no estaban en auge, como ahora. Además, la cuestión grupal, ir a comer, reuniones, charlas, todas cosas que unían. Y cualquier cosa que pasaba enseguida lo resolvía.
-Fue un segundo padre para mí. Aprendí muchísimo de él y también tenía eso de unir al grupo. Siempre decía que para que un grupo tenga un equipo los jugadores debían conocerse bien. Y en Gimnasia jugábamos de memoria.
-¿Y tratás de aplicar esos conceptos a tus equipos?
-Sí, como te dije, lo intento, pero también depende de los jugadores que tenés. A veces lo logramos, como los 15 minutos ante Argentinos. Pero no es fácil sostener el ritmo en un partido oficial, aunque en la pretemporada y los amistosos habíamos tenido un buen juego. Hay que adaptarse y leer bien los partidos. Por eso les dije a los jugadores, después del debut en La Paternal, que teníamos que dar dos pasos atrás para tomar impulso. Y es lo que hicimos con Banfield, estuvimos más cubiertos, más seguros, y pudimos ganar.
-¿Y la derrota con Independiente Rivadavia?
-Fue una muestra de lo que cuesta cuando vienen muchos jugadores nuevos, que se cambia el sistema, los puestos. Uno tiene la ilusión que salga bien como en los entrenamientos, que sale bien todo, y… cuesta mucho. Hay que seguir trabajando, adaptando a los jugadores, darles cosas más simples al principio. Uno tiene la ilusión de hay ciertas cosas que pueden funcionar y la realidad te muestra que no. Estamos en el proceso de conocimiento, de nosotros con los jugadores, de los jugadores entre ellos, que no es fácil entre tantos cambios. Pero seguiremos intentándolo.
-El tiempo hace madurar, ¿no?
-No a todos, pero en mi caso sí. Trato de aprender de los errores. Darme cuenta. Y después trabajar mucho para que aquello que no hice bien, hacerlo de otra manera. En 2016 dirigía a Racing y hoy hubiese hecho cien cosas distintas de las que hice en aquel momento. Desde el primer día hasta el último. Esa experiencia me ayudó a darme cuenta de que tenía muchas cosas que cambiar.
-Más que nada mi relación con el presidente (se refiere a Victor Blanco). Cambiaría muchas cosas y tal vez hubiese estado menos tiempo aún. Y algunas cuestiones tácticas también, porque creo me equivoqué. Lo único que no cambiaría es la relación con los jugadores, que a pesar del tiempo que pasó sigue siendo muy buena.
-¿Te gustaría volver a dirigir a un grande o en el fútbol europeo?
-Sí, me encantaría, tanto un grande aquí como en Europa. Jugué en Inglaterra y en España. Y sin dudas me siento preparado para hacerlo.
-Contaste que hacés terapia desde los 23 años, es decir en 1997, algo que no era común en los jugadores en aquella época. ¿Por qué? ¿Te sentías diferente?
-No, no me sentía diferente, simplemente lo necesitaba. En los clubes casi no había psicólogos y entre los jugadores no se hablaba de eso. No encontraba en el club, en el entrenador, en mis compañeros, en mi familia, en mis amigos. Y tuve que recurrir a un especialista, que me ayudó.
-¿En ese momento te decidiste a estudiar Psicología Social?
-En realidad, primero estaba haciendo Ciencias Económicas. Pero ya estaba jugando en Ferro, tenía que entrenarme, ir al gimnasio, no tenía auto porque el Viejo Griguol me había dicho que comprara un departamento y entonces estaba pagando la cuota del departamento. Vivía en Ituzaingó y no podía más, me costaba mucho, llegaba tarde a todos lados. Entonces, necesitaba estudiar una carrera más corta. Mi viejo era psicólogo social, así que me explicó algunas cuestiones, y ahí entendí que también me podía servir para el fútbol. Después hice un año de Psicología del Deporte y un postgrado de coordinación de grupos.
-Con el tiempo resultó un cambio de paradigma, dejó de ser un tabú. Hoy está más aceptado la ayuda psicológica en el fútbol.
-Sí, además hay un trabajo interdisciplinario. Todos los clubes lo tienen. Hoy es más natural. Escuché a varios jugadores, Dibu Martínez, Paredes, decir que la terapia lo ha ayudado mucho. En muchos casos es necesario y tal vez en otros, no. Igual, creo que se va a ir implementando cada vez más en los planteles porque los jugadores tienen mucha exigencia. Además las redes sociales influyen mucho y tienen que estar contenidos. Y si es con especialistas, mejor todavía.
-¿Cómo manejás el tema de las redes sociales con tus dirigidos?
-Hay que hablar. No les puedo recomendar que no lean tanto, que no estén tanto con las redes sociales, porque por algún lado les llega. Entonces, depende de ellos la capacidad de mantener el equilibrio, de aprender las cosas no tan buenas que vayan pasando, de disfrutar cada momento, cada entrenamiento, cada partido. Tratar de que puedan comunicarse bien, que puedan tener diálogo, que puedan expresarse, conectarse con lo que sienten. De igual manera, hay un montón de cosas que uno trata de hacer para combatir esto que está pasando hoy en día. Si vemos alguien que no está bien, intentamos ayudarlo, lo mandamos a un especialista, mandamos a un compañero a hablar. Para nosotros que un jugador esté bien es primordial.
Facundo Sava, técnico de Sarmiento, junto a Julio Boccalatte, uno de los editores de Ediciones Al Arco.-Supongo que un poco por toda esta preocupación surgió la idea de hacer el último libro, ¿no?
-Sí, trabajamos mucho en el libro porque no queríamos que fuera algo muy grande, sino algo conciso, con un lenguaje simple, para todo el mundo. Fernando Fabris fue mi primer psicólogo hasta que fui a jugar a Inglaterra. Seguimos en contacto y quedamos como amigos. En la pandemia, charlamos mucho y en un momento coincidimos en qué podíamos hacer algo con eso y empezamos a grabar nuestras charlas. Trabajamos cada tema relacionado con la psicología social, el fútbol y la vida misma. Creo que es un libro interesante y divertido.








