Con un presidente tan aficionado a los mensajes contradictorios, los debates se deslizan a menudo en Washington por el campo de la semántica, cuando no directamente de la filosofía. Estos días, por ejemplo, todo gira en torno al sentido de un final; el final de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán, que se encamina hacia su tercera semana. Trump dijo este lunes que este está cerca, en vista de que los mercados se sumían en el caos. También, que solo llegará tras una “rendición incondicional” de Teherán. O que, como aseguró este miércoles en una entrevista con Axios, los bombardeos cesarán cuando él quiera que paren.
Las dudas sobre el aspecto que tendría ese final se suman a las de las justificaciones para lanzar el ataque (una decena, solo en los primeros siete días) o a los mensajes contradictorios sobre el tiempo que puede durar la guerra: “unos días”, “cuatro semanas” que se convirtieron en “cinco”, “lo que haga falta”… El miércoles por la tarde llegó el penúltimo marco temporal, cuando Trump definió su ofensiva contra Teherán como “un pequeño desvío de la atención de dos semanas”. Lo hizo en Cincinnati (Ohio), adonde viajó para defender sus políticas económicas ante esa entelequia llamada Middle America.
Hay, por lo tanto, muchas incertidumbres, pero también una certeza: la guerra no le conviene a los congresistas republicanos, embarcados como están en un año electoral. Algunos de ellos están empezando a presionar a Trump para que dé por terminada la guerra.
El próximo mes de noviembre, los 435 miembros de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado se enfrentan a la reelección. Una guerra en Oriente Próximo de las que Trump prometió que no habría si él regresaba a la Casa Blanca no es, con sus consecuencias en la inflación o el precio de la gasolina y el gas, el mejor argumento de campaña.
“Creo que cuanto antes lleguemos a lo que el presidente mencionó ayer, un fin decisivo y claro a este conflicto, mejor”, declaró el senador republicano Josh Hawley (Missouri) en un acto del portal de información parlamentaria Punchbowl News. Por la noche, Hawley dijo en Fox News que ha llegado “el momento de declarar victoria”, y de “agradecer a las tropas por su servicio“. ”Ha sido extraordinario e histórico“, añadió, sobre una campaña que este jueves cumple 13 días, con el teatro de operaciones instalado en el estrecho de Ormuz y entre nuevas amenazas de sus consecuencias sobre el mercado petrolero global.
Para atreverse a expresar en público lo que muchos republicanos dicen en privado en el Capitolio, Hawley se apoyó en las palabras de Trump del lunes, pronunciadas en un retiro de los representantes conservadores de la Cámara organizado por una institución llamada Instituto del Congreso en Doral (Florida), en uno de los hoteles propiedad del presidente. Allí, este dijo que “la guerra está casi terminada”.
En ese mismo foro, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, que aplaudió durante dos minutos, junto a otros miembros destacados del partido, la entrada de Trump, habló de la guerra, palabra que hace toda clase de malabarismos para no pronunciar, como de “un problema temporal”. Lisa McClain (Míchigan), la cuarta republicana con más poder en la Cámara, empleó en declaraciones a CNN la expresión “instantánea en el tiempo”, mientras Nicole Malliotakis (Nueva York) confió en que las turbulencias económicas que ha traído la aventura bélica se queden en “volatilidad a corto plazo”. Un plazo tan corto, como antes de las elecciones de noviembre.
Con vistas a esa cita con las urnas, está claro que los republicanos estaban más cómodos con el mensaje de Trump de hace tan solo un par de semanas, cuando este se dirigió al Congreso en su discurso sobre el Estado de la Unión. Uno de los argumentos para defender el historial de su primer año de regreso en el poder fue el precio de la gasolina, que, recordó, “alcanzó un máximo de más de 6 dólares por galón [5,2 euros por 3,785 litros]” en algunos Estados con su predecesor, Joe Biden, en la Casa Blanca. “Ahora está por debajo de los 2,30 dólares por galón en la mayoría de los estados”, se jactó el presidente entonces.
A primera hora de la tarde de este miércoles (hora de Washington, seis más en la España peninsular), el precio medio del galón en el país era de 3,58 dólares, según la web de la Asociación Estadounidense del Automóvil. Era el más alto de los últimos 21 meses, tras 11 días seguidos de subidas.
Datos como ese han empujado también a algunos asesores de Trump en la Casa Blanca a animar en privado al presidente a buscar un plan de salida de la guerra, con el argumento de que el ejército ya ha logrado en gran medida sus objetivos, según ha publicado The Wall Street Journal. Esos asesores han expresado su preocupación, sostiene el diario conservador, de que un conflicto prolongado acabe mermando el apoyo de los simpatizantes de Trump a su aventura bélica, mientras su popularidad sigue estancada y los sondeos hablan de que una mayoría de los estadounidenses no respaldan que su país se haya lanzado a una guerra en Irán.
Fuentes anónimas
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, describe las informaciones desveladas por el Journal como “disparates provenientes de fuentes anónimas que no conviven con el presidente Trump”. “Sus principales asesores están dedicados las 24 horas del día, los 7 días de la semana, a garantizar que la Operación Furia Épica siga siendo un éxito rotundo, y el final de estas operaciones lo determinará en última instancia el comandante en jefe”, añadió Leavitt al periódico neoyorquino.
Muchos de los republicanos del Capitolio —donde en dos ocasiones en estas dos semanas el partido ha votado en contra de limitar el poder de la Casa Blanca para hacer la guerra— siguen encajando en esa definición de la lealtad trumpiana esbozada por la portavoz.
Aunque seguramente ninguno llegue tan lejos como el senador Lindsey Graham (Carolina del Sur), uno de los aliados más ciegos del presidente. Entre ataques a España por su negativa a dejar que el Ejército estadounidense use las bases de Rota y Morón, Graham declaró a Fox News que quiere que Arabia Saudí y otras naciones árabes “den un paso al frente” y asuman los objetivos de Estados Unidos e Israel. También dijo: “Voy a regresar a Carolina del Sur y les pediré [a mis votantes] que envíen a sus hijos e hijas a Oriente Próximo [a luchar]”.
Esas palabras le valieron las críticas de su propio partido; desde la representante Nancy Mace (también diputada por Carolina del Sur) a Anna Paulina Luna (Florida), que le dijo que, “si quiere ir a luchar en el extranjero”, “que se ofrezca el primero en ofrecerse como voluntario”. Graham, por cierto, no tiene hijos.







