Crece la presión para que Bolsonaro regrese a su casa para cumplir la pena en prisión domiciliaria

Crece la presión para que Bolsonaro regrese a su casa para cumplir la pena en prisión domiciliaria

Los abogados de Jair Bolsonaro, de 70 años, presentaron este martes por la noche una nueva solicitud oficial para que el expresidente de Brasil condenado a 27 años de cárcel por golpismo pueda cumplir el resto de la pena en su hogar, en Brasilia, en prisión domiciliaria. El anterior mandatario lleva cinco días hospitalizado, en la capital, en cuidados intensivos a causa de una pulmonía aguda. El parte médico de este miércoles apunta a que ha mejorado y uno de sus médicos ha dicho a la prensa local que podría ser trasladado a planta antes del fin de semana. Para reforzar la petición, el senador Flávio Bolsonaro se reunió en su calidad de abogado de su padre con el juez Alexandre de Moraes, instructor del caso. Moraes ha rechazado las anteriores peticiones.

El encuentro de Bolsonaro hijo, junto a otro letrado, con el magistrado del Supremo duró unos 20 minutos y se celebró en la sede del tribunal. “Fue una conversación objetiva, como abogados que solicitamos una audiencia con el juez del caso. Presentamos nuestros argumentos y él accedió a evaluar esta nueva solicitud de la defensa en el momento oportuno. No fijó un plazo para la decisión”, explicó el senador, que es también el nombre más potente de la derecha para las próximas elecciones, en octubre.

Bolsonaro hijo añadió: “La preocupación es que su salud pueda empeorar debido a su ubicación actual [la cárcel], a pesar de que está recibiendo buenos cuidados en el 19.º Batallón”, en referencia al ala reservada a los militares de una prisión de máxima seguridad, un lugar conocido como Panpudinha. Los primeros meses de la condena transcurrieron en una comisaría de policía.

La familia, los abogados y los aliados políticos del expresidente han redoblado los movimientos para que el juez le conceda la prisión domiciliaria. Un llamamiento al que se han sumado este miércoles dos de los principales diarios de Brasil en sendos editoriales. El de O Globo sostiene que “el frágil estado de salud justifica que el expresidente sea mantenido en su casa”, pero añade que debe ser “con reglas rígidas” y “con la determinación de que vuelva a prisión al mínimo desliz”.

Bolsonaro ya disfrutó de ese régimen, que le permitiría volver a vivir en un chalé con su esposa y su hija, durante unos meses cuando era un preso preventivo, pero violó en reiteradas ocasiones las medidas cautelares que lo acompañaban. En lo que él mismo describió como “una alucinación”, intentó quitarse la tobillera electrónica. De ahí las reticencias del juez Moraes, que además nunca ha ocultado que la condena a Bolsonaro y a sus cómplices tiene un elemento disuasorio, de mensaje a quien soñara con emularlos.

Para el diario Estadão “el precario estado de salud de Bolsonaro “exige serenidad institucional: cumplir la ley con firmeza, pero reconocer que la prisión domiciliaria es la medida jurídica más adecuada y humana”.

El patriarca está ingresado desde el viernes en un hospital privado de Brasilia, donde recibe tratamiento con antibióticos en vena y fisioterapia. Bolsonaro padre padece múltiples y diversos problemas de salud desde que en 2018 sufrió una puñalada durante un acto de campaña. Su aparato digestivo está gravemente dañado, según los médicos. Y eso ha derivado en otros problemas como crisis de hipo o el reflujo gástrico que está en el origen de la pulmonía bilateral que padece ahora.

Su equipo médico ha detallado las patologías que sufre: “[La afección se caracteriza por] antecedentes de neumonías por aspiración recurrentes, reflujo gastroesofágico persistente, apnea obstructiva del sueño grave, inestabilidad postural y uso continuo de múltiples medicamentos”.

El pasado enero, ya estuvo hospitalizado varios días con motivo de una operación para extirparle una hernia.

Los partidarios de que, una vez tenga el alta, vaya a su casa y no a la cárcel citan el precedente de otro expresidente, Fernando Collor de Mello, que cumple en su hogar una pena de ocho años por corrupción y blanqueo de dinero. Collor de Mello, que gobernó Brasil de 1990 a 1992, obtuvo ese régimen porque padece párkinson.