Convierten la Piedra Movediza de Tandil en un helado gris y activan la memoria colectiva

Convierten la Piedra Movediza de Tandil en un helado gris y activan la memoria colectiva


Como en una versión performática de la magdalena de Proust, el artista tandilense Cristian Segura creó el Helado Piedra Movediza, e hizo que quien lo pruebe despierte recuerdos y active su memoria emotiva a partir de una obra que convierte en experiencia comestible el símbolo más significativo de Tandil.

Es un monumento conceptual comestible que se derrite y que acepta su desaparición como parte de su sentido”, describió el propio artista. “¡Mmmm! Tiene gusto a las sierras”, dijo por su parte un nene que devoró su crema gris en unos segundos.

El proyecto comenzó en enero del 2025 y al poco tiempo medios nacionales e influencers publicaron la noticia del surgimiento de la particular obra. Lo hicieron motivados por la misma curiosidad por la que cientos de curiosos y viajeros llegaban a Tandil en el siglo XIX para ser testigos de esa roca gigante que oscilaba en la punta de un cerro, entre las sierras más antiguas del mundo.

Para ese primer aniversario, Segura inauguró –en el paseo donde todavía descansan los restos de la histórica roca– Helado Piedra Movediza, el gris de la historia, la exhibición que es un recorrido por documentos, objetos y relatos de las diferentes instancias que tuvo la iniciativa hasta el momento.

Activaciones efímeras

Porque la propuesta siempre fue más que compartir un helado e invitar a comerse el patrimonio a cucharadas: desde su inicio, la obra se desplegó en un sistema de activaciones efímeras (como la propia crema gris que se derrite) que incluyó la presentación de un monólogo sobre la historia social y política en torno al trabajo picapedrero.

Además, se sumaron la publicación de un cuento y una canción para infancias, recorridos en bicicleta por la ciudad repartiendo helados, actividades con alumnos y familias de jardines de infantes, y pegatinas con códigos QR que transformaron los colectivos que llevan al paseo en espacios culturales. La más reciente, la intervención del cerro con cucharitas gigantes.

Helado Piedra Movediza: Foto: Adrián Botella / Gentileza del artista

Pero para conocer más sobre el proyecto hay que remontarse en el tiempo. La piedra ya era una referencia en la región incluso antes de la fundación de Tandil, y su misterio fue objeto de leyendas de las poblaciones originarias y los primeros habitantes del lugar. Su caída en febrero de 1912 convirtió el mito en el símbolo de la ciudad. “¿Está la piedra, o se cayó?”, suelen todavía dudar algunos turistas, y el interrogante se relaciona con aquel que motivó la obra de Cristian Segura.

“La idea nació de la pregunta por cómo activar algo cuya condición esencial ya no existe. La piedra se cayó y lo que se perdió fue su condición, el equilibrio que la hacía única. La piedra siguió existiendo como materia, pero dejó de ser movediza, y esa diferencia me resultó decisiva”, contó el artista.

“Comprendí que no tenía sentido intentar representarla ni reconstruirla, porque lo esencial, su equilibrio, era irrepetible. Fue entonces cuando surgió la idea del helado. Su existencia depende de una condición precisa, el frío. Mientras esa condición se mantiene, existe. Cuando se pierde, desaparece, y solo persiste en la memoria. Así nació el Helado Piedra Movediza, no como réplica de la piedra, sino como una forma de compartir su lógica de existencia”, explicó.

Entre otros antecedentes de arte comestible, la obra de Segura entabla un diálogo con el Biscoito Arte (1976) de la consagrada Regina Silveira. El tandilense incluso se reunió en Brasil con Silveira para intercambiar helado por galletita. “Lo que importa es que sea tan rica que quieras volver a probarla”, le dijo la brasileña, y Segura tomó eso para su propio proyecto. Pero ¿Qué sabor tiene la piedra?

“A diferencia de los helados tradicionales, acá el color no anticipa el sabor. El gris no remite a ningún gusto conocido. Entonces, no hay traducción literal de piedra a paladar. El sabor busca abrir preguntas y activar la memoria como experiencia”, contó el artista sobre el helado, que es gris como la piedra, un color que ningún otro gusto tiene.

Es una evocación, no una ilustración literal, e introduce también una extrañeza. No es un color asociado al placer gastronómico, por lo que genera una tensión entre expectativa y experiencia. La obra comienza en la duda incluso antes de probarla”, sumó.

Un punto central de la propuesta de Segura es que no solo se complementa con la mirada del público, sino que incorpora al público como parte de la misma obra. “Un monumento tradicional se mira desde afuera, permanece separado del cuerpo. El helado, en cambio, se incorpora. Comerlo transforma la memoria en experiencia íntima, alojada en quienes participan, y esto puede abrir el diálogo. El cuerpo se convierte en archivo vivo, y la memoria circula entre los participantes”, describió.

Helado Piedra Movediza: Foto: Adrián Botella / Gentileza del artista

Desde ese lugar, el Helado Piedra Movediza se suma al trabajo que Segura desarrolla hace más de 25 años en torno a la identidad, la memoria, el patrimonio y los archivos, que lo llevó a realizar exposiciones, intervenciones y performances en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, en el Museo MAR de Mar del Plata, en el Museo Carrillo Gil de Ciudad de México, pero también en el Art Museum of the Americas en Washington DC, en la Bienal de Curitiba, de La Habana y en la Trienal de Chile, entre muchos otras.

Cucharitas gigantes

La muestra se inauguró en Tandil, en el Centro de Interpretación que se ubica a los pies del cerro La Movediza, donde las cucharitas gigantes conviven con las herramientas de los picapedreros y los registros fotográficos de cuando la piedra aún permanecía en su lugar original.

La exhibición es para Segura “un punto de inflexión” tras un año de activaciones públicas, trabajos con escuelas y jardines, intervenciones urbanas y otras acciones. “La muestra marca el pasaje hacia el archivo, pone en tensión documentos, objetos y relatos, sin intentar reproducir la experiencia original”, sostuvo el artista.

La Piedra movediza caida en 1912. Foto: Carlos Pierroni.

Así, la exhibición propone recorrer las múltiples formas que se desplegaron a partir del helado, y que Segura concibió desde un inicio como una estructura abierta. “El helado es solo una de sus formas. Luego aparecieron otras, que no explican ni ilustran la primera sino que la desplazan. Cada dispositivo es único y efímero, y juntos forman un sistema de memoria activa”, señaló.

La propuesta del artista tandilense es abierta también en el sentido de que apela al juego y habilita el diálogo sobre la memoria para grandes y chicos. Pero en lugar de ofrecer una conmemoración nostálgica, el Helado Piedra Movediza introduce una pregunta más incómoda: ¿Cómo se conserva aquello cuya esencia ya no se mantiene?

La piedra sigue allí, fragmentada, pero lo que se perdió fue su equilibrio, la tensión que la volvía única. Al invitar a comerse el símbolo, la obra no intenta reconstruirlo, sino aceptar esa pérdida como parte constitutiva de la identidad. Tal vez allí resida su gesto más radical, el asumir que algunos monumentos no se preservan replicando su forma, sino activando la memoria de su condición.

Helado Piedra Movediza, el gris de la historia puede visitarse de lunes a domingo desde las 9 en el Centro de Interpretación La Movediza, La Pastora y Dante Alighieri, a los pies del cerro.