Las pintadas en el Puente Pueyrredón, el clima caldeado por el ruido político que aparece en las malas, los hinchas nerviosos porque la pelotita no entraba. Racing sufría los coletazos de tres derrotas que lo interpelaban en la calurosa tarde de Avellaneda. Pero sobre todo, por encima de los resultados, preocupaba su crisis de identidad.
Nada se había visto de aquel equipo avasallante y ganador que fue una marca registrada durante el ciclo de Gustavo Costas. Necesitaba, entonces, una muestra de carácter. Y renació la Academia ante Argentinos Juniors. Ganó su primer partido de 2026, cortó la racha negra y aunque sufrió en el arranque del segundo tiempo, terminó imponiéndose con personalidad.
Por eso hubo un desahogo emocional muy grande en el Cilindro. Con los jugadores abrazados al técnico y la gente cantando con felicidad. “Con Costas no se jode”, rezaban las paredes. La realidad es que su continuidad nunca estuvo en duda, pero el entrenador sabía que tenía que hacer retoques profundos. Volvió la línea de cuatro y hubo un cambio determinante desde los nombres: la salida de Valentín Carboni y el ingreso de Baltasar Rodríguez.
No fue la única variante, claro, pero marcó la pauta del técnico. La presencia del chico recién llegado de Europa, titular en los primeros tres partidos del Torneo Clausura, lo obligaba a jugar de otro modo, con mayor elaboración. Y la realidad es que apenas se observaron pizcas de su talento. Nunca se lo vio enérgico en la cancha, como si le costara adaptarse a la adrenalina que propone el fútbol argentino.
Con Baltasar tirado a la derecha, alternándose el carril con el debutante Ezequiel Cannavo, y Santiago Solari también proyectado por ese sector, Racing empujó a Argentinos contra Brayan Cortés. Por la izquierda, Gabriel Rojas fue disruptivo. Y Matko Miljevic, un gran sentido de recuperación. Sí, a su capacidad para conducir le agregó esa fibra necesaria.
Entonces, Racing tuvo la iniciativa y también, generó las mejores situaciones y consiguió los goles que buscó y llevaron tranquilidad a las tribunas. El primero se fabricó por la izquierda, el segundo por la derecha. Hubo una recuperación de Miljevic en la mitad de la cancha ante un dubitativo Diego Porcel, Rojas encaró a toda velocidad contra la raya y sacó un centro que Tomás Conechny -otro de los ingresados- resolvió con una palomita que se filtró por debajo de las piernas del arquero chileno.
El segundo, llegó por el otro andarivel, ahí mismo donde Baltasar, Cannavo y Solari enloquecieron a Sebastián Prieto. Los tres combinaron para que el delantero, que había tenido otras dos chances claras, acomodara el cuerpo y lograra sacar una bomba de derecha inatajable para Cortés.
Argentinos llegó con otra propuesta. Aunque siempre se destaca por su tenencia, circulación y acumulación de pases, cedió el protagonismo, dejó jugar a Racing y se agrupó con Federico Fattori entre los centrales. La idea de lastimar a su rival por los costados con los laterales y establecer un fino circuito con Hernán López Muñoz y Alan Lescano no funcionó. Lo mejor que produjo el equipo de La Paternal se vio a través de la pelota parada. En el área de Facundo Cambeses, ganó siempre. No obstante, la jugada más peligrosa fue un tiro de media distancia del sobrino de Diego Maradona que el número uno de la Academia tapó con esfuerzo.
Apenas arrancó el segundo tiempo, aquello que se advertía en la etapa inicial fue una ganancia para Argentinos. Llegó el córner de López Muñoz, el cabezazo de Molina, la pelota pegó en el palo y Erick Godoy aprovechó el rebote para descontar. Una vez más, la defensa celeste y blanca fue pasiva.
Racing pareció aturdido, pero Argentinos no supo sacar ventaja. Nicolás Diez prescindió de sus dos volantes centrales (Fattori y Enzo Pérez) y lanzó a Lautaro Giaccone y Nicolás Oroz al desparejo campo de juego. Había demasiados buenos pies, pero poco peso adelante. Lescano jugó demasiado lejos del arco. Empujó el conjunto rojo, pero no profundizó.
Hubo una polémica, la mano de Prieto que impidió un cabezazo de Maravilla Martínez. Era penal. Por eso Germán Delfino llamó a Hernán Mastrángelo, que increíblemente cobró infracción del delantero. Fue una mancha más del árbitro, que dirigió con muchas deficiencias.
Costas sacó a Baltasar, el mejor. Bruno Zuculini entró para ordenar el medio, donde Sosa no hacía pie en soledad. Salió Miljevic, ya sin tanta gravitación. El partido se ensució. Se peleó más de lo que se jugó, casi sin situaciones en las área. Hasta que llegó el final y la fiesta de Racing, que se sacó un peso de encima y toda la carga negativa.
Racing vs. Argentinos, por el Torneo Apertura: minuto a minuto

Redactor de la sección Deportes, especializado en fútbol davellaneda@clarin.com
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