Buenos Aires defiende su lugar en el mundo y busca redoblar la apuesta para lo que viene

Buenos Aires defiende su lugar en el mundo y busca redoblar la apuesta para lo que viene


A fines del año pasado la Ciudad de Buenos Aires se vio empapelada por la imagen de cinco tenistas y un eslogan: “Mucho más que tenis”. Allí, en el medio, sobresalía la figura del italiano Lorenzo Musetti y, rodeándolo, aparecían Francisco Cerúndolo, el brasileño Joao Fonseca, el italiano Matteo Berrettini y el francés Gael Monfils. A los costados del único top ten anunciado para el Argentina Open surgían el mejor jugador argentino, el defensor del título, un ex finalista de Wimbledon y uno de los tenistas más carismáticos de los últimos tiempos en su año de despedida del circuito. A tres días del final del torneo, no obstante, el único sobreviviente es Cerúndolo. Musetti sufrió una lesión muscular en su partido de los cuartos de final de Australia ante Djokovic, a Monfils lo afectó un fuerte virus cuando llegó a su casa desde Melbourne y Fonseca y Berrettini se fueron del torneo antes de lo imaginado.

Sin embargo, la semana más linda del tenis argentino no pierde su buena salud que supo construir desde aquella primera edición del ATP porteño en 2001. A pesar de esos contratiempos y de algunas cuestiones más…

No es sencillo en estos tiempos de cambios bien profundos organizar un torneo del calibre que tiene el del polvo de ladrillo del Buenos Aires.

Y no es fácil porque la ATP planea un cambio estructural en su calendario que, para muchos, no tiene freno. Es que el tenis es uno de los deportes con mayor carga competitiva apretado en un calendario prolongado en el tiempo: son 11 meses de actividad con viajes interminables de por medio, cambios de superficies, de pelotas, de obligaciones contractuales, de exigencias deportivas para mantener el estatus en el ranking. Todo tan apasionante como demandante.

Y no es fácil tampoco porque, entre esos cambios, Andrea Gaudenzi, el presidente de la propia ATP, tiene como una máxima prioridad reforzar los torneos más importantes del mundo, promover de una mayor fortaleza a los Masters 1000 y ATP 500 e, incluso, impulsar el circuito de los challengers. De esa manera los ATP 250 -como el de Buenos Aires- entrarían en una tierra de nadie. Por eso, para muchos, esa categoría de torneos ya ingresó en una lenta e inexorable extinción. Están anunciados 29 para 2026 pero se esperan mucho menos para los años que vendrán.

De todos modos hay un marcado optimismo en las autoridades de Tennium, la compañía fundada por el empresario belga Kristoff Puelinckx y el ex top ten francés Sebastien Grosjean que desde 2017 es la dueña del torneo, primero en un 80 por ciento -el otro 20 era del portorriqueño Miguel Nido, quien lo había comprado junto a sus por entonces socios Butch Buchholz y Joaquín Blaya para transformarlo en un Masters Series (hoy Masters 1000) sobre cemento a realizarse en Nordelta- y ahora del total.

El uruguayo Martín Hughes, uno de sus ejecutivos, le dijo a Clarín: “Nosotros vemos con buenos ojos que desde 2028 la ATP haga un Masters 1000 en Arabia Saudita en febrero”. ¿Cómo? ¿De qué manera Buenos Aires podría competir contra los petrodólares saudíes? ¿Y de qué habla Hughes cuando habla de que un torneo que convoque a las principales estrellas del tenis y que refuerce la zona de Oriente Medio no perjudicará al ATP porteño? “Hay que verlo de esta manera: la ATP quiere tener menos torneos pero más importantes”, sostiene. ¿Entonces? Un décimo Masters 1000 potenciaría a Buenos Aires, que iría otra vez por el sueño de convertirse en un ATP 500.

Gaudenzi estará el fin de semana en el torneo. No se sabe exactamente a qué vendrá pero se supone que quiere ver con sus propios ojos de dirigente -porque ya estuvo aquí dos veces como tenista e incluso sufrió al público argentino cuando en 2002 perdió con José Acasuso en los octavos de final- la pasión de la gente y las ganas de ver tenis de esa misma gente que toma al torneo como algo más que un evento deportivo, una situación que, por supuesto, existe en muy pocos lugares del mundo.

Gaudenzi es quien además tiene muy arriba en la agenda que la gira sudamericana no puede desaparecer y que hay que mantenerla siempre atractiva. Por eso, también, en los pasillos del Buenos Aires quieren que el domingo, el día de la final, la cancha central Guillermo Vilas reviente de gente para que el italiano se vaya empachado de pasión argenta, según se ilusionan los organizadores quienes, además, imaginan una final entre Cerúndolo y el italiano Luciano Darderi. quizá la mejor propuesta que podría ofrecer el torneo para su definición por tratarse del mejor tenista local y el mejor extranjero (aunque se trate de un chico gesellino), respectivamente.

Francisco Cerúndolo ganó en el debut en el Argentina Open 2026. Foto Prensa Argentina Open

La situación actual, asegura Hughes, es diferente a la de hace un año cuando Buenos Aires, que había iniciado conversaciones con Newport para unir ambos torneos, no pudo contra Doha que entró con fuerza y mejoró la propuesta argentina. “En ese momento estaba 100 por ciento seguro que nos iban a ascender con el upgrade. Pero perdimos contra la plata. Ahora pienso que la instancia es distinta. Ahora siguen queriendo reducir la cantidad de torneos en el calendario, hacer torneos por regiones y torneos más lindos, más atractivos, más grandes. Y Sudamérica queda con la ventaja todavía de tener el polvo de ladrillo”, explica.

La idea de potenciar Buenos Aires suena bien. Está la posibilidad de hacerlo. Aunque habría que instrumentarlo desde el punto de vista de la infraestructura, de la inversión y de quién se queda con esos otros 250 puntos del torneo si se transforma en un 500.

Por ahora, de todos modos, están todas las fichas del rompecabezas desparramadas sobre la mesa. Y hay gente moviéndolas. Algunos, incluso de una manera más audaz, piensan en trasladar los torneos sudamericanos a julio para hacerlos coincidir con los de la segunda gira europea de canchas lentas pero esa idea le calzaría mejor a Río de Janeiro que a Buenos Aires.

Mientras tanto, la 26° edición del torneo transita por un ámbito que mezcla lo deportivo con lo social. Desde aquel primer torneo que ganó el brasileño Gustavo Kuerten pasaron muchas cosas pero Buenos Aires se aggiornó a los tiempos modernos, supo cambiar y hoy, de cada 10 personas que ingresan al club, cinco nunca vieron tenis en vivo jamás, según los números que maneja la organización. Además, la superficie del torneo en cuanto a la comodidad de los espectadores (patio de comidas, sobre todo) creció en un 50 por ciento.

Igualmente no es sencillo tampoco armar un torneo de semejante magnitud. Entonces, ¿cuánto cuesta hacer el ATP de Buenos Aires? Entre 5 y 6 millones de dólares.

El número varía mucho porque siempre depende de los jugadores que vengan y de las garantías (montos fijos que los mejores tenistas del mundo exigen sólo por presentarse a jugar) que se estén dispuestas a pagar. No es lo mismo Gustavo Kuerten, Rafael Nadal o Carlos Alcaraz, que en más de una oportunidad estuvieron por Palermo, que Musetti, por ejemplo. En ese punto la organización tiene siempre una disyuntiva: traer a un Kuerten, a un Nadal o a un Alcaraz o traer a varios Musetti. Para 2026 se priorizó la segunda opción y aquellos cinco jugadores del póster tuvieron asegurados entre 100 mil y algo más de 300 mil dólares cada uno (luego hubo un ahorro significativo sin Musetti y Monfils, por supuesto). Eso significa que sólo en garantías hubo un gasto previsto que superaba el millón de dólares.

¿Y de dónde saca el dinero el torneo? La mitad llega por los auspiciantes. Y el resto, por los derechos de la TV, los hospitalities (los palcos que compran las empresas) y la venta de las entradas. ¿Y cuál es el saldo? Hay una ganancia de entre el 15 y 25 por ciento aproximadamente con respecto a lo invertido, lo que hace que Buenos Aires sea también un negocio por demás interesante para sus dueños. Para los mismos que siguen apostando por un torneo diferente. Y único.