Bruselas pide explicaciones a Orbán, señalado por espiar para Putin | Internacional

Bruselas pide explicaciones a Orbán, señalado por espiar para Putin | Internacional


En la burbuja europea se dice que Bruselas es una ciudad de espías, lobistas y políticos. Ahora, el Gobierno húngaro del nacionalpopulista Viktor Orbán está en la diana por consagrar las tres cosas en una después de que el diario estadounidense The Washington Post publicase una investigación que señala al ministro de Exteriores, Péter Szijjártó, por espiar para el Kremlin. Las revelaciones, que llegan en el momento más bajo en las relaciones entre Bruselas y Orbán y en plena carrera electoral hacia unos comicios en los que el ultraconservador no tiene buenos pronósticos, han causado revuelo en Europa. El primer ministro polaco, Donald Tusk, que ha acusado directamente a su homólogo húngaro de espiar para el autócrata ruso Vladímir Putin, ha reconocido que esas sospechas le han llevado a compartir lo menos posible con otros líderes en el Consejo Europeo y a apostar por otros foros. Sin Hungría. La Comisión Europea ha descrito las acusaciones a Hungría como “muy preocupantes” y ha pedido “aclaraciones” a Budapest.

“Que la gente de Orbán informe a Moscú sobre las reuniones del Consejo Europeo con todo lujo de detalles no debería sorprender a nadie”, dijo el domingo Tusk, en las redes sociales. “Llevamos mucho tiempo sospechándolo. Por eso solo intervengo cuando es estrictamente necesario y digo lo justo y necesario”, añadió. El portavoz de Orbán, Zoltán Kovács, ha asegurado que la historia es falsa y ha insinuado que Polonia la ha plantado en The Washington Post. El Kremlin la ha tildado de “otro ejemplo de desinformación”.

La Hungría de Orbán, castigada por Bruselas por sus vulneraciones al Estado de derecho, sus ataques a los medios de comunicación y la reformas para controlar la justicia, ha sido señalada a menudo por ser el submarino de Putin en la UE. El Gobierno nacionalpopulista, que ha mantenido lazos con Moscú pese a la invasión rusa de Ucrania, ha convertido en costumbre bloquear los paquetes de sanciones europeos a Rusia. De hecho, ha logrado sacar de la lista negra algunos nombres, como el del patriarca de la iglesia ortodoxa rusa Kiril.

En las últimas semanas, Budapest ha bloqueado no solo el paquete número 20 de sanciones sino un préstamo multimillonario para que Ucrania siga a flote y pueda combatir al invasor ruso. Un salvavidas financiero en el que Hungría no participaría (aunque sí hace falta su visto bueno) y al que había dado luz verde el pasado diciembre.

Ahora, un artículo de Catherine Belton (autora de Los hombres de Putin, Ariel) relata cómo el Gobierno de Orbán mantuvo estrechos contactos con Moscú durante la guerra en Ucrania, y explica que el ministro de Relaciones Exteriores Szijjártó, utilizó descansos durante las reuniones con otros Estados miembros para informar a su homólogo ruso, Sergei Lavrov, de esas conversaciones.

A Rusia, los lazos con la Hungría de Orbán le han dado un importante punto de apoyo en la UE y en la OTAN, de la que el país centroeuropeo también es miembro. El artículo de Belton va mucho más allá del espionaje de Szijjártó para el Kremlin y narra las relaciones entre el servicio de espionaje exterior ruso (SVR) y el Ejecutivo húngaro.

Y cómo los espías rusos idearon un plan para ayudar a Orbán en una carrera electoral contra el partido de Péter Magyar, que se le está complicando, y que incluía una estrategia drástica (el gamechanger) que implicaba “la organización de un intento de asesinato contra Viktor Orbán” para “alterar fundamentalmente todo el paradigma de la campaña electoral”, según las citas de un informe del espionaje ruso verificado por una agencia de inteligencia europea, que recoge el artículo.

El Gobierno de Orbán ha proporcionado a Moscú una ventana vital a discusiones sensibles en la UE, tanto a través del acceso físico de sus aliados en el Ejecutivo húngaro como a través de la penetración de los hackers rusos en las redes informáticas del Ministerio de Relaciones Exteriores de Hungría, según aseguraron a The Washington Post varios funcionarios de seguridad.

Szijjártó —que desde la invasión a gran escala de Rusia sobre Ucrania, en febrero de 2022, ha realizado 16 visitas oficiales a Moscú— hizo llamadas telefónicas regulares durante los descansos en las reuniones de la UE para proporcionar a su homólogo ruso “informes en directo sobre lo que se ha discutido” y posibles soluciones. A través de tales llamadas, “cada reunión de la UE durante años básicamente ha tenido a Moscú detrás de la mesa”, dijo el funcionario.

“Todos los países tienen sus filias. Y todos sabemos que las potencias extranjeras, desde Israel a Rusia, Estados Unidos o China, tratan de saber inmediatamente de qué se habla en la UE, qué se va a decidir y también hacen presión para su propio beneficio”, dice un veterano diplomático europeo. “Pero esto va más allá, en el caso de Hungría estamos hablando de una deshonestidad importantísima, de una colaboración con Rusia…”, añade. De hecho, en los últimos tiempos han proliferado otros formatos de cooperación entre países europeos que unen a los Estados más afines.

La seria acusación ya ha entrado en campaña. Una campaña en la que Orbán ha recibido el solido apoyo de la constelación ultra mundial: desde el estadounidense Donald Trump al israelí Benjamín Netanyahu, pasando por el argentino Javier Milei y el ultra español Santiago Abascal. Además, el Gobierno húngaro espera en Budapest al vicepresidente estadounidense, J. D. Vance.

“El hecho de que el ministro de Exteriores húngaro, un amigo cercano de Sergei Lavrov, haya estado informando a los rusos prácticamente minuto a minuto de cada reunión de la UE es una traición absoluta”, ha lanzado Péter Magyar (líder de Tizsa y que en el pasado fue miembro del partido de Orbán, Fidesz) en un mitin de campaña durante el fin de semana. “Este hombre no sólo ha traicionado a su propio país, sino también a Europa”, añadió.

No es la primera vez que se acusa a Hungría de espionaje en la UE. Hace unas semanas, otra investigación mediática implicó al comisario húngaro, Olivér Várhelyi, en una trama de espionaje del Gobierno de Orbán a las instituciones europeas, con el objetivo de saber al detalle el estado y desarrollo de los expedientes sobre Hungría.