“Biológicamente éramos un varón y una mujer”

“Biológicamente éramos un varón y una mujer”


El casamiento de una pareja trans en la iglesia Nuestra Señora de Pompeya, en Corrientes, generó un fuerte cruce entre el sacerdote que realizó la ceremonia y el Arzobispado, que inició un proceso para evaluar posibles sanciones canónicas. La controversia se da en una provincia conservadora y marcada por una profunda devoción religiosa.

El enlace matrimonial se realizó el 28 de enero pasado y estuvo a cargo del fray Fernando Luis Gómez y tuvo como protagonistas a Solange Agustina Ayala (33), una activista LGBT y referente trans de Corrientes; e Isaías Díaz Núñez (26). Los dos hicieron el trámite de cambio de nombre y género en sus respectivos documentos apelando a la Ley de Identidad de Género. Ellos están en pareja hace cinco años.

Apenas trascendieron las primeras imágenes de la boda religiosa, el sacerdote emitió un escueto comunicado en el que dejó en claro que en todo momento siguió la “orientación pastoral y norma eclesial del ordinario”.

Gómez sostuvo que “el matrimonio cristiano, en cuanto sacramento, requiere condiciones canónicas esenciales de validez y licitud”. En ese sentido, indicó que “no se trata sólo de una ceremonia o de documentación: se exige que los contrayentes sean hábiles para contraer, que no exista impedimento canónico y; de modo decisivo, que presten un consentimiento verdadero, esto es, que quieran contraer matrimonio tal como la Iglesia lo entiende, con rectitud y buena fe”.

Si bien el religioso mencionó su compromiso “con una acogida pastoral auténtica, siempre unida a la verdad del sacramento”, aclaró que “se reforzarán los procedimientos de entrevista, preparación y verificación para resguardar la santidad de los sacramentos y evitar confusión en la comunidad”.

Desde el Arzobispado también apelaron a un escueto comunicado para sentar su posición frente a la ceremonia que sacudió a un sector de la feligresía.

El arzobispo José Alfredo Larregain -asumió en febrero del año pasado- recordó que el matrimonio cristiano “requiere el cumplimiento de determinadas condiciones esenciales para su validez y licitud, tal como lo establece el Derecho Canónico y la tradición viva de la lglesia”. Y que “la omisión de estas condiciones no solo desvirtúa el significado profundo del sacramento, sino que también puede generar confusión en la comunidad de los fieles”.

Y que ante el casamiento de Solange e Isaias “procede conforme a lo dispuesto por el Derecho Canónico actuando de oficio, con las advertencias convenientes y medidas canónicas y disciplinarias formales que pudieran corresponder, dado que en esta sede arzobispal en ningún momento se recibió la documentación eclesiástica correspondiente a las formalidades requeridas para el tratamiento de estos casos”, dando a entender que esa unión no tendrá validez para la Iglesia.

El fray Fernando Luis Gómez casó a Solange Agustina Ayala e Isaías Díaz Núñez.

En el tramo final del comunicado, el Arzobispado indicó que existe el compromiso de “una lglesia que acoge, acompaña y camina junto a las personas, siempre en fidelidad al Evangelio, a la doctrina de la lglesia y al orden jurídico que asegura la correcta y fructuosa celebración de los sacramentos”.

Larregaín dijo a la agencia católica Crux que en tales circunstancias un matrimonio se considera nulo ipso facto –nulo por el propio hecho– porque no cumple con los requisitos de “materia y forma” para un sacramento válido.

“Eso ocurre automáticamente, pero se emite un decreto formal”, añadió.

Isaías y Solange, después de casarse por civil.

En una entrevista con Radio Sudamericana de Corrientes, Solange Ayala buscó quitarle dramatismo a la celebración. Sostuvo que junto a Isaías “somos una pareja trans que pudo recibir la bendición de la Iglesia”.

Sostuvo que todo comenzó en diciembre del año pasado cuando Isaías “me propuso casarnos. No lo íbamos a hacer por iglesia porque era algo que veíamos como imposible, se habla tanto de que no aceptan a la comunidad LGBT y fuimos buscando opciones”, reveló.

Al referirse a la ceremonia religiosa, contó que “cuando llegué a la iglesia todo me parecía como irreal, porque no era algo que me lo esperaba, e incluso estaban mis compañeras trans dentro, y ellas mismas comentaban que era como cumplir un sueño que por ahí todas tenemos, porque quién no soñó casarse por iglesia alguna vez, más allá de que nos vamos reconstruyendo”, reflexionó.

Solange siempre soñó con casarse de blanco.

La joven dejó en claro que la elección de la iglesia no fue casual. “Nos dijeron que esa iglesia era bastante abierta a la hora de recibir a la comunidad” y fue por eso que decidieron iniciar los trámites allí. “Lo hicimos como cualquier otra pareja: iniciamos un expediente matrimonial, nos acercamos a hablar con el fray y él nos recibió muy bien”, contó.

Señaló que el religioso les explicó los pasos a seguir “y él mismo fue a hablar con el Arzobispo y nos dijo que no había nada que pueda objetar en contra de poder contraer el matrimonio, porque si hablábamos así, transparentes, biológicamente éramos un varón y una mujer, entonces podíamos ser bendecidos bajo el sacramento del matrimonio”, explicó.

“Lo supieron manejar porque más allá que nuestras partidas de bautismo tienen nuestros nombres anteriores, tanto el mío como el de Isaías, a la hora de darnos la nueva libreta de matrimonio, firmar el acta y demás, estaban con nuestros nombres que tenemos hoy por hoy en el documento”, agregó la flamante contrayente.

Por el casamiento de Isaías y Solange podrían sancionar al cura.

Alejados de la polémica que generó la celebración religiosa, Solange e Isaías señalaron que “celebramos nuestro matrimonio con respeto y compromiso, y esperamos que se reconozca nuestro derecho a vivirlo plenamente”.