Bajo un clima de fuerte mística militante y tensión política, Axel Kicillof llegó este lunes a pie a la Legislatura bonaerense para dar inicio al 154° periodo de sesiones ordinarias. El gobernador caminó las últimas cuadras junto a su esposa, entre abrazos y fotos con los simpatizantes que se acercaron a las inmediaciones del recinto, antes de ser recibido formalmente por la vicegobernadora Verónica Magario. El inicio de su discurso, pautado para pasadas las 18, se dio en un contexto de altísima sensibilidad pública, no solo por la respuesta que se esperó tras las palabras de Javier Milei en el Congreso nacional, sino también por la necesidad de Kicillof de consolidar su liderazgo ante las crecientes fricciones internas dentro del peronismo.
En la apertura de su mensaje, el gobernador vinculó el presente político con la memoria del golpe de Estado de 1976, al que definió no solo como una tragedia represiva sino como un proyecto económico para desarmar la capacidad industrial. Sostuvo que el ejercicio de recordar no busca quedarse en el pasado, sino evitar que se naturalice la violencia contra la Constitución y la dignidad del pueblo. Kicillof afirmó que, aunque hoy no se vive en dictadura, el país es testigo del ascenso de extremas derechas que atacaron la convivencia democrática y la idea misma de comunidad en diversos puntos del mundo.
Al analizar la gestión actual, el mandatario fue categórico: “Todos le están señalando al presidente lo evidente: la Argentina no va bien”. Mencionó que incluso figuras admiradas por la derecha ven un escenario de estanflación y denunció que desde que asumió Milei cierran 30 empresas por día. “La macro está mal. Y la micro está horrible. Los datos no dejan lugar a dudas: el rumbo económico del Gobierno nacional es un fracaso”, disparó el gobernador ante el aplauso de los presentes.
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Kicillof también cuestionó la teoría del libre mercado y afirmó que “la mano invisible del mercado no existe, es un verso”. Sostuvo que ese concepto no defenderá la producción nacional ni construirá los kilómetros de autopistas que el país requiere para desarrollarse. A su vez, contrastó la postura local con la de potencias internacionales que protegen su cadena de valor y remarcó que “soberanía no es levantar un símbolo para TikTok”, sino “defender la industria nacional y no arrodillarse frente a intereses extranjeros”.
Por otra parte, el mandatario defendió la salud pública como un derecho y no como una “mercancía”, al tiempo que denunció que actualmente en la Argentina se aplica un “modelo económico que enferma”. El gobernador recordó que recibió un sistema “devastado” en 2019, pero que su gestión logró revertirlo con la construcción de 202 centros de salud y la digitalización de las historias clínicas en toda la provincia. Sin embargo, advirtió que la “ideología libertaria” del Gobierno nacional provocó un aumento en la mortalidad infantil y el resurgimiento de enfermedades como el sarampión debido al ajuste y la suba indiscriminada de los remedios. Ante este escenario, anunció el envío de un proyecto de ley para la Producción Pública de Medicamentos y sentenció: “La salud no puede depender exclusivamente del mercado; depende de la decisión política de cuidar de nuestro pueblo”.
Finalmente, el mandatario definió a la provincia de Buenos Aires como un “escudo y red” ante el abandono del Estado nacional y denunció una asfixia financiera sin precedentes. Precisó que la Nación le sacó a los bonaerenses un tercio de su presupuesto anual a través del recorte de fondos para seguridad, educación y obras públicas. Pese a este escenario, reivindicó la gestión provincial y exigió a la Legislatura acompañar el reclamo por los recursos que le corresponden a la provincia, asegurando que la administración responsable permitió sostener hospitales y escuelas en cada rincón del territorio.
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