Para algunos era una especie de Robin Hood con sombrero charro que estaba batallando contra los dueños multimillonarios del pueblo para que cumplieran con la ley. Para otros, poco más que un matón cualquiera, un delincuente que utilizaba su cargo como alcalde de Tequila para extorsionar a los empresarios tequileros y pisotear a todo el que se interpusiera en su camino. El mayor problema de Diego Rivera es que entre los de la segunda opinión se encuentra la Fiscalía General de la República, que este jueves lo detuvo acusándolo de liderar una red de extorsión orquestada desde el palacio municipal del simbólico y turístico pueblo de Jalisco.
El casi año y medio que el morenista Rivera llevaba como alcalde ha estado plagado de polémicas, denuncias y hasta dos carpetas de investigación abiertas por la fiscalía estatal. Hasta ahora, su entorno en el partido oficialista achacaba todo el ruido a poco más que una campaña del gobernador de Movimiento Ciudadano, Pablo Lemus. Le definían como un outsider peleonero en una tierra dominada por la oposición. “Hemos pisado muchos callos”, se defendía el propio alcalde en varios videos en sus redes donde negaba las acusaciones. Pero su caída ha sido estruendosa.
Morena se ha desmarcado del alcalde de sus filas y en un comunicado ha recalcado que el combate a la corrupción no debe entender ni de “privilegios” ni de “colores”. En el operativo, encuadrado en la estrategia federal contra la extorsión, participaron marinos, militares y hasta policías del centro de Inteligencia. Lo acusan incluso de tener vínculos con el Cartel Jalisco Nueva Generación, la mafia más poderosa del país. Además del alcalde, las autoridades se llevaron también detenidos a otros tres altos funcionarios del ayuntamiento.
Hijo de un productor musical de la zona, los que le conocen dicen que viene de una familia acomodada del mundo charro, dueños de ranchos y haciendas. De 45 años, comenzó su carrera en el PRI y su primera polémica se remonta a 2013. Siendo tesorero de Juanacatlán, otro pueblo al sur de la capital, Guadalajara, la policía de tránsito lo detuvo por manejar borracho en Playa del Carmen, una de las zonas más turísticas de Jalisco. Su respuesta fue alardear de su cargo para que lo soltaran. Su salida de aquel pueblo también estuvo acompañada de denuncias de corrupción y desvío de dinero público por parte de la oposición.
El pueblo de Tequila, fundado por un fraile franciscano en un valle a los pies de un volcán, vivió en los años noventa del siglo pasado el boom de la bebida más popular de México. Desde entonces, tanto políticos como empresarios tequileros han buscado revitalizar esta zona tradicionalmente humilde de productores de agave en un imán para el turismo. Un territorio dominado políticamente por el PRI, primero, y después por el PAN y MC. “Diego, que primero fue regidor, consiguió ganar la alcaldía de Tequila a un grupo empresarial muy fuerte, que estuvo sosteniendo las presidencias del PRI y el PAN”, cuenta un cuadro de Morena.
La versión del partido es que al tomar el mando se dan cuenta que las empresas tequileras, que son la principal fuente de trabajo e ingresos en un pueblo de apenas 30.000 habitantes, llevaban años sin pagar impuestos municipales. A partir de ahí comienza una batalla contra la industria que tiene como cara más visible a la marca líder del mercado, la empresa José Cuervo. Su dueño, Juan Francisco Beckmann, es uno de los hombres más ricos de México. Las cuentas del alcalde eran que solo esa empresa debía 60 millones de pesos y así comenzaron unas ásperas negociaciones, que para la empresa fueron más bien extorsiones y que denunciaron a las autoridades. Un político opositor del Estado afirma que durante el año largo de mandato de Rivera, eran constantes las llamadas de empresarios en busca de ayuda: “Nos decían que ya no aguantaban más, que la extorsión era prácticamente todos los días, tuvieras los papeles en regla o no”.
El caso de José Cuervo saltó hasta las mañaneras de la presidenta Claudia Sheinbaum a finales del año pasado. La policía de municipal de Tequila se presentó una mañana dispuesta a clausurar una de las mayores fábricas de la marca bajo el argumento de que la compañía no quería pagar los impuestos que se debían. Los propietarios pidieron unos días, sobre todo porque había riesgo de accidente por el calor de las calderas industriales que cuecen el agave para después destilarlo.
El gobernador Lemus dijo entonces que quería que “las inversiones sigan llegando al municipio de Tequila, que más fábricas puedan ampliar sus operaciones. Pero con políticas públicas de clausura de empresas como la que se intentó hacer con José Cuervo, nadie se anima a llegar por eso”. Tras el incidente, se organiza una mesa de negociación con la secretaria de Gobernación presente y, según fuentes de Morena, la deuda queda saldada con el pago de 17 millones de pesos. Aun así, la denuncia de José Cuervo por extorsión no fue retirada y finalmente ha desembocado en el operativo federal de este jueves.
A Riviera se le fueron acumulando las denuncias, incluidas investigaciones por acoso y violencia política de género. La primera, nada más llegar al cargo en octubre de 2024, fue relacionada con el Museo del Tequila. El alcalde cerró la sede, un inmueble histórico del siglo XIX, y comenzó unas polémicas obras. La oposición denunció que el alcalde estaba montando una segunda residencia personal dentro del museo. Rivera lo negó y defendió que eran obras de remodelación aprobadas por el cabildo para habilitar áreas administrativas. Tanto la Fiscalía federal como el Instituto de Antropología (INAH) abrieron una investigación para corroborar que no hubiera daños al edificio histórico. Otra controversia más tiene que ver con la apología del narco. El presidente municipal ya había sido citado el pasado mayo ante la Fiscalía estatal por la acusación de apología al delito después de presentar al grupo musical Los Alegres del Barranco, en un concierto en el que se proyectaron imágenes de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el fundador y líder del CJNG.








